Artista de palacio c2


Título: Artista de palacio
Categoría: Original
Género: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 años
Advertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 2 de 6 Finalizado: No
Resumen: Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

Tres días después mi maestro de arte me pidió que dibujase un paisaje, el que yo desease. Aproveché para ponerme frente a la ventana del príncipe, tenía la esperanza de que se asomase y así poder verle. Estuve horas frente a su ventana pintando aquel paisaje. Cuando ya era bastante tarde e iba a comenzar a anochecer mi príncipe se asomó a la balconada. Nos miramos unos segundos y me incliné ante él. Seguí pintando mientras me observaba, no sé porqué eso me hacía sentir bien. Tal vez porque sabía que a él le gustaba. Aquella noche el príncipe me requirió en su alcoba. Cuando entré no me atreví a mirarle a los ojos pero enseguida el me pidió que le mirase y me acercase. Puso la mano en mi cintura y me atrajo hacia él. Inconscientemente llevé mis caderas y mi boca hacia delante esperando un beso pero él no me lo dio, tan solo se quedó mirándome a los ojos esbozando una perversa sonrisa. Al hacer ese inconsciente gesto mi príncipe se había dado cuenta de que me dominaba prácticamente por completo.
—Me ha gustado mucho lo que has hecho hoy—me dijo acercando mucho su boca a la mía, yo intentaba reprimirme para no besarle—quiero que siempre que puedas te pongas a pintar allí o en un sitio donde pueda observarte—sus labios estaban apenas a unos milímetros de los míos, casi rozándome y yo estaba ansiosa por besarlos—Hazlo, quiero que lo hagas tú.
Yo sabía perfectamente a qué se refería, me llevaba tentando desde que entré en la habitación. Me puse un poco de puntillas y le di un beso. No me atreví mas que a juntar los labios pero él metió la lengua en mi boca e hizo que el beso fuese más intenso. Su mano bajó por mi cadera hasta mi sexo y cuando lo tocó por encima de la ropa me hizo estremecer.
—Está deseándolo ¿verdad?—me preguntó acercándome más a él.
—Sí, mi príncipe—le contesté.
Comenzó a desabrocharme el vestido y me lo quitó. Observó unos instantes mi cuerpo y lo recorrió suavemente con la yema de sus dedos, aquello me excitó aun más.
Me dio otro beso apasionado y sin soltarme me cogió en brazos y me tumbó sobre la cama. Se sentó junto a mí y me acarició el sexo, que en ese momento estaba palpitándome y bastante húmedo. Dos de sus dedos entraron en él y comenzó a acariciar el interior, meterlos y sacarlos. Yo no podía más, me iba a correr aunque no quería. Después de satisfacer mi necesidad inmediata mi príncipe jugó conmigo durante un buen rato hasta que satisfizo su necesidad. Esa noche también estaba cansada y me dormí junto a él en la cama. Cuando desperté seguía durmiendo. Habría querido esperar a que se despertara pero no quería enfadarle así que me vestí en silencio y salí de la habitación.
A la mañana siguiente me puse de nuevo frente a su ventana y él salió a observarme pero no me requirió en su alcoba aquella noche. Cuatro días después, mientras pintaba en una habitación junto al maestro, apareció el príncipe y pidió que nos dejaran solos.
—Pintas muy bien, has mejorado mucho—me dijo observando en cuadro.
—Gracias mi Señor.
Me rodeó la cintura con su brazo dejando los dedos muy cerca de mi sexo y me habló al oído quedándose detrás de mí.
—Dentro de dos días hay un baile, vendrán los nobles más prestigiosos del reino—comenzó a decir. Creí o deseé por un instante que me pidiese ir con él pero ese deseo enseguida se desvaneció—quiero que tú estés presente pintando un cuadro.
Al menos estaría en el baile y vería a mi príncipe. Después me dio un beso en el cuello que hizo a mis piernas temblar. Llevó los dedos a mi sexo y lo acarició por encima de la ropa.
—Después del baile quiero que me esperes en mi habitación desnuda.
Tendría mi recompensa después del baile. Después de que todo el mundo pudiese disfrutar de su presencia en el baile yo podría disfrutar de su cuerpo en la cama. Mi príncipe se fue y me dejó con la excitación que me habían producido sus manos y su boca.
No volví a verlo hasta la noche del baile. Me arreglé, me puse el vestido que me dieron las criadas, demasiado escotado para mi gusto, y me peiné lo mejor que supe. Cuando llegué al salón había un caballete preparado para mí. Desde allí podía ver perfectamente al príncipe y él podía verme a mí, aunque no lo hizo mientras estuvo allí. En medio del baile un joven noble se acercó a mí.
— ¿Quiere bailar conmigo?—me preguntó.
Yo le contesté amablemente que no, que yo solo estaba allí al servicio del príncipe para pintar, pero entonces mi príncipe se acercó.
—Adelante, te doy mi permiso para bailar con él—me dijo.
Aquello me sorprendió y me disgustó mucho, no pensaba que significase tan poco para él que me dejaba en manos de cualquiera. Pero enseguida me di cuenta, mientras estaba bailando, de que mi príncipe disfrutaba al ver que muchos podían estar conmigo pero que solo él me poseía. Fui suya desde la noche en que me rescató, solo suya.
Después del baile, mientras mi príncipe se despedía, subí a su cuarto, me desnudé como me había pedido y le esperé sentada en la cama. Al poco rato mi príncipe entró en la habitación y al verme sonrió. Aquella noche mi príncipe hizo que no me quedase ninguna duda de que le pertenecía por completo y podía hace conmigo lo que él quisiera, dominar mi cuerpo y mi alma.
—Muchos hombres pueden mirarte—me dijo antes de que me durmiese—pueden bailar contigo, desearte, pero solo yo puedo poseerte. Tú eres solamente mía y de nadie más.
Se durmió abrazándome fuertemente. No entiendo porqué aquello me hacía sentir tan bien, saber que me quería solo para él y si era así es porque sentía algo por mí. En los meses siguientes pasé muchas noches deseando estar con él en su habitación y otras muchas noches disfrutando de sus caricias y besos. Pero eso acabó un día de verano. Yo sabía que mi príncipe había estado mandando regalos a una princesa pero jamás imaginé que esa princesa aceptaría. Llegó a palacio una tarde no muy calurosa. Supe por las criadas que era muy guapa y que se casaría con el príncipe al día siguiente. Aquello me destrozó, jamás había llorado tanto en toda mi vida. Aquella mujer iba a quitarme a mi príncipe, ya no pasaría más noches con él, ya no volvería a ser suya. La odié con toda mi alma, incluso deseé que se muriera; yo jamás había deseado tal mal a nadie pero ella iba a conseguir quitarme lo único que me hacía sentir bien. Aquella misma noche mi príncipe me llamó a su alcoba. Antes de subir me lavé la cara para intentar que no se diese cuenta de que había llorado, pero era inútil porque tenía los ojos rojos. Cuando entré en la habitación no le miré a los ojos porque no quería que supiese que lloraba, aunque mi príncipe me pidió que le mirase yo no lo hice. Él se acercó y cogió mi rostro entre sus manos.
— ¿Has llorado?—me preguntó, y cuando lo hizo no pude contener más las lágrimas.
Me eché a llorar como una niña pequeña y me abracé a él como si fuese la última vez que le iba a ver, y ese era mi temor. Mi príncipe me abrazó muy fuerte como si supiese exactamente lo que necesitaba. Sentí los calmados latidos de su corazón y los fuertes músculos de su pecho y sus brazos rodeándome y consolándome.
—No te cases por favor, no te cases—le supliqué sin dejar de llorar.
—Tengo que hacerlo, mi reino necesita una princesa y un futuro heredero—no iba a cambiar de opinión, yo lo sabía y no podía hacer nada. Mi príncipe se apartó un poco de mí y me dio un tranquilizador beso—Aunque me case no dejaré de disfrutar de tu compañía. Seguiremos pasando noches juntos.
Aquello iluminó mi rostro.
—Pero la princesa…
—Tú no te preocupes por ella—me dijo cogiéndome en brazos y tumbándome en la cama—yo soy el príncipe y el futuro rey y puedo hacer lo que desee con quien me plazca. Y quiero pasar noches contigo diga lo que diga la princesa.
Aquellas palabras me hicieron muy feliz porque significaban que por mí sentía mayor deseo que por la princesa. Aquella noche fue la mejor de mi vida, el príncipe quiso reconfortarme y hacerme sentir bien, y lo consiguió. Me dormí abrazada a él, que me rodeaba la cintura con su brazo y me acariciaba la melena. Cuando desperté él seguía abrazándome y me observaba pensativo. Tras unos segundos tan solo mirándonos habló.
— ¿Tú estarías dispuesta a acostarte con la princesa si ella aceptase?—aquella pregunta no me sorprendió demasiado y la verdad es que lo había pensado mucho rato.
—Sí, mi Príncipe, lo haría—le contesté.
Él sonrió y me dio un largo beso. Después me dijo que me fuese y que ya me avisaría cuando llegase el momento. Aquella tarde se celebró la boda, yo estaba en mi cuarto llorando, a pesar de que el príncipe me había dicho todo aquello no podía evitarlo. Pasaron ocho noches sin que me moviese de mi cuarto, mi príncipe no me había llamado y empezaba a tener miedo de que no lo hiciese nunca más. Pero una tarde entró en mi cuarto una criada y me dio una carta del príncipe. Ninguno de los criados del reino sabía leer y en mi poblado tampoco pero a mí me enseñaron cuando llegué al reino.
“Deseo verte, quiero que te pongas frente a mi ventana a pintar, la princesa saldrá a dar un paseo alrededor del castillo. Tal vez, cuando ella te vea, si le agradas, que estoy seguro de ello, puedas venir tranquila a mi alcoba y pasaremos la noche juntos los tres y si no le gustas la pasaremos tú y yo solos”
Aun conservo aquella carta de lo feliz que me sentí al leerla. Me arreglé rápidamente, pensé en no hacerlo para no gustar a la princesa y así estar sola con el príncipe pero si a ella le agradaba sería más fácil. Salí con los bártulos y me puse bien a la vista frente a la ventana de mi príncipe. Él se asomó enseguida a la baranda y me observó sonriendo. Me sentía bien sabiendo que, a pesar de haberse casado, seguía deseándome y queriendo poseerme. Y allí estaba la hermosa princesa paseando con las dos nobles, la mujer mayor con su joven hija, como contaba al principio. Aquella era la primera vez que la veía y desde aquel mismo momento me enamoré de ella. Jamás he visto otra mujer tan hermosa y creo que aquella fascinación se mostró claramente en mi rostro porque cuando la princesa se marchó salí de mi ensimismamiento, miré al príncipe y vi que sonreía aun más. Deseé haber agradado a la princesa aunque me di cuenta de que ni siquiera me había mirado. Seguí pintando y mientras lo hacía solo podía pensar en mis príncipes así que tan solo les pinte a ellos, a mi príncipe asomado a la balconada y a la princesa paseando, aunque por mucho que lo intentaba no conseguía darles la belleza que tenían en la realidad. No pude dejar de pensar en qué impresión se habría llevado la princesa de mí o si tan siquiera se había dado cuenta de mi presencia. Yo no era nada comparada con ella, no tenía su belleza, su cuerpo ni su posición social. Lo que no entendía era que el príncipe siguiera deseándome teniéndola a ella. De pronto una dulce risa a mi espalda interrumpió mis pensamientos. Me sobresalté y giré bruscamente. Allí estaba, mi princesa, debía tener la misma edad que yo pero sin duda era mucho más madura, no obstante podía parecer inocente e infantil cuando quería. Me sonreía dulcemente aunque con un punto pícaro. Se acercó un poco más a mí y miró el cuadro.
— ¡Vaya! Dibujas muy bien, pero solo has pintado al príncipe y a mí—me dijo con una mirada sagaz— ¿Por qué no has pintado el resto?
No sabía que contestar, a parte de la pregunta su rostro me había dejado muda.
—Mi señora yo…
—Escúchame bien sirvienta—me cortó ella sin dejar de sonreír—porque para mí solo eres eso, una sirvienta demasiado entrometida. Sé qué es lo que haces con mi príncipe—dijo elevando la vista y echando una rápida mirada al príncipe, que seguía en la ventana observando con interés—y conseguiré, sea como sea, que no vuelva a suceder. No permitiré que una vulgar pueblerina despierte ningún deseo en mi esposo. ¿Lo has entendido? Así que mantente alejada de él.
En ningún momento dejó de sonreír, creo que no quería que el príncipe supiera que me había amenazado. Yo estaba temblando aterrorizada, no quería que me apartasen de mi príncipe y no sabía que haría la princesa para conseguirlo. Aquella noche el príncipe me llamó a su habitación. Tuve miedo de ir porque tal vez me llamase para decirme que no quería volver a verme, pero aun con ese temor acudí.

2 comentarios:

  1. eres increible, me encantan tus fanfics

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  2. me alegra mucho que te gusten, este precisamente lo hice hace bastante tiempo, espero que leas más

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