Nuestro momento predestinado [cap5]


Título: Nuestro momento predestinado
Fandom: Mentes Criminales          Pareja: Aaron Hotchner x Spencer Reid
Autor: KiraH69
Género: Yaoi, Slash
Clasificación: +18          Advertencias: lemon, violencia
Capítulos: 30 (5 de 30)
Resumen: El gobierno dice que Spencer Reid es el Alma Gemela de Aaron Hotchner, y Aaron siempre ha confiado en el sistema, pero ese chico flacucho con pinta de ayudante de profesor universitario y claros problemas de personalidad no puede ser su Alma Gemela. No le queda otro remedio que casarse con él, pero eso no significa que tenga que aceptarlo como su pareja.
Nota: Atención, esta es una historia dura que involucra a niños que han sido violados y torturados. Estos hechos no se describen en sí, pero sí se habla posteriormente de ellos y también se incluye la muerte de menores.

Capítulo 5

El vuelo a Quántico salió esa misma mañana y Aaron no volvió a ver al genio antes de despegar. Sentía un nudo en el pecho. Se había comportado como un auténtico idiota, como una persona despreciable. Se había dejado guiar por las apariencias a pesar de repetirse a sí mismo que no le importaban. Además, por su trabajo ya debería saber que las apariencias engañan. Y aun si no fuera así no tenía excusa, no se merecía que lo tratara como lo había hecho cuando se conocieron. Ni siquiera se conocían y lo único que había pensado es que tenía que ser una broma. Quizás no eran Almas Gemelas, pero podía haberlo manejado como un adulto. Se dio cuenta de cuánto debió de haberle herido en aquel momento. Tenía que disculparse por mucho más de lo que creía. ¿Pero cómo iba a hacerlo ahora? Le había dado su teléfono únicamente para quedar a revisar su matrimonio. Además, disculparse por teléfono no parecía lo más apropiado y no es como si estuvieran en la misma ciudad y pudieran ir a tomar un café y hablar.

—Suéltalo.

La voz de su amigo le sorprendió, ya en las oficinas de Quántico casi a las ocho de la tarde. Miró por la ventana del despacho que daba a la oficina y comprobó que no había nadie. Habían llegado a más de las siete y todos se habían marchado de inmediato a casa, el papeleo podría esperar.

—¿Disculpa?—preguntó, esperando por algún milagro librarse de eso. Pero David tenía esa expresión en su rostro de «sé lo que está pasando, pero quiero que me lo digas tú».

—Algo te ronda la cabeza desde que salimos de Las Vegas y tengo la sensación de que tiene que ver con cierto genio.

Aaron frunció el ceño, pero su mirada amenazadora no funcionaba con su amigo. David entró en el despacho y se sentó en una de las sillas frente a su escritorio. Cruzó las piernas y se recostó en el respaldo de la silla, indicando que podía esperar cuanto fuera necesario.

—¿Y bien?—insistió.

—Ese chico, el doctor Reid... ¿Recuerdas que te dije que mi Alma Gemela no se había presentado el día en que teníamos que casarnos? Bueno, pues... no era cierto.

—Oh, dios—esa fue probablemente una de las pocas veces en que David Rossi se había quedado boquiabierto—. ¿Ese crío es tu Alma Gemela? Ahora entiendo por qué estabas tan raro. ¿Qué demonios pasó?

—Yo, am... cuando le vi en el despacho del juez no podía creerlo y puede que fuera algo grosero. Nos casamos porque no tenía otro remedio, pero al salir simplemente... me fui. No intercambié números con él ni nada, apenas le pregunté de dónde era y ni recordaba de dónde me había dicho. La verdad es que no esperaba volver a verle. Y tengo que decir que ha cambiado mucho en estos cuatro años, apenas se le reconoce.

—¿Dejaste a tu Alma Gemela en los propios juzgados esperando no volver a verle?

—Cuando entré al despacho del juez, él estaba allí y pensé que era un becario. Creí que se trataba de una broma cuando me dijo quién era. Estaba... cabreado y confuso y sé que me comporté como un auténtico bastardo. Y sigo creyendo que ese chico no puede ser mi Alma Gemela, pero es cierto que no actué de la forma adecuada.

—Oh, ¿tú crees? ¿De verdad?—dijo sarcástico—. Estás casado con ese chico, Aaron. Haya habido o no un error, estás casado con él y te has pasado los últimos cuatro años ligando con mujeres viudas y con la esperanza de no volver a verle nunca. No me esperaba algo así de ti.

Aaron estaba algo asombrado, nunca había recibido una reprimenda así de su amigo, claro que tampoco se la había merecido nunca. Eso solo le hizo sentir incluso más culpable.

—Lo sé y ahora veo que realmente debí de hacerle daño con mis acciones y Reid es una gran persona y no se merecía algo así—se sentía como un niño pequeño siendo reñido—. Voy a disculparme, lo haré apropiadamente. Vamos a reunirnos para una revisión del matrimonio y lo haré entonces.

—¿Así que realmente piensas que no puede ser tu Alma Gemela?—parecía que su arrepentimiento había aplacado un poco su enfado.

—Para empezar no me interesan los hombres y Reid parece una buena persona y un gran profesional, pero no, no es mi Alma Gemela.

—De acuerdo, entonces espero que puedan aclararlo en la revisión y encuentren a tu Alma Gemela. Es hora de que dejes de intentar ligar, no se te da nada bien.

—Gracias—respondió molesto (aunque era cierto).



Un par de semanas después recibió un mensaje.

Spencer Reid » He vuelto a Chicago.

Estaba en ese momento en su despacho, acabando de regresar de un caso. Se quedó mirando el simple mensaje de cuatro palabras que claramente no esperaba una respuesta y sintió la necesidad de responder. Quizás comenzar un diálogo podría ayudar a su futura disculpa.

Aaron Hotchner » Espero que todo fuera bien.

Spencer Reid » Sí, gracias.

Bueno, definitivamente no quería respuesta, al parecer un diálogo no era una opción. ¿De qué se sorprendía? Había actuado como un profesional durante el caso, pero no era de extrañar que le detestara después de cómo le había tratado.

Comenzó a organizar la cita con el juzgado y, tras breves mensajes cada vez que uno de los dos tenía que cancelarla por trabajo, consiguieron reunirse mes y medio después. Esta vez fue él quien llegó primero y se preguntaba si Reid había estado tan nervioso mientras esperaba por él. No dejaba de mirar el reloj, aunque aún no era la hora. Había llegado casi cuarto de hora antes. Le vio llegar puntual, justo cuando la secretaria salía para hacerles pasar, así que apenas le saludó brevemente con una leve sonrisa antes de entrar.

—Aaron Hotchner y el doctor Spencer Reid, ¿verdad?—les preguntó la asesora cuando se sentaron frente a ella en su despacho.

—Así es—respondió Aaron, extrañado porque sus nervios estaban aumentando en lugar de calmarse.

—Quieren una revisión de su matrimonio porque no consideran que sean Almas Gemelas, ¿es así?

—Exacto—respondió Reid cuando Aaron no lo hizo.

—Bien, pues empecemos—la mujer les entregó dos tabletas con varias fotografías formato retrato en la pantalla—. Pasen las imágenes deslizando el dedo sobre la pantalla y señalen aquellas que reconozcan.

Había decenas, si no cientos de fotografías de diferentes épocas, tanto de pocas décadas atrás como de siglos. Entre aquellas fotografías estaban aquellos que habían poseído sus almas en el pasado, tanto las suyas como las de su Alma Gemela. Las Almas Gemelas están conectadas, siempre terminan juntas de un modo u otro y el recuerdo permanecía en el fondo de la memoria, por lo que si identificaban a los «antepasados» de ambos, quedaría claro que eran Almas Gemelas, mientras que si solo se identificaban a sí mismos sería evidente que habría habido un error. Aunque solo había habido dos errores registrados desde que se había instaurado el programa en todo el mundo.

Apenas habían comenzado, un teléfono móvil sonó. Reid rebuscó el móvil en su bolsa algo avergonzado, pero cuando vio el número en la pantalla su rostro pasó a ser de preocupación.

—Disculpe, tengo que cogerlo, es un paciente.

Ni siquiera esperó a que la asesora le diera permiso, dejó la tableta sobre la mesa y salió del despacho. Ya sabía de qué trataba esa llamada y no podía ignorarla.

—¿Danny?

«Spencer... No lo soporto, ha pasado otra vez», respondió una voz sollozante.

—Está bien, tranquila, estoy contigo. ¿Estás en tu habitación?—le dijo calmado.

«Sí, estoy en el armario».

—De acuerdo, cuéntame lo que ha pasado.

«Han sido los chicos del club de baloncesto. Me encontré con ellos yendo a clase y...», soltó un sollozo tembloroso. «Empezaron a seguirme al colegio mientras me insultaban, me llamaban maricón y travesti de mierda y todo lo de siempre».

—¿Qué hiciste tú?

«Quería llegar al colegio y esconderme allí, pero no pude aguantarlo y cuando vi un autobús en una parada me subí corriendo. Luego tuve que buscar otro para volver a casa y mamá está comprando y la he llamado, pero todavía tardará un rato y estoy sola y...».

—Está bien, tranquila. Estoy aquí contigo, no pasa nada. Voy a estar contigo hasta que regrese tu madre, ¿de acuerdo? Ahora quiero que te relajes. Respira hondo como te he enseñado. ¿Tienes alguno de tus peluches?

«Sí...».

—Bien, entonces abrázalo y respira hondo. Dentro... fuera... dentro... fuera...—guió su respiración lentamente hasta que pudo escuchar cómo se calmaba y dejaba de sollozar—. Eso es. ¿Por qué no me cuentas algo bueno que haya pasado?

«No, no tengo nada bueno que contar, estos días han sido una mierda. Cuéntame tú algo. ¿Qué estás haciendo?».

—Aah... Pues ahora mismo estoy en la revisión de mi matrimonio.

«¡Oh! Lo siento, no quería molestarte, no-».

—Tranquila, no te preocupes por eso. De hecho, puedo seguir haciéndolo mientras hablo contigo, ¿te parece?

«Sí, claro. ¿Y crees que te concederán la anulación? ¿Es imposible que sea tu Alma Gemela?», le preguntó, ansiosa por dejar de pensar en lo que le había pasado.

—Bueno, lo sabré en unos minutos. Las probabilidades de error son extremadamente bajas, pero no nulas—entró de nuevo en el despacho y cubrió el teléfono por un momento—. Disculpe, tengo que seguir hablando con ella hasta que llegue su madre. Puedo seguir haciendo la prueba mientras hablo.

La asesora le miró con el ceño fruncido, pero asintió con la cabeza. Spencer se sentó y colocó la tableta sobre sus piernas cruzadas, pasando las fotografías con una mano mientras sostenía el teléfono con la otra.

«¿Y tú quieres que lo anulen?», preguntó Danny.

—Hum... Esa es una buena pregunta y la verdad es que no sabría qué responder.

«Está él también ahí, ¿no? ¿Está bueno?».

—¿Disculpa?—replicó confuso.

«Tu marido, ¿está bueno? ¿Es sexy?».

—Oh, ya lo creo—respondió sin dudar, esforzándose por no mirar al hombre a su lado. Por supuesto que era atractivo, habría que ser ciego para no verlo. Solo esperaba que Hotch no hubiera escuchado la pregunta. Podía sentir su mirada, pero no quería girarse para comprobarlo.

«¿Entonces tiene una personalidad horrible?».

—¿Huh? ¿Por qué dices eso?

«Porque si está bueno, no veo otro motivo para que no lo quieras como tu marido».

—Bueno, no dije que yo no quisiera. Y no, no es en absoluto horrible—de hecho, aunque ya le encontraba interesante antes de conocerle en persona, tras su caso juntos simplemente le había maravillado. Cierto que con él había sido muy desagradable, sobre todo al principio, pero su trabajo como jefe y la forma en que se había manejado allí le había dejado impresionado. Quizás, si le hubiera conocido antes de decidirse por la psicología infantil, habría aceptado un puesto en la UAC.

«¡Wah! Entonces tú sí crees que es tu Alma Gemela. Aw... Es terrible que él no lo piense. ¿Qué vas a hacer cuando no os den la anulación?».

—Seguir como siempre, no cambia nada.

«Pero eso es triste, deberías poder ser feliz con tu Alma Gemela, es como se supone que debería ser. Si tú no puedes ser feliz que eres un genio, ¿cómo se supone que voy a tener esperanzas yo?».

—No digas eso, vas a ser feliz, estoy seguro de ello. Tienes a personas que te quieren y cuidan de ti, y no te faltan muchos años para estar con tu Alma Gemela. Él o ella te comprenderá y te aceptará tal y como eres, te lo prometo.

«No ha funcionado así para ti».

—Yo estoy fuera de las estadísticas desde que nací, no me tengas en cuenta.

«¡Ah! Mi madre ha llegado».

—Vamos, ve y habla con ella. Te llamaré cuando regrese para concertar una cita, ¿de acuerdo?

«De acuerdo, gracias Spencer».

—De nada, adiós—colgó el teléfono al tiempo que le devolvía la tableta a la asesora—. Ya he terminado. Y disculpe por la llamada.

—Está bien, no pasa nada. ¿Señor Hotchner?

—Aún no he...—¿Cómo había podido terminar de revisar las fotografías tan rápido incluso hablando por teléfono?

—No importa, por los resultados que estoy viendo ya ha quedado claro—les dijo observando su monitor—. Señor Hotchner, doctor Reid, ustedes son Almas Gemelas, no hay ninguna duda. Ambos han marcado tanto a sus propios antepasados como a los del otro, por lo tanto, la petición de anulación queda rechazada—la asesora tomó un sello y lo plantó sobre dos papeles, que después les entregó. Ambos observaron la solicitud con un gran DENEGADO en rojo en la mitad inferior—. Ya pueden marcharse. Y les sugiero que al menos lo intenten. En ocasiones no surge de inmediato, pero los resultados del test son evidentes.

Ambos se despidieron de la asesora y salieron al pasillo con la solicitud denegada en mano.

—Lamento que no nos hayan concedido la anulación, pero esto no tiene por qué cambiar nada. Esta tarde regreso a Chicago así que no tendrás que verme.

Reid dijo eso con una sonrisa y, por algún motivo, Aaron sintió una punzada en el pecho. ¿De verdad le parecía bien? Quizás era lo que pensaba que él quería. (¿No era así?). Aún tenía que disculparse por su comportamiento.

—Reid-

Apenas había abierto la boca cuando fue interrumpido por el teléfono del doctor.

—Disculpa, trabajo.

Aaron asintió, sabía muy bien lo que era eso. Reid sacó el teléfono y se apartó unos pasos para contestar. Al mismo tiempo sonaba también el teléfono de Hotch.

—Hotchner—respondió, quizás un poco más irritado de lo que pretendía.

«Hotch, han encontrado a 13 niños secuestrados en una granja de Manassas», le informó J. J. con voz algo alterada. «Aún no sabemos las condiciones en las que estaban los niños ni sus identidades, pero nos han encargado interrogar y analizar a los secuestradores, dos hermanos».

—De acuerdo. Ahora estoy en Washington, envíame la dirección de la granja y dile al equipo que se reúna allí conmigo, quiero revisar el lugar antes de interrogarlos.

«Enseguida».

Recibió de inmediato la dirección en su móvil, además de un informe preliminar. Reid seguía hablando por teléfono y había una profunda arruga entre sus cejas en un gesto de preocupación.

—Lo más urgente es organizar un centro en el que acomodarlos, al menos los primeros días. No quiero separarlos ni juntarlos con otros niños por ahora. Cuando lo tengas me envías un mensaje. Después de eso, ven en cuanto puedas y trae mi maleta, no tenía pensado quedarme más de un día aquí. Mándame la dirección y cogeré un taxi.

Colgó el teléfono y recibió un mensaje al momento. Cuando Hotch se acercó a él, levantó la cabeza y le miró como si hubiera olvidado por completo que estaba allí.

—Ah... Disculpa, pero tengo que irme, ha surgido un caso...

—¿La granja de Manassas?—preguntó cuando casi estaba a punto de marcharse corriendo—. Nos han encargado interrogar a los secuestradores. Yo también voy allí así que puedo llevarte en mi coche si te parece.

—Oh, fantástico. Démonos prisa entonces.

2 comentarios:

  1. ooooooohhh sufre desgraciado sufre..!!!!

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  2. Jaja pobrecito sufre cabronazo ,,solo un poquito el uke va a caer :v

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