Artista de palacio c1


Título: Artista de palacio
Categoría: Original
Género: Hetero-Yuri
Clasificación: no -18 años
Advertencia: Lemon, Violación, Tortura
Capítulo: 1 de 6 Finalizado: No
Resumen: Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Una tarde la princesa salió a pasear por los jardines, era la mujer más hermosa que jamás había visto. Había tenido cientos de pretendientes pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años.

Hace unos años yo era la artista de palacio en un gran reino. Bueno, en realidad era la segunda, delante de mí estaba un famoso pintor que tenía muchísimos celos de mí y al que prefiero no recordar. Una tarde la princesa salió a pasear con dos nobles de la corte, una mujer mayor y su joven hija. La princesa era la mujer más hermosa que jamás había visto. Su piel era pálida como una gardenia, salvo sus labios finos que eran rosados; sus ojos eran azules como las aguas tropicales en calma, con el mismo brillo que provoca la luna sobre ellas; su pelo caía suelto casi siempre hasta su delgada cintura, sedoso y brillante, del color de los rayos del sol. Pero lo que más me gustaba era su sonrisa, tenía la sonrisa perfecta para cada momento y conseguía que cualquier hombre se postrase a sus pies. Había tenido cientos de pretendientes que la llevaron joyas, dinero y obras de arte, pero al final eligió a mi Príncipe, mi Señor Cal Imparat. Nadie se puede imaginar cuanto la odié y la amé a la vez. Mi Príncipe había sido mi salvador hacía tiempo atrás, apenas tenía yo trece años. Vivía cerca del bosque, en una pequeña aldea. Una noche mi perro se escapó persiguiendo a una ardilla y me adentré en el bosque en su busca. Corrí tanto tras él que me perdí sola, sin mi perro. Deambulé por el bosque durante cinco días. Estaba hambrienta, tenía mucho frío y estaba a punto de morir cuando un caballero con un precioso semental negro apareció de entre los árboles. Me cogió en brazos y me llevó a su reino. Era un hombre muy atractivo y joven; ojos verdes oscuros que cuando se ponía de mal humor se volvían marrones; cabellos largos y rizados que enmarcaban su rostro de perfectas facciones, era musculoso y fuerte, podía levantarme en volandas con una sola mano. Jamás olvidaré el viaje al castillo desde el bosque. Él me apretaba contra su cuerpo para darme calor. Podía sentir sus músculos y su sexo bajo los ropajes y su cálido aliento sobre mí. En la mitad del viaje me dormí aunque antes de hacerlo me dio un beso en la frente con sus carnosos labios. Cuando llegamos al castillo me llevó en brazos hasta una habitación y me tumbó en la cama. Me dio un beso en los labios, solo unos segundos pero fue fantástico, un beso que jamás podré olvidar. Estaba tan cansada que me dormí y soñé con ese beso. A la mañana siguiente los criados llevaron a mi habitación comida y ropa limpia. El príncipe Imparat entró en mi cuarto cuando yo estaba medio desnuda. Intenté cubrirme pero él se acercó a mí y me apartó las manos de los pechos dejándolos al descubierto.
—Si alguna vez te encuentro desnuda no quiero que te cubras—me costaba aceptarlo, pero me acababa de salvar y se lo debía—quiero poder disponer de ti siempre que quiera para lo que quiera.
—Sí, mi Señor—desde aquella respuesta le pertenecí, para lo que él quisiera cuando quisiera y eso tenía un amplio sentido, en el que al principio no había pensado, que después me dio miedo pero que al final acepté con gusto.
Al día siguiente comenzó mi educación artística, me dijo que ese sería mi principal cometido y descubrí que, a pesar de no haber cogido anteriormente nunca un pincel, tenía bastante talento. El príncipe me trataba muy bien, me daba comida, techo y estudios sin darle nada a cambio, no al menos hasta que cumplí los 16 años. Fue cuatro noches después. Me pidió que fuese a su cuarto tras la cena. No me dijeron para qué me quería, pero yo ya lo intuía. Cuando entré estaba de pie junto a la cama.
—He esperado hasta ahora para que madurases y que no sufras demasiado dolor. Pero antes dime, ¿te han desvirgado ya? Contéstame la verdad, no me enfadaré.
Era una pregunta muy directa y creo que me sonrojé porque no la esperaba.
—No, nunca he estado con ningún hombre—él sonrió al escuchar la respuesta y yo sabía que le había agradado y era cierto, había tenido algunas oportunidades sobre todo al llegar a palacio pero siempre había tenido la esperanza de que el primero fuese mi Príncipe.
Se acercó a mí, cogió mi rostro entre sus manos, me miró unos segundos a los ojos, en ese momento me entraron unas ganas tremendas de llorar pero no quería disgustarle. Acercó su rostro al mío y me dio un intenso beso, sus labios y su lengua me hacían palpitar, me temblaban tanto las piernas que creí que iba a caerme, pero de pronto me cogió en brazos, por un momento apartó sus labios de los míos pero yo enseguida volví a besarle ansiosa, no quería apartarme de él. Me tumbó sobre la cama y me observó algo apartado de mí. Quise levantarme y acercarme a él pero me detuvo, quería observarme, solo eso. En ese momento yo estaba indefensa ante él. Podía hacerme lo que él quisiera y creo que estaba pensando en qué hacer conmigo, y seguramente yo se lo permitiría todo. Se sentó junto a mí. Yo deseaba lanzarme a sus brazos pero me mantuve todo lo quieta que pude en la cama. Me apartó el cabello de la cara y deslizó su mano acariciándome el cuello hasta el pecho, pero no me estaba palpando los senos, solo mantenía la mano en el centro. Creo que sentía la subida y bajada de mi pecho con la respiración, que en ese momento era muy acelerada.
— ¿Estás nerviosa?—me preguntó. Yo no quería mentirle, en aquel momento seguramente se habría dado cuenta.
—Sí—le contesté, me temblaba bastante la voz.
— ¿Tienes miedo?
—No—creo que lo dije un poco desesperada, no quería que él pensase que le tenía miedo.
— ¿Quieres que lo haga?—aquella pregunta me pilló por sorpresa, no pensé que me lo preguntaría y no sabía que haría si le decía que no, pero eso daba igual.
—Sí—no dudé un segundo la respuesta.
Mi príncipe comenzó a desabrocharme el vestido, después deslizó la yema de sus dedos desde mi pecho por todo el vientre hasta mi sexo. Un enorme escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
— ¿Nunca lo ha tocado otro hombre?—me dijo con una suave sonrisa.
—No—le contesté con la voz temblorosa. Él sonrió un poco más.
Me quitó la braguita, en ese momento creo que me puse colorada pero deseaba seguir adelante. Mi príncipe se agachó y me dio un beso en el sexo. No pude evitar que unas lágrimas se desbordaran por mi rostro. Sabía que en ese momento dijera lo que dijera él ya no pararía. Se había empezado a excitar igual que yo. Se quitó la ropa quedándose completamente desnudo. Pude ver su sexo que empezaba a ponerse duro. No me sobresaltó porque he crecido entre hombres, pero aun así no quise quedarme mirándolo porque eso podría disgustarle. Volvió a besarme en los labios cogiéndome por la cintura y elevándome hasta su altura. Él no necesitaba hacer más para excitarme, aquellos besos eran suficientes. Me sentó en sus rodillas y comenzó a acariciarme todo el cuerpo con sus manos fuertes y suaves. Cuando su mano llegó a mi sexo escalofríos me recorrieron la columna e involuntariamente eché las caderas hacia delante. No pude evitarlo y no sé si aquel gesto le disgustó pero si fue así no hizo nada. Me acarició el sexo con sus dedos, yo daba gracias porque no dejara de besarme, si me hubiese mirado a la cara no habría sabido que hacer. Notaba como mi sexo comenzaba a latir y a humedecerse aunque yo no quería que pasara. De pronto sentí como uno de sus dedos penetraba en él. No pude evitar soltar un suspiro. Él me acaricio la nuca con la otra mano y me susurró al oído “Tranquila”. Tan solo sentir su aliento me calmó. Su dedo comenzó a acariciar las partes interiores de mi sexo. Escuché salir de mi boca unos leves gemidos que ni siquiera creí míos. Sentía bajo mi muslo el sexo de mi príncipe, como se ponía cada vez más duro. Me puso de pie, sin decir nada, frente a él. Observó mi cuerpo como si estudiase cada parte de él. Vi como en su rostro aparecía una pícara sonrisa. Me cogió de las caderas y me acercó a él. “Agáchate” me dijo. Yo no sabía lo que iba a hacer pero me agaché frente a él. Me echó el pelo hacia atrás y me cogió el rostro entre las manos. “Métetela en la boca” al principio sus palabras me sorprendieron pero no quería decepcionarle o enfadarle así que me acerqué a su sexo. Primero le acaricié con mis labios la punta y le di unos besos. Después me lo introducí poco a poco en la boca, al principio me pareció demasiado grande, pero pude con ella. Casi como algo instintivo comencé a subir y a bajar sin dejar de acariciarla con la lengua. Noté como se iba hinchando en mi boca. Me atreví a mirarle a la cara un momento. Tenía los ojos cerrados y respiraba fuertemente casi jadeando. Podía ver su expresión de placer con cada caricia mía. Me encantaba hacerle disfrutar, me hacía sentir bien. Entonces cuando ya no podía más mi príncipe se corrió en mi boca. No sabía muy bien que hacer pero decidí tragarme ese líquido. Tras unos momentos mi príncipe me agarró por los brazos y me levantó. Me dio un beso que me hizo flaquear haciendo que tan solo me sostuviese por sus manos.
—Lo has hecho muy bien—me dijo sonriendo. Me volvió a tumbar sobre la cama y me observó unos segundos.
Comenzó a acariciarme los pechos, les daba pequeñas palmaditas jugando con ellos, también jugaba con los pezones apretándolos y estirándolos. Todo aquello me daba mucha vergüenza y creo que me ponía colorada así que giré la cabeza e intenté ocultarla entre las sábanas. Cuando lo hice él paró, me cogió el rostro he hizo que le mirara.
—No quiero que ocultes tu rostro, quiero verlo en todo momento—me dijo—tienes un rostro precioso que me excita más que cualquier otra cosa.
Le hice caso, no quería enfadarle y aunque muchas veces tuve la intención de hacerlo lo evité como pude, porque quería que se excitase y disfrutase. Siguió jugando con mis pechos, se agachó y empezó a besarlos. Cuando mordió suavemente los pezones solté un débil gemido que no quería que escuchase pero no podía ocultarme. Después comenzó a acariciarme el sexo, más gemidos salieron de mi boca imparables. Me estaba excitando muchísimo. Mi príncipe me separó las piernas y se puso encima de mí.
—Voy a penetrarte—me susurró al oído en voz baja—ten calma, intentaré no hacerte daño.
Yo quería que lo hiciera pero tenía algo de miedo. Sentí como su sexo acariciaba el mío con la punta. El sexo de mi príncipe volvía a estar duro. De pronto la punta entró en mi interior, al principio me dolió mucho. Él me abrió un poco más las piernas y siguió penetrándome despacio. No pude contenerme y solté pequeños gritos de dolor y de placer a la vez. Pensé que eso le disgustaría pero no fue así. Acabó penetrándome hasta el fondo y comenzó a hacer movimientos cada vez más rápidos hasta que eyaculó dentro de mí. El placer que sentí no se puede describir, no solo era el placer del acto en si, sino también por haber complacido a mi príncipe. Cuando acabó se tumbó junto a mí de lado observándome. Me di cuenta de que él también jadeaba.
Mi príncipe me miraba a los ojos. A mí me daba vergüenza mirarle después de lo que habíamos hecho y desvié la vista.
—Mírame—me acarició el rostro con ternura—cuando estemos aquí haciendo esto quiero que me mires a los ojos sin miedo, me gustan mucho tus ojos—me daba vergüenza pero así lo hice, la verdad es que me encantaban sus ojos y no me cansaría de mirarlos.
Al cabo de unos minutos volvimos a hacer el amor y otra vez después de esa. Cuando acabamos yo estaba agotada y me dormí sin querer en la cama del príncipe. Cuando desperté él ya se había levantado y se estaba vistiendo. Me levanté rápidamente y me incliné ante él.
—Lo siento mi Señor, yo no quería…
—No pasa nada—me cortó—no me importa que te quedes dormida después de hacerlo en mi cama, pero vete en cuanto te despiertes.
—Sí, mi príncipe, gracias—me vestí y me dispuse a salir pero él me cogió del brazo. Me dio un largo e intenso beso que me hizo temblar.
—No le cuentes a nadie lo que hemos hecho, no me avergüenzo pero no quiero tener mala fama. ¿Entendido?—me estaba dando explicaciones cuando no habrían sido necesarias.
—Sí, mi príncipe, por supuesto, no se lo diré a nadie.
—Bien, puedes irte—salí del aposento de mi príncipe.
Nadie supo nada de aquella noche, al menos por boca mía, claro que muchos ya se imaginaban lo que pasaba. A la noche siguiente no me requirió en su habitación, ni a la siguiente. Yo deseaba con toda mi alma regresar a su cuarto y pasar otra noche con él, pero no me atrevía a pedírselo.

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