Formando una familia [cap8]


Título: Formando una familia
Fandom: Mentes Criminales         Pareja: Aaron Hotchner x Spencer Reid
Autor: KiraH69 
Género: Yaoi, Slash, Omevagerso
Clasificación: +18          Advertencias: Lemon, Mpreg
Capítulos: 10 (8 de 10)
Resumen: Hotch va a divorciarse y ha decidido que Reid será su omega, aunque ni siquiera se lo ha comentado.

Capítulo 8


Spencer preparó una cena para el sábado, pero la Unidad recibió un caso urgente por la mañana ese mismo día y no regresaron hasta el lunes por la tarde.

—Lo siento mucho, sé que lo tenías todo preparado—le dijo Aaron nada más entrar en casa.

—No te preocupes, un caso es más importante—le dio un beso y le ayudó con la bolsa de viaje.

Aaron sonrió, su exmujer no habría dicho lo mismo.

—¿Cómo fue la visita con Haley?

Jack tenía dos visitas al mes con su madre, siempre supervisadas. Normalmente Aaron lo llevaba a un centro de Servicios Sociales, se quedaba en una sala de espera o daba una vuelta y un empleado vigilaba mientras la mujer pasaba un par de horas con su hijo, pero esta vez le tocó a Spencer llevarlo y estaba preocupado.

—Mm... Respecto a eso...

—¿Qué ha pasado?—preguntó poniéndose alerta.

—Tuvieron que sujetar a Haley cuando salió. Comenzó a insultarme por el embarazo, Jack se lo había contado entusiasmado, pero cuando Jack me llamó mamá se puso aún más furiosa e intentó atacarme.

—¿Estás bien? ¿Te hizo algo?—le sujetó por un brazo mientras palpaba su vientre con la otra mano.

—No, no, estoy bien, tranquilo, no llegó a tocarme.

—Voy a hablar con-

—No hace falta. Los de Servicios Sociales van a encargarse, harán un informe sobre el incidente y nos comunicarán su decisión, pero me han dicho que es probable que cancelen las visitas por un tiempo.

—De acuerdo, ¿cómo se encuentra Jack?

—Está algo conmocionado y enfadado con su madre. Ve a verle, está leyendo en el salón.

Aaron supo que su hijo no estaba bien cuando entró en el salón y no se levantó corriendo a abrazarle. Se sentó a su lado en el sofá y le acarició la cabeza.

—Spencer me ha contado lo que pasó ayer. ¿Cómo estás?

—Bien—respondió con un mohín.

—Vamos, dime un poco más—le rodeó con un brazo y lo atrajo hacia sí, intentando que se sintiera seguro—. Sé que fue difícil para ti, ¿lo pasaste mal?

El pequeño asintió con la cabeza y dejó el libro sobre sus piernas.

—Haley intentó pegar a mamá y le dijo cosas feas. No parecía ella, no me gustó.

Cuando vio que la llamaba por su nombre, supo que las cosas habían cambiado y estaba seguro de que el comportamiento de Haley lo había acelerado. Por un lado se sentía mal porque su hijo no se merecía pasar por eso, pero por otro se alegraba de que ahora considerara a Spencer su madre, así es como debía ser.

—Los adultos a veces hacemos cosas que no debemos cuando nos enfadamos—no sabía muy bien qué decirle porque el comportamiento de Haley no tenía excusa.

—¿Por qué estaba enfadada?

—No lo sé, cariño.

—¿Estaba enfadada conmigo?—se esforzaba por contener las lágrimas.

—No, claro que no, no hay ninguna razón para que se enfade contigo. Solo ella sabe por qué hizo eso.

—¡Mamá!—llamó a Spencer y el omega se acercó enseguida—. Siéntate conmigo.

Spencer intercambió una mirada con el alfa, que le sonrió. Se sentó junto a ellos y el pequeño se acurrucó de inmediato en su regazo, con la cabeza apoyada en su pecho. Jack se tranquilizó tan pronto como Spencer le abrazó.

* * * * *

—Dios mío, Spencer, ¿de verdad?—ese fue el saludo de Morgan en cuanto entró en la casa al percibir el olor a pesar de que el omega estaba en la cocina—. Sí que os habéis dado prisa.

—Lo apropiado es dar la enhorabuena—le dijo Rossi, que ya tenía una copa de vino en la mano y charlaba con Will.

—Cierto, cierto. Enhorabuena, Aaron. ¿Puedo ir a felicitar a Spencer?

—Claro, pasa.

En la cocina Spencer estaba charlando con Jennifer y García mientras terminaba la cena.

—¿Cómo lo estás llevando?—le preguntó García.

—Bueno, estoy cansado todo el día y duermo algo más de lo habitual, pero por lo menos las náuseas ya se han pasado.

—Oh, sí, son lo peor—J. J. sabía de lo que hablaba—. Voy a dejarte unas infusiones que vienen muy bien para descansar.

Siguieron charlando mientras Jack y Henry jugaban por toda la casa y en cuando llegó Prentiss comenzaron a cenar.

—Vaya, Spencer, esto se te da muy bien—comentó Rossi probando la comida.

—Gracias. No es difícil siguiendo las instrucciones de las recetas.

—Aun así se necesita mucho amor para que una receta sepa tan bien.

—Am... No creo que el amor tenga nada que ver con cocinar, se parece más bien a la química—replicó confuso.

Sus amigos se rieron, era el mismo de siempre a pesar de todo.

—¿Sabes que esta semana ya podrías conocer el sexo del bebé?—preguntó J. J.

—Lo sé, pero creo que prefiero que sea una sorpresa.

—¿En serio? No me esperaba eso de ti—comentó Prentiss—. He visto todos los libros que tienes, imaginé que querrías tenerlo todo controlado.

—Todo lo esencial sí, pero que sea un niño o una niña no cambiará nada, no creo que sea necesario saberlo.

—Mamá, yo quiero saberlo—le dijo Jack desde una mesa más pequeña apartada en la que cenaba con Henry.

—No pongas la oreja a lo que hablamos—replicó el omega.

—Yo también quiero saberlo—añadió Hotch.

—Es práctico a la hora de pensar el nombre o comprarle la ropa y todo eso—sugirió Will.

—Podemos pensar en nombres para ambos casos y no voy a llenarle de ropa azul si es niño o rosa si es niña, tendrá de todos los colores así que eso no es un problema.

—¿El hecho de que yo quiera saberlo no cuenta?—preguntó Aaron.

—¿Lo querrías más o menos si fuera niño o niña?

—¡Claro que no!—respondió casi ofendido.

—Entonces no, no cuenta. Quiero que sea una sorpresa. Para una cosa que no necesito tener controlada, no quiero controlarla.

Aquello zanjó la discusión y Aaron no tuvo más remedio que aceptarlo.

La cena se alargó y se alargó porque todos estaban a gusto y no sentían ninguna necesidad de marcharse. Mientras los niños ya volvían a jugar por la casa y los adultos ya habían terminado el postre, Hotch se levantó con una copa en la mano.

—Quiero daros a todos las gracias por venir y, sobre todo, por formar parte de nuestra familia. En esta casa somos solo tres personas, pero este pequeño que viene tendrá una familia enorme, al igual que Jack. Sabéis que pase lo que pase, trabajemos o no juntos, siempre seremos una familia, no solo un equipo.

—Oh, vamos, que nos vas a hacer llorar—bromeó Morgan, aunque García y Spencer ya tenían lágrimas en los ojos.

—Estoy de acuerdo con Aaron, siempre seréis mi familia y os quiero como a tal—Rossi alzó también su copa.

—Pues claro, ¿es que alguno lo dudaba todavía? Después de todo lo que hemos pasado juntos—Prentiss se unió al brindis.

Sin duda, no eran solo compañeros de trabajo, los sentimientos que había entre ellos eran los de una familia, los de una manada en la que Hotch era el líder. Spencer, a pesar de no trabajar ya con ellos, seguía siendo la pareja de Hotch, parte de la manada como Haley nunca lo había sido.

* * * * *

—Hotch, tenemos un caso—le informó J. J. asomándose a su despacho.

—Enseguida voy.

—Pero... Hotch...

—¿Qué pasa?—preguntó, levantando la vista del informe.

—¿Mañana no es la primera ecografía de Spencer? Deberías estar con él.

Aaron se quedó pensativo por un momento y se levantó de la silla.

—Entonces hagamos todo lo posible para cerrar el caso hoy mismo.

—¿Y si no lo conseguimos?

—Spencer no me permitiría abandonar un caso para ir a la ecografía.

Un sudes estaba secuestrando adolescentes borrachas cuando salían de fiestas o discotecas en California. No consiguieron atraparlo ese mismo día, ni tenían esperanzas de conseguirlo el siguiente.

—Lo siento, sé que debería estar ahí contigo, pero-

«No, por favor, no te disculpes. Estaré bien, te llamaré cuando termine, tú solo céntrate en capturarlo, es lo más importante».

—Está bien, te quiero.

«Yo también te quiero».

Sabía que Spencer nunca le pediría que regresara ni le recriminaría después el no haber estado con él, pero podía notar por su tono de voz que estaba decepcionado y eso le dolía. Aquello se transformó en mal humor y no pudo evitar pagarlo con otros. Su equipo lo comprendía, era un día importante y no podía estar con su omega, así que no se lo tuvieron en cuenta.

Hacia la hora de la cita con la doctora, no podía dejar de mirar el móvil, esperando la llamada para saber cómo había ido.

—Hotchner—respondió al teléfono con un tono agresivo.

«Am... ¿Señor?», García contestó algo asustada. «¿Tiene la tableta cerca?».

—¿Qué pasa? Estoy ocupado, García.

«Lo sé, señor, pero si tiene un minuto... confíe en mí, por favor».

Aaron suspiró y encendió la tableta. Al momento apareció la imagen de Reid.

—¿Spencer?

«¡Hola! ¿Tienes cinco minutos? No quiero molestarte».

—¿Está todo bien?—preguntó preocupado.

«Sí, sí. Voy a empezar la ecografía. Si tienes tiempo, García lo ha montado para que puedas verla desde ahí, pero si estás ocupado podemos grabarla...».

—No, tengo unos minutos—cerró la puerta de la sala donde habían montado su centro de mando y se sentó en la mesa. Más tarde tendría que disculparse con García.

«Cuando empecemos podrás ver el monitor en tu pantalla».

Spencer dejó su teléfono sobre un soporte en una mesa y se tumbó en la camilla.

—Vamos a empezar, Spencer—le dijo la doctora.

Extendió el frío líquido sobre su vientre ligeramente redondeado y presionó el transductor sobre él. Spencer estaba nervioso, realmente quería tener a su alfa junto a él, verle en la pantalla de su móvil no era suficiente. Como todas las madres, estaba preocupado de que algo fuera mal, de que le sucediera algo al feto o que hubiera problemas con el embarazo.

—Veamos... Hm...—murmuró la doctora para sí misma.

—¿Está todo bien?—preguntó Spencer impaciente.

—Tranquilo, déjame ver—le dijo sonriente sin quitar los ojos de la pantalla.

Aaron podía ver el monitor desde su tableta. Podía ver la imagen en blanco y negro del bebé. Era muy básica, pero se distinguía perfectamente la silueta del bebé, su cabeza con el contorno del rostro, el torso y las extremidades. El alfa se cubrió la boca con la mano, su corazón latía con fuerza, estaba emocionado.

—Bueno, Spencer, tengo buenas noticias. No veo ningún problema con el feto, parece que se está desarrollando con total normalidad, tampoco parece haber signos de preeclampsia y tu aparato reproductor no muestra ninguna anomalía.

«Cuánto me alegro», suspiró Aaron aliviado. Incluso en su voz podía notarse que estaba sonriendo.

—Aún hay cosas que no se pueden ver en una ecografía—dijo Spencer en un murmullo, no lo bastante fuerte para que Aaron pudiera oírlo, pero la doctora le miró preocupada, esa no era la reacción que solían tener las madres en ese momento.

—Ahora vamos a escuchar los latidos del bebé.

La doctora giró el monitor para que Spencer pudiera verlo y encendió el sonido. Cuando comenzaron a escucharse los rápidos latidos del feto, el omega ya no pudo contenerse y unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas.

—Que no te asuste que sean tan rápidos, son perfectamente normales. ¿Queréis que intentemos averiguar si es niño o niña?

—No, prefiero que sea una sorpresa.

«Yo sí quiero saberlo».

—Si yo no lo sé, tú tampoco vas a saberlo y si insistes colgaré—le advirtió.

Se escuchó un suspiro resignado por el teléfono y Spencer sonrió, aún con expresión preocupada.

* * * * *

Spencer estaba tumbado en el suelo del salón con una almohada bajo la espalda y otra en la cabeza. Llevaba una camiseta fina de algodón y unos pantalones cortos, ambos de Aaron. La camiseta le quedaba muy holgada en la zona de los hombros, pero se estiraba en su abultada barriga de cinco meses. Sentía tanto calor que le costaba mucho soportar sus camisas y sus pantalones largos, además de que resultaban muy incómodos con su nueva figura de embarazado a pesar de haber comprado ropa varias tallas más grandes que la suya. Sudaba tanto que no tenía ganas ni de leer. Quería encender el aire acondicionado, pero no le sentaba bien así que tenía que conformarse con abanicarse. Definitivamente el verano era la peor época para estar embarazado.

—Ya estoy aquí—avisó Aaron entrando en casa, cargado con una gran caja y un par de bolsas.

—Bienvenido...—respondió Spencer sin energía.

—¿Estás bien?—no se asustó con la escena, era lo habitual esos días.

—Sí... ¿Puedes traerme algo frío de beber? Lo que sea.

—Ahora voy, pero primero tengo una sorpresa para ti. Bueno, dos en realidad.

Dejó a su lado la caja con el dibujo de un ventilador en el frontal.

—Oh, dios, gracias—Spencer se incorporó y se puso a abrir la caja desesperado. Había comentado el día anterior que un ventilador no le sentaría tan mal como el aire acondicionado.

—Tranquilo, ahora lo monto, mira esto primero.

Le entregó una bolsa con el logo «BeMom» dibujado en rosa. Por un segundo Spencer pensó que serían cosas para el bebé, Aaron ya había comenzado a comprarle algunos juguetes aunque las probabilidades de llegar a término no superaban el 75 % como había pedido Spencer, pero ya hacía tiempo que se había olvidado de eso. Sin embargo, se quedó sin habla cuando vio el vestido de tirantes azul marino de premamá.

—¿Es una broma?

—Claro que no. Me han dicho que con eso estarás mucho más cómodo, tanto por el calor como por la barriga.

—¡No voy a ponerme un vestido!—replicó, levantándose con la ayuda de Aaron.

—¿Por qué no? ¿Cuál es el problema?

—¿Cuál es...? S-soy un hombre y... y siempre he llevado trajes con camisa, corbata... No puedo ponerme un vestido.

—Eres un omega, nadie te mirará raro si te ve con un vestido, de hecho es más raro que siempre vayas con traje—Aaron se lo estaba tomando con calma, sabía que no iba a ser fácil, pero en esto no iba a echarse para atrás. Rodeó su cintura con un brazo y colocó la otra mano sobre su vientre—. Además, no puedes seguir llevando traje con esta barriga. Es muy incómodo, ¿verdad? Por muy grandes que te compres las camisas, tienen un límite. Lo normal es que uses ropa de premamá. He escogido uno muy discreto y sencillo, te gustará cuando te lo pongas.

—Pero yo...

—Spencer, quiero verte con él puesto, dame ese capricho—besó su frente y su mejilla y mordió con suavidad la marca en su cuello. En ese momento, Spencer ya no pudo negarse más.

—¡Papá, has tardado!—Jack bajó de prisa las escaleras

—Lo siento, cariño, estaba comprando unas cosas. ¿Me ayudas a montar este ventilador para mamá?

—¡Sí!

—Bien. Spencer, ¿por qué no vas a cambiarte mientras lo montamos?

El omega le miró algo reticente, frunciendo el ceño y apretando los labios en una mueca de desagrado, pero finalmente cogió el vestido y subió a la habitación. Se quitó la ropa y se quedó en bragas. Eran especiales para hombres omegas y ya hacía tiempo que las llevaba porque ningún tipo de calzoncillo masculino era cómodo o práctico para el embarazo. Pero una cosa eran unas bragas que solo vería su alfa y otra muy distinta un vestido. Se lo pondría para que lo viera, pero ni loco saldría a la calle con él. Era normal que los hombres omegas vistieran ropa femenina si a sus alfas les gustaba, pero él se sentía incómodo incluso en camiseta.

Levantó el vestido por los tirantes y lo observó por un momento con mala cara. Al menos Aaron tenía buen gusto. Se resignó y se lo puso. Se notaba que era para hombre porque quedaba ajustado en la zona del pecho, lo cual estaba bien ya que aún no se le había hinchado. Tenía un suave frunce por debajo del pecho, se adaptaba a su barriga sin apretarle y caía suelto por debajo, llegando hasta las rodillas sin cubrirlas. Se miró en el espejo y vio cómo su rostro se ponía cada vez más rojo, extendiéndose también por el cuello y el escote del vestido.

Se sobresaltó cuando llamaron a la puerta. Aaron entró y su rostro se iluminó en cuanto le vio. Se acercó a él y le abrazó por la espalda, mirándole en el espejo.

—Estás precioso, realmente hermoso.

Recogió un lado de sus cabellos detrás de la oreja y acarició su rostro. Su corta melena castaña le quedaba perfecta con ese vestido. Besó su cuello y sus hombros al aire, eso era probablemente lo que más le gustaba, le encantaba esa parte del omega, aunque un vestido tenía más ventajas. Acarició su barriga con una mano mientras la otra bajaba hacia su muslo y levantaba poco a poco el vestido.

—A-Aaron...—podía sentir la erección creciendo contra su trasero y olía la excitación del alfa—. Jack está abajo.

—Ngh... Esta noche entonces.

Eso significaba que no podría quitarse el vestido, aunque ahora que había visto la reacción de su alfa ya no le parecía tan malo. Bajaron al salón, donde el ventilador ya estaba montado, y Jack le miró sorprendido. Spencer apartó la mirada, no estaba seguro de querer oír la opinión sincera de un niño.

—¿Qué te parece, Jack?—le preguntó Aaron.

—Mamá, te queda muy bien—le dijo sonriendo.

—A-ah... gracias.

—¿Podemos jugar al ajedrez?—preguntó, sacando ya el tablero sin prestarle más atención al vestido.

—Claro, jugad, yo haré la cena—dio un beso al omega y se fue a la cocina.

Spencer tenía que admitir que el vestido era mucho más cómodo que unos pantalones y una camiseta. Su fina tela no le daba tanto calor, con las piernas al aire se sentía más fresco y no le molestaba bajo la barriga ni en ninguna otra zona ahora que su cuerpo se había vuelto más sensible por todas partes.
Después de cenar y acostar a Jack, la pareja se sentó en el sofá, con el ventilador aún encendido a mínima potencia.

—¿Quieres que te dé un masaje en las piernas?—le preguntó el alfa, sabiendo que las tendría molestas de todo el día.

—Ya has trabajado mucho hoy.

—Tu cuerpo trabaja por dos.

Spencer cedió y se tumbó con las piernas sobre el regazo de Aaron. Su cuerpo se relajó mientras le masajeaba, sintiéndose adormilado. Las manos comenzaron a subir por sus muslos, tan paulatinamente que al principio no se percató. La temperatura de su cuerpo aumentaba, influido por la excitación que percibía de su alfa. Una mano se deslizó bajo el vestido y Spencer suspiró.

—Alfa...—sabía lo que pretendía hacer y no sentía ninguna gana de detenerle.

Sintió los dedos acariciando la cara interna de su muslo y subiendo hasta rozar el borde de sus bragas. Se estremeció cuando recorrió la marca de la goma.

—Sabía que sería práctico—sonrió Aaron.

—Nnh... Habitación.

Aaron se levantó y ayudó al omega a incorporarse. Le siguió escaleras arriba, disfrutando de las vistas, y cerró la puerta de la habitación tras de sí. Spencer se quedó de pie frente a él, colocándose nerviosamente el vestido. Estaba adorable. Su verga palpitó con solo observarle.

—Levántalo—le ordenó, manteniendo la distancia.

Spencer se mordió el labio inferior. No tenía sentido que estuviera tan nervioso, solo era Aaron, pero de algún modo llevar un vestido lo hacía diferente. Levantó la falda del vestido hasta mostrarle su pequeña erección que sobresalía de las bragas. Sentía el calor en su rostro y mantenía la mirada fija en el suelo, pero estaba deseando que su alfa le tocara. Aaron se acercó, devorándolo con la mirada como si fuera una presa, y deslizó una mano dentro de sus bragas, masajeando su miembro y sus bolas.

—No imaginas lo hermoso que estás—le susurró mientras le bajaba uno de los tirantes—. Es un goce simplemente verte caminar. Quiero que siempre lleves vestido, te compraré todos los que quieras.

El omega se estremeció. Ronroneaba de felicidad al sentirse tan deseado. Si un vestido conseguía aquella reacción en su alfa, lo llevaría cada día, pero...

—No puedo... llevarlo a la calle.

—Bueno—pellizcó uno de sus pezones y el omega gimió—, cuando te acostumbres a llevarlo en casa, hablaremos de eso.

—Nnh... alfa...—retorcía el bajo del vestido en sus manos, con sus temblorosas piernas apenas manteniéndolo en pie.

—¿Cómo prefieres hoy? ¿Boca arriba o a cuatro?

—A... a cuatro.

—Muéstrame ese precioso trasero entonces—le dijo soltándolo.

Spencer no esperó ni un segundo, se dio la vuelta y se arrodilló sobre la cama. Aaron sonrió al ver la seductora forma en que el vestido colgaba alrededor de sus muslos. Lo levantó lentamente hasta descubrir su trasero y bajó las bragas. La lubricación goteó de su agujero. Se arrodilló tras él y lamió el delicioso néctar.

—¡Mmh!—Spencer ahogó un gemido en la almohada.

—Tan dulce. Sabes mejor cada día—e introdujo la lengua en su entrada.

—Uhn... Alfa...—le llamó necesitado.

—Paciencia, mi precioso omega—no tenía ninguna prisa.

Lamió el hilo de lubricación que se deslizaba por su muslo y volvió a besar su entrada. Siguió lamiéndolo y penetrándolo, sintiendo cómo se contraía alrededor de su lengua. Las piernas de Spencer temblaban, podía sentirlo por todo su cuerpo, era incapaz de mantenerse quieto, teniendo que contener además los gemidos. Su cuerpo estaba tan sensible, tan excitado, que no pudo aguantar más y se vino salpicando el vestido con la lengua del alfa en su interior.

—Lo... uhn... lo siento...—fue lo primero que dijo cuando recuperó el aliento.

—Shh. No pasa nada, es justo lo que quería—le ayudó a tumbarse boca arriba y acarició su cabeza, apartando el pelo de su rostro—. Ahora podré seguir sin apresurarme.

—Nn... Sí, alfa...—él mismo separó las piernas, ofreciéndose a pesar de acabar de correrse.

Aaron sonrió. Se quitó la ropa y se arrodilló entre sus piernas. Lo penetró suavemente y comenzó un lento balanceo mientras Spencer se recuperaba. Podía correrse ya mismo, pero el omega se veía demasiado hermoso aún con el vestido, ahora con una mancha blanca, como para terminar tan rápido.

—Muéstrame tu pecho—le ordenó.

Spencer le miró algo avergonzado. Siempre jugaba con su pecho y ya no tenía ninguna vergüenza de estar desnudo frente a él, pero por algún motivo llevar un vestido lo hacía parecer aún más sucio. Pero no podía desobedecer a su alfa, sobre todo durante el sexo. Se bajó los tirantes hasta descubrir su pecho.

—¡Nnh!—se sobresalto al sentir crecer el miembro en su interior—. ¿Estás más...?

—¿Grande? Sí, te ves increíblemente sexy.

El omega intentó cubrirse el rostro, pero Aaron le sujetó los brazos. Era demasiado lindo para ocultarlo. Sujetándole por las muñecas, se inclinó y chupó sus pezones erectos. Spencer gimió y su interior se contrajo, sus pechos estaban más sensibles que nunca y sentía que podría volver a correrse solo con eso.

—Al... fa...—jadeó, contoneando las caderas.

—¡Ngh!—Aaron no pudo contenerse ante las provocaciones del omega y embistió con fuerza.

Sin poder cubrirse la boca, Spencer tuvo que morderse el labio para contener un grito de placer. Aaron ya no se detuvo, sin dejar de sujetar sus muñecas le embistió profundamente una y otra vez. El calor de la pasión los envolvía, más sofocante que el calor del verano. Spencer quería quitarse el vestido, que ahora resultaba agobiante, pero sus manos estaban firmemente sujetas contra el colchón y de algún modo eso le excitaba.

Comenzó a sentir el nudo crecer y Aaron le colocó de lado antes de que aumentara demasiado. Le abrazó por la espalda, acariciando sus pechos, y siguió embistiendo hasta que ya no pudo moverse más.

—Ahora tienes que correrte para mí, Spencer—le susurró, mordisqueando con suavidad su cuello.

—Uhn... No puedo... ¡Nnh!—en cuanto pellizcó sus pezones, el «no puedo» careció de sentido.

—Claro que puedes, una y otra y otra vez.


Masajeó sus pechos como si fueran los de una mujer a pesar de que apenas estaban hinchados y jugó con sus pezones. Spencer se contoneaba, gimiendo dulcemente hasta que ya no pudo más y se vino, manchando de nuevo el vestido. Su interior abrazó el nudo y se contrajo sobre la dura verga, exprimiendo la simiente del alfa. El omega se estremecía al escuchar al oído sus gruñidos de placer. Eso duraría por largos minutos y probablemente se quedaría dormido con el miembro en su interior.

Continuará...

1 comentario:

  1. Ahhhh No lo puedo creer. Tonta Haley. Bueno esperare por el siguiente capitulo.
    Lindo Jack, llamar a Spence mama, que adorable.
    Bye~~~

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