Sexo, Muerte, Rock 2 c4







Título: Sexo, Muerte, Rock 2
Categoría: Original
Serie: Sexo, Muerte, Rock
Género: Yaoi
Clasificación: +18 años
Advertencia: Lemon, Muerte de un personaje
Capítulo: 4 de 8   Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia.
2ª historia. Desobediencia y Fallos.
Argón viaja a una nueva ciudad junto a Ryou. Su jefe está realmente enfadado por esa estupided y como castigo le manda un nuevo trabajo además de que deberá deshacerse del joven.

—“Es un chico extraño, ¿de verdad podrá acabar con ese bastardo? No puedo creer que un chico de mi edad pueda ser tan buen asesino. Aunque folla realmente bien, debe haberlo hecho muchas veces. Espero que vuelva aunque solo sea para repetir lo de antes.”
Pensaba Blake regresando a casa tras acabar el trabajo. Cuando entró al salón se encontró a su padrastro durmiendo con varias botellas bacías a su alrededor y un par de trozos de pizza fría sobre la mesa.
—“Pronto, muy pronto ya no tendré que ver esto nunca más. Será un placer acabar contigo y ojala que pueda torturarte.”
El ojigris fue a su cuarto y se echó sobre la cama sin tan siquiera quitarse la ropa, estaba agotado. Normalmente llegaba cansado pero aquella noche lo estaba mucho más, aunque no se podía quejar ya que a cambio había recibido mucho placer. Cuando estaba a punto de dormir su móvil sonó, era un número desconocido.
— ¿Diga?
—Hola Beta.
—¡¡R!!—no esperaba escucharle de nuevo.
—Dime, ¿has hablado ya con el hombre que te he enviado?—preguntó la distorsionada voz.
—Sí, Argón- digo Alfa ha venido esta noche, me ha dicho que espere hasta que lo tenga todo preparado.
—Hazle caso en todo lo que te diga, es uno de mis mejores agentes. Estarás bien con él—le dijo R.
—Sí, lo haré, muchas gracias por esta oportunidad señor—Blake estaba realmente entusiasmado.
Ambos colgaron el teléfono. El ojigris se acostó y en seguida fue llevado al mundo de los sueños. Tras mucho tiempo tuvo un buen sueño, una maravillosa fantasía con aquel pelinegro que había llegado para salvarle como un caballero de brillante armadura.

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Argón regresó a la habitación cuando comenzaba a amanecer. Observó al rubio durmiendo como si fuera una princesa de cuento pero él ya no era su príncipe azul. Se tumbó a su lado y esperó a que despertara, estaba demasiado excitado como para dormir.
— ¿Uh? Ah! Lo siento, no pude esperarte despierto—le dijo el pequeño desperezándose.
—No te preocupes, llegué muy tarde—Argón le dio un pequeño beso.
— ¿Has encontrado algún local para tocar?—preguntó abrazándose a él.
—No, no he tenido suerte. Mañana saldré de nuevo—ni tan siquiera se había molestado, no era conveniente que le conocieran demasiado en esa ciudad.
— ¿Quieres dormir un rato?
—No, no tengo sueño, ¿quieres ir a dar un paseo?—le propuso levantándose de la cama.
—Vale, espera que me cambio.
Ambos jóvenes salieron a pasear. El rubio se agarraba de la mano del mayor y caminaba con una gran sonrisa en la boca, feliz por estar junto a él. Argón por el contrario iba pensativo, aun dudaba de lo que iba a hacer. Llegaron hasta un parque cerca del centro de la ciudad. Había poca gente, los niños estaban en los colegios y los adultos trabajando, nada más alguno que otro paseando a su perro o alguna mujer regresando de la compra. Cogieron un par de bollos en una pastelería que daba al parque y se los comieron sentados en un banco. Cuando Argón miró al pequeño se dio cuenta al fin de que era inevitable, ya no le veía del mismo modo que lo había hecho en ocasiones anteriores, ahora era un simple crío sin importancia. En su cabeza comenzaban a crearse los planes, volvía a ser tan frío y calculador como siempre.

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Llegó la noche, Argón le dijo al pequeño que de nuevo se iba a buscar un local en el que tocar. Cogió su moto y se dirigió a aquel bar. Blake le sonrió pícaramente en cuanto lo vio entrar. El pelinegro se sentó en la barra y observó al ojigris sintiendo como su cuerpo se calentaba tan solo recordando lo que habían hecho la noche anterior, aquel fantástico cuerpo.
— ¿Qué quieres tomar?—le preguntó cuando al fin pudo atenderle.
—A ti, coge un descanso—contestó sin dar rodeos.
—Espera solo quince minutos, mientras tanto aguanta con una cola—un escalofrío recorrió su cuerpo con aquella penetrante mirada sobre él.
Comenzaba a ponerse nervioso, Argón no dejaba de observarlo, nunca se había sentido tan excitado sólo porque lo miraran. Aquel hombre lo perturbaba solo con su presencia.
Cuando pudo cogerse el descanso, tiempo que le pareció eterno, ambos jóvenes salieron al callejón trasero. Blake se acercó al pelinegro pegándose a su cuerpo, lamió su cuello mientras le desabrochaba el pantalón. Argón cogió su rostro con una mano apartándolo un poco de si para darle un beso explorando el interior de su boca con la lengua. El ojigris acariciaba su miembro que rápidamente se ponía duro. Cuando separaron sus labios Blake se agachó y comenzó a lamer el falo del pelinegro sin dejar de mirarle con aquellos brillantes ojos sin color. A Argón le costaba controlarse, aquel chico sabía muy bien lo que hacía. Ambos jóvenes sentían su cuerpo arder, el mundo a su alrededor dejaba de existir. El pelinegro cogió al menor por los largos cabellos levantándole.
—Ya es suficiente, quiero metértela—le dijo poniéndolo de cara contra la pared.
—Sí… rápido…—dijo bajándose los pantalones, estaba ansioso porque lo tomara.
Argón se chupó un par de dedos y comenzó a metérselos para dilatar la estrecha entrada, aunque no tardó demasiado. Lo penetró despacio, disfrutando de aquella calidez y suavidad. Blake gemía y temblaba deseando ser invadido aun más por aquel hombre tan extraño. Sentía como si descargas eléctricas recorrieran todo su cuerpo con cada caricia, cada beso, cada embestida. El pelinegro lo masturbó con una mano mientras la otra la deslizaba bajo la camisa del uniforme de camarero del menor y acariciaba y pellizcaba sus erectos pezones.
—Más… ah!... más fuerte… —gemía el ojigris derritiéndose bajo el fuego de aquel hombre.
En la calle hacía frío, mucho frío, pero ninguno de los dos era capaz de sentirlo, desprendían más calor que un desierto. Argón lo penetró cada vez más fuerte y rápido hasta que el menor no fue capaz de aguantar más y se vino en la mano del pelinegro y en la pared, contrayendo su entrada, provocando que el otro también se viniera dentro de él. Quedaron quietos por un momento, intentando recuperar el control de su respiración. Argón salió de su interior y se apartó del ojigris arreglando su ropa.
—No he venido solo para follar—le dijo el pelinegro cuando se recuperó.
— ¿A no? Y para qué más has venido—le dijo abrochándose los pantalones.
—Para hablar del trabajo. Ya lo tengo casi todo planeado, solo necesito hacerte alguna pregunta más.
—Dime.
—Según sé, vienes a trabajar a las siete y regresas a casa a las dos de la mañana ¿me equivoco?
—Aquí empiezo a las siete pero antes tengo otro trabajo, desde las doce hasta las seis—contestó.
—Lo sé, y en esa hora que tienes entre un trabajo y otro ¿te daría tiempo a ir a casa y venir puntual no?
—Sí, siempre voy a casa a cambiarme de ropa—no entendía a donde quería llegar.
— ¿En esa hora tu padrastro está bebiendo?
—Sí, esas son las horas en las que más bebe.
—Bien, en ese caso ya está decidido como lo haremos.
— ¿Y bien? Explícamelo—pidió ansioso por saber.
—Te lo diré en cuanto reciba lo que necesito. Será fácil pero tendrás que hacerlo tú solo, yo estaré ocupado con otra cosa—dijo marchándose ya.
—Espera, ¿Dónde nos reuniremos después de hacerlo? ¿Y si cometo algún error?—cada vez estaba más nervioso, no estaba seguro de poder hacerlo.
—Será lo suficientemente fácil como para que hasta un principiante no cometa ningún error. Y no nos reuniremos inmediatamente. Yo me marcharé ese mismo día pero tú esperarás hasta que me comunique contigo y seguirás con tu vida normal.
—No entiendo ¿Cómo voy a seguir con mi vida normal?
—Simplemente no harás nada. Cuando tu padrastro muera la policía probablemente te interrogará pero no será gran cosa y tú no sabrás absolutamente nada, tan solo les contarás la rutina de todos los días.
— ¿Incluido que pasé por casa?
—Sí, y que le viste bastante borracho, nada más. De lo que pasará después es mejor que te enteres según vayan yendo las cosas, será más natural. Ahora regresa a tu trabajo—Argón se marchó dejando al ojigris algo confuso aún.

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