Artista de palacio c6 (Fin)


Título: Artista de palacio
Categoría: Original
Género: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 años
Advertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 6 de 6 Finalizado: Sí
Resumen: Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

Por la mañana me acompañó hasta la puerta del servicio de palacio, donde me esperaba un carruaje. Lloré más que nunca y me costó muchísimo separarme de mi príncipe. Le supliqué una y cien veces que me permitiera quedarme pero no cambió de idea y me separé de él, tras un intenso beso. Mientras me alejaba del palacio en el carruaje recordé cada noche que había pasado junto al príncipe y que no volvería a pasar con él nunca más. Y el llanto no cesaba, todo era demasiado doloroso. No dejé de pensar en el príncipe hasta que llegué a mi aldea y aun allí seguía comiéndome por dentro aquel sufrimiento indefinible. No sabía como se tomaría mi familia mi regreso. Seguramente ellos creerían que estaba muerta pero enseguida comprobé que no era así. Al parecer el príncipe había enviado un mensajero al día siguiente de mi llegada a palacio. Les había comunicado que me encontraba al servicio del príncipe y que no volvería hasta que él lo viese oportuno. Cuando bajé del carruaje mi familia me recibió con los brazos abiertos entre lágrimas de felicidad y cientos de preguntas a las que no di respuesta, puesto que aun sufría demasiado por mi marcha de palacio y lo menos que me apetecía era estar con otra gente a la que llevaba sin ver años. Me pasé días sin salir de mi habitación. No quise ver ni hablar con nadie en varias semanas. No había un solo día en que no llorase por estar lejos de mi príncipe. Mis padres estaban muy preocupados ya que no sabían qué me ocurría. Yo no les había contado a que me dedicaba en el palacio ni porqué me habían echado y eso les preocupaba aun más. Un día no soporté seguir más allí, me cansé de las constantes preguntas de mi familia y de los cotilleos que corrían por toda la aldea. Me fui de mi casa sin que nadie se enterase. Me interné en el oscuro bosque como había hecho años atrás. Esta vez me abrigué mejor aunque sirvió de poco porque el frío penetró en el interior de mis huesos y a las cinco noches en el bosque perdí la conciencia. Había entrado en una pequeña cueva porque comenzaba a nevar pero mi cuerpo se congeló igualmente.
Cuando desperté creí que estaba en un sueño. Antes de abrir los ojos sentí un cuerpo caliente, desnudo junto al mío; unos músculos fuertes rodeándome y un sexo duro contra el mío. Unas manos frotaban mi espalda para darme calor. No sé cómo pero supe enseguida quién era.
—Mi príncipe—susurré apenas con un hilo de voz.
—Ssssh, tranquila, no hables ahora, estás muy débil—era él, era su voz tranquilizadora y era su cuerpo el que me estaba calentando.
Lloré de felicidad en silencio, pensé que me había llevado de nuevo a palacio y estaba en su habitación. Dormí tranquila, no sé durante cuanto tiempo. Cuando desperté de nuevo mi señor seguía junto a mí abrazándome pero me di cuenta de que no estaba en su habitación.
— ¿Dónde estamos?—le pregunté mirando sus ojos verdes y por un instante me pareció que había estado llorando pero supuse que era mi imaginación.
—Estamos en tu casa, en tu habitación—me respondió.
— ¿Por qué estás aquí?—había creído que nunca le volvería a ver y ahora estaba en mi humilde casa junto a mí.
— ¿No deseas que esté aquí?
—No, no es eso, claro que no—no podía dejar que pensara que quería que se fuera, deseaba demasiado estar con él—solo que me extraña verte aquí, jamás he querido que te marches.
—Tranquila, ya lo sé—me dijo acariciándome el rostro—vine a buscarte, deseaba pasar otra noche contigo pero cuando llegué me dijeron que te habías ido y salí a buscarte al bosque. Estabas medio congelada, te traje hasta tu casa para calentarte. Por eso estamos los dos desnudos.
Me puse colorada, pero era maravilloso estar otra vez junto a él. Me abrazó más fuerte y disfruté cuanto pude de aquel momento.
—Entonces, mi señor, ¿puedo volver a palacio?—le pregunté tras un grato silencio.
—No, me temo que no—su respuesta se me clavó en el corazón como cientos de puñales—pero yo vendré a verte siempre que pueda, te lo prometo.
Aquellas palabras me tranquilizaron un poco, no me alejaría del todo de él. Me dio un maravilloso beso y después me hizo el amor hasta que mi cuerpo recupero toda su fuerza y calor. Después tuve que despedirle de nuevo, él ya llevaba cuatro días allí y no podía quedarse más. Aquella noche dormí feliz, porque a pesar de que mi príncipe seguí lejos sabía que volvería. Pasé varias noches con él, todas maravillosas. Muchos días me quedaba observando ansiosa el camino esperando su llegada y aunque a veces los días entre una noche y otra eran muchos y mi ansiedad mayor que nunca, jamás me autosatisfacía, así disfrutaba mucho más con el príncipe. Al cabo de unos meses sucedió algo desastroso o maravilloso, dependiendo de cómo se mire. Me di cuenta de que estaba embarazada, esperaba un hijo de mi príncipe. La noticia me sorprendió muy gratamente al principio, aunque después empecé a pensar en los problemas que me causaría. Pudiera ser que al príncipe le desagradase y que me prohibiera tener al bebé, pero yo no quería eso, yo quería tener a mi hijo y si mi príncipe me lo prohibía nunca me lo perdonaría y no lo podría superar, nada sería igual entre nosotros. Pero su reacción no fue aquella. Se lo dije una noche después de hace el amor. Estábamos tumbados en mi cama, yo me incorporé un poco y le miré a los ojos.
—Mi señor, tengo que decirte algo—él también se incorporó al ver la inquietud en mi rostro.
— ¿Qué ocurre?—me preguntó— ¿estás bien, te ocurre algo?—me acarició el rostro y se acercó más, pareció muy preocupado por mí.
—No, mi príncipe, yo estoy bien, pero…
— ¿Qué ocurre?—insistió.
—Mi señor… estoy en cinta—le dije sin andarme con rodeos. El príncipe se quedó sin aliento durante un momento, que me pareció eterno, mirándome pasmado. Tuve mucho miedo de que se lo tomase mal así que me apresuré a agachar la cabeza y pedirle perdón—lo siento mi señor, yo no he podido evitarlo, haré lo que me pidas.
—No…no te preocupes—me dijo cuando reaccionó—solo es que me ha pillado por sorpresa. Y… ¿desde cuando lo sabes?
—Hace una semana que me he dado cuenta de ello—le contesté.
—Pero… ¿estás segura?—me preguntó todavía anonadado.
—Sí, mi señor, estoy segura.
Vi como poco a poco en su rostro comenzó a aparecer una sonrisa. Me estrechó fuertemente entre sus brazos y me dio varios besos.
—Eso es maravilloso, es perfecto—me dijo.
— ¿Pero no estás enfadado?—le pregunté extrañada.
—No, por supuesto que no, es mi hijo. ¿Porque iba a estar enfadado? Estoy feliz, muy feliz—me dio un intenso beso que me dejó sin aliento—quiero que tengas ese bebe, yo cuidaré de él tanto si es niña o niño. Me lo llevaré conmigo a palacio y será el futuro rey o reina.
— ¿Qué?—aquellas palabras me destrozaron por completo— ¿llevártelo? Pero…es mi hijo, no puedes apartarlo de mí—le dije casi sin poder hablar porque sabía que si quería podía hacerlo, podía quitarme a mi hijo.
—Por supuesto que no, jamás te separaría de tu pequeño, tú también vendrías a palacio de nuevo y la princesa no podría decir nada ya que sería mi primogénito.
Las lágrimas inundaron mis ojos. Le abracé más fuerte que nunca sin poder contener mi felicidad, una felicidad mayor de la que había sentido hasta entonces.
—Gracias mi señor, muchísimas gracias—aquel era el día más feliz de mi vida. Estaba con mi príncipe y tendría un hijo suyo, regresaría a palacio y mi hijo sería el futuro rey.
En los siguientes días mi príncipe fue junto a mí con más frecuencia, me trataba con mucho cuidado y más delicadeza que antes, tal vez algo exagerado. El príncipe me dijo que lo mejor era no ir a palacio hasta que mi hijo naciera y yo también lo creí así.
Mi hijo nació al fin en otoño. Un niño, un precioso niño de ojos verdes como los de su padre y los cabellos cobrizos oscuros como los míos. Era maravilloso, jamás había sentido algo tan increíble como cuando lo cogí en brazos por primera vez. La noticia corrió rápidamente por todo el reino. Todas las personas de mi aldea, a pesar de que yo no les había dicho nada, ni tan siquiera a mis padres, sabían perfectamente que mi hijo era del príncipe, y esa no era ninguna minucia. Mi príncipe ya se habría enterado de la noticia y pronto iría a por mí y a por nuestro hijo. Pero aquel momento no llegó. A los tres días del nacimiento de mi hijo unos bandidos irrumpieron en mi aldea, quemando y arrasándolo todo. Yo sabía que no era casualidad, estoy casi segura de que aquello lo provocó la princesa, si no es así ¿por qué unos malhechores iban a enturbiar la tranquilidad de una aldea pobre?, aunque no puedo probarlo. Escapé de la aldea junto a mi hijo. Huí por el bosque, corrí lo más rápido que pude llevando en brazos a mi pequeño. Pero fue inútil, un jinete me alcanzó. Intenté escabullirme pero me acorraló contra unas rocas. Estaba aterrorizada, mi hijo estaba llorando, aunque yo intentaba acallarlo, demasiado pequeño para comprender. Y yo también lloraba conociendo ya mi destino.
—Entrégame a tu hijo—me ordenó aquel hombre y no dejó que replicara—u os mataré a los dos.
Sabía que no bromeaba, estaba segura de que lo haría porque la señal que llevaba en el cuello le marcaba como asesino sanguinario, de los pocos que habían logrado huir de las mazmorras tiempo atrás.
— ¿Qué le pasará a mi hijo?—le pregunté buscando alguna escapatoria, al menos para mi pequeño.
—Si me lo entregas seguirá vivo—me contestó tras una breve meditación, creo que logré que se compadeciese de mí—hay mucha gente que no quiere que este niño sea el futuro rey. Si me lo entregas y no vuelvas a palacio este niño seguirá vivo pero si regresas y hablas una sola vez con el príncipe le mataré. ¿Te ha quedado claro?—estoy segura de que las ordenes de la princesa fueron matarme y matar a mi hijo, en el fondo tengo que darle las gracias a aquel hombre por no hacerlo—tú decides, os mato a los dos ahora o me llevo a tu hijo y tú no vuelves a ver al príncipe ni al pequeño.
Ambas opciones eran horribles y habría preferido no elegir pero no quería la muerte para mi criatura y si alejándome de él garantizaba su vida, estaba decidida a hacerlo. Le entregué a mi hijo, los gritos y llantos de mi pequeño me desgarraban el alma y aun hoy lo siguen haciendo, destrozando lo poco que queda de mí, varios años después. Tuve que ver como se llevaba a mi hijo llorando a caballo y lo alejaba de mí, tuve que resignarme a perder todo lo que amaba para mantenerlo con vida. No existen palabras para describir mi sufrimiento, un sufrimiento extremo que no deseo a nadie. Ya ni siquiera tengo lágrimas, me quedé sin ellas aquella noche viendo destrozada mi vida.

FIN
Aquí acaba este fic que ya había hecho hace tiempo y por ahí estaba perdido. Es de mucho antes de mi época yaoi (cuando empezaba con el yuri), inspirado en una novela erótica (la primera que leí) de Anne Rice, mi autora favorita.
Espero que te haya gustado y que me dejes algún comentario con tu opinión

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