Sexo, Muerte, Rock 2 c7







Título: Sexo, Muerte, Rock 2
Categoría: Original
Serie: Sexo, Muerte, Rock
Género: Yaoi
Clasificación: +18 años
Advertencia: Lemon, Muerte de un personaje
Capítulo: 7 de 8   Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia.
2ª historia. Desobediencia y Fallos.
Argón viaja a una nueva ciudad junto a Ryou. Su jefe está realmente enfadado por esa estupided y como castigo le manda un nuevo trabajo además de que deberá deshacerse del joven.

A la noche siguiente Argón entró al bar. Cuando vio al ojigris este le sonrió y su corazón latió fuerte un segundo. Algo iba mal, aquella sonrisa no era como la de siempre, ¿Qué había pasado? En cuanto el joven pudo cogerse el descanso ambos salieron fuera.
— ¿Has traído el frasco?—preguntó temiéndose algo.
—No—contestó simplemente sin dejar de sonreír.
— ¿Cómo que no?—Argón lo agarró por el cuello de la camisa y lo empujó contra la pared furioso intentando controlarse—dime que no lo has hecho. Dime que no has hecho una gilipollez.
—Yo… tenía la oportunidad, mi tío no estaba en casa y estaba ya muy bebido, era perfecto, no podía esperar más—decía desesperado porque lo comprendiera.
Argón dio un fuerte golpe a la pared prácticamente rozando el rostro del rubio.
—Quiero golpearte a ti pero no puedo porque ahora sería peligroso si la policía investigase, harían demasiadas preguntas—le susurró al oído intentando controlar su furia—pero te juro que en cuanto esto acabe, si vuelves a hacer una gilipollez como esta, te daré la paliza de tu vida y te mataré—Blake estaba temblando, a punto de estallar en lágrimas, aquel hombre era terrorífico—ahora me voy a marchar porque no sé cuanto tiempo más me voy a contener. Tú vas a seguir con tu vida normal sin decir una sola palabra y sin hacer nada más, solo espera.
Argón se apartó del ojigris y se marchó rápidamente, el pequeño cayó al suelo agitado, intentaba calmarse pero le era imposible, estaba aterrado.

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— ¡Ese bastardo estúpido! Me ha jodido todos los planes. Después de tenerlo todo listo para que metieran a su tío en la cárcel va y mata al cabrón como si fuera un accidente, es un capullo anormal. Y mira que se lo dije, pero no… tenía que hacerlo, no podía esperar, no podía usar un poco la cabeza. Voy a enseñarle a obedecer a la fuerza.
Mascullaba el pelinegro caminando por la calle en dirección a la pensión. Subió primero a la azotea y allí se desahogó, golpeó una y otra vez la pared maldiciendo a aquel niño que lo había fastidiado todo. Cuando se hubo calmado regresó a la habitación.
— ¡Argón! Que pronto has vuelto—exclamó el pequeño acercándose a él.
— ¿Aún sigues despierto?—el pelinegro acarició sus cabellos y le dio un tierno beso.
—Sip, acabo de terminar de ver una película—le dijo sonriente.
—Angelito… ¿Qué te parece si nos vamos?—sus planes se habían estropeado, ahora solo quería marcharse de allí.
— ¿Irnos? Es tarde, ¿no sería mejor esperar a mañana?—preguntó extrañado.
—En esta ciudad no me va nada bien, me gustaría marcharme cuanto antes.
—Está bien, vámonos—siempre le convencía, no necesitaba muchas palabras para que ese niño inocente le hiciera caso en todo o en casi todo.
Recogieron rápidamente sus cosas y salieron de la pensión. El rubio tenía sueño pero no le importaba, se aferró a la chaqueta del mayor cuando montó en la moto y recostó un poco sobre su espalda. Argón aceleró y no tardó mucho tiempo en llegar a las afueras.
— ¿Hacia dónde vamos? ¿No estamos en una carretera secundaria?—preguntó el rubio al ver que la carretera por la que iban se estaba convirtiendo en un simple camino de tierra y poco a poco desapareciendo.
Argón paró la moto cuando el camino ya había desaparecido, estaban en medio de la nada, miraran a donde miraran estaban completamente solos, sin absolutamente nada alrededor. Hizo bajar al pequeño de la moto, se quitó el casco y se quedó un momento pensativo.
— ¿A-Argón? ¿Qué sucede? ¿Qué hacemos aquí?—preguntó sin entender lo que pasaba.
—Podemos hacer esto de dos formas. Primero, puedes resistirte de forma que te haré mucho más daño o segundo, lo hacemos por las buenas y con menos sufrimiento—le dijo en apenas un susurro.
— ¿De qué estás hablando?—preguntó el pequeño sintiendo como aquello le traía recuerdos muy dolorosos y que aun no había podido dejar atrás.
—Angelito, esto se acabó, ya no puedo seguir más contigo, me traes demasiados problemas. Sé que simplemente podría matarte pero quiero probarte, he pasado por demasiado por tu culpa como para ahora dejarlo así. Te prometo que si no te resistes te haré disfrutar mucho—se acercó poco a poco a él.
—Pe-pero yo te quiero—aquel no podía ser el Argón que conocía, ¿Por qué le decía todas esas cosas?
—Lo sé, pero eso ahora no me importa. Yo soy un asesino, lo he sido desde niño y tú impides que realice mi trabajo como debiera. Mi jefe se ha enfadado mucho conmigo por esta tontería que he hecho de traerte. Si no te mato yo ahora él se enfadara aun más y probablemente me mate a mí. Como comprenderás no puedo dejar que eso me pase y sinceramente no me importa nada tu vida. En un principio creo que me había enamorado o algo así, pero después, cuando follé con aquel chico, abrí los ojos y me di cuenta de que no había sido más que una ilusión, de que no sentía nada. Deberías estar agradecido, te estoy dando la oportunidad de disfrutar del sexo antes de morir y también te doy la oportunidad de elegir como morir, no me importa.
El pequeño cayó al suelo llorando, temblando.
—No entiendo nada, ¿Qué es esto? Tú… tú no puedes ser un asesino…
—Asúmelo, de todas formas ya no importa, en uno rato tu cuerpo estará enterrado en este mismo lugar—la frialdad de su voz era aterradora, hablaba como si aquello no importara nada.
Lo había hecho tantas veces que para él era como respirar, se había convertido en algo natural, automático y también necesario. Se puso frente al pequeño y se agachó para acariciar sus cabellos.
—Decídete rápido o lo haré yo por ti y te advierto que me gusta la crueldad, hacer sufrir—le susurró al oído.
—N-no… ¡No!—Ryou se levantó y comenzó a correr— ¡Ah!—el pelinegro no tardó nada en alcanzarlo cogiéndolo por los brazos.
—Crees acaso que puedes huir de mí en este lugar. Nunca he fallado en un trabajo hasta que me encontré contigo, fallé con lo de tu padre pero eso no volverá a suceder. Resígnate, vas a morir aquí, tú decides como.
— ¿Mi… mi padre?—no sabía a qué se refería.
—Es cierto… no te lo he dicho. Me encargaron matar a tu padre y conseguir unos documentos, por tu culpa y por la intervención de un mal nacido no pude hacerlo como debía y tuvo que ser un compañero de mi trabajo el que acabara con él, con tu madre y bueno, de tu hermano me encargué yo—le explicó recordando como había matado a aquel niñato que le había jodido los planes.
—Mis padres… mi hermano… no puede ser, no pueden estar muertos, no…—decía sin poder creérselo, aquello tenía que ser una pesadilla.
—Lo están, todos ellos, y tú eres el siguiente. ¿Sabes ya como quieres morir?

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