Nuestro momento predestinado [cap3]


Título: Nuestro momento predestinado
Fandom: Mentes Criminales          Pareja: Aaron Hotchner x Spencer Reid
Autor: KiraH69
Género: Yaoi, Slash
Clasificación: +18          Advertencias: lemon, violencia
Capítulos: 30 (3 de 30)
Resumen: El gobierno dice que Spencer Reid es el Alma Gemela de Aaron Hotchner, y Aaron siempre ha confiado en el sistema, pero ese chico flacucho con pinta de ayudante de profesor universitario y claros problemas de personalidad no puede ser su Alma Gemela. No le queda otro remedio que casarse con él, pero eso no significa que tenga que aceptarlo como su pareja.
Nota: Atención, esta es una historia dura que involucra a niños que han sido violados y torturados. Estos hechos no se describen en sí, pero sí se habla posteriormente de ellos y también se incluye la muerte de menores.

Capítulo 3


Cerca de las tres de la tarde, el equipo se reunió en la sala que el Departamento de Policía les había proporcionado. Ya tenían su pizarra preparada con toda la información del caso y habían cumplido las tareas que Hotch les había encargado.

—Odio decirlo, pero... parece que ese chico tiene razón—comentó Morgan.

—No nos guiemos por sus teorías, empecemos con las nuestras desde cero—le advirtió Hotch seriamente.

—No pretendía esconder los cuerpos—comenzó Rossi—. Los dejó en lugares donde podrían encontrarlos y los tapó con una manta o lona pero dejó la cabeza al descubierto. Están peinados y limpios, cuidados. Eso no es obra de la misma persona que los violó y dejó todas esas marcas en sus cuerpos, una persona tan violenta no podría tratarlos de ese modo casi cariñoso.

Aaron apretó los dientes. Sabía que tenía razón, pero no le gustaba.

—Tampoco parece obra de un pederasta—continuó Prentiss—. La victimología está demasiado definida, por regla general los pederastas interesados en niños tan pequeños no suelen tener un tipo tan definido, muchas veces ni siquiera les importa el género. En este caso todos son blancos, de más o menos la misma edad, altura, complexión, color de ojos y de pelo... creo que son el sustituto de alguien.

Y eso coincidía también con el perfil de Reid.

—Tenemos a un sujeto dominante y violento y a otro sumiso y cuidadoso—intervino Morgan—. En el primer caso el niño se perdió y cualquiera de los dos pudo secuestrarlo, pero en los otros dos tuvo que hacerlo de un modo que no llamara la atención. Si un hombre se llevara a un niño se haría notar, aún más si es alguien como nuestro sujeto dominante, así que es muy probable que el otro sujeto sea una mujer y sea la encargada de secuestrar a los niños, seguramente engañándolos de algún modo para que confíen en ella.

Y eso también encajaba con lo que el doctor les había dicho a los policías.

Mierda, el perfil era perfecto. Si realmente coincidía con los Sudes cuando los encontraran, encima tendría que disculparse.

Sacó su teléfono y lo puso en manos libres después de darle a marcación rápida.

«Aquí vuestra diosa de la sabiduría, ¿en qué puedo ayudaros?».

—García, busca mujeres de entre treinta y cincuenta años que perdieran hijos de edades y características aproximadas a las de las víctimas—le pidió.

«Un segundo... Oh, me temo que hay demasiadas».

—Reduce la lista a aquellas cuyos maridos tengan alguna clase de antecedente por delitos violentos.

«Se ha reducido algo, pero menos de lo que imagina».

—Envíanos la información de esos y búscalos en las grabaciones de los centros comerciales los días posteriores al abandono de los cuerpos y previos a los secuestros.

«Estoy en ello», respondió la analista y Hotch colgó.

—De acuerdo, ahora vamos a comer y cuando terminemos nos pondremos con la información que nos envíe García.

Fueron a comer a un restaurante chino de la acera de enfrente, aunque con un caso así ninguno de ellos tenía apetito.

—Entonces, ¿de qué conoces a ese... doctor Reid?—le preguntó Prentiss.

Ahí estaba, sabía que no iba a librarse del interrogatorio.

—Ya os lo dijo él.

—No, en realidad nos dijo de qué conoce la Unidad, pero es evidente que vosotros os conocéis más allá de eso—insistió.

—Es personal y no es momento de hablar de ello—ni loco iba a decirles que estaba casado con él.

Nunca les había explicado por qué no tenía una Alma Gemela y estaba seguro de que habían asumido que había muerto antes de conocerse. El único que sabía que aquel día había ido a casarse era Rossi y al volver le había dicho simplemente que su Alma Gemela no se había presentado. Desde entonces, su amigo le había ayudado a conocer mujeres viudas o disponibles por algún otro motivo y, aunque no había llegado a tener ninguna relación seria, de vez en cuando se lo había pasado bien.

—Solo quiero saber si va a resultar un problema para la investigación. ¿Se verá tu juicio afectado?—le preguntó Rossi muy seriamente. Aaron sabía que no dudaría en hacer que se apartara de la investigación si lo consideraba necesario.

—Él hará su trabajo y nosotros el nuestro. Todos trabajamos con el mismo fin así que no debería de haber ningún problema—respondió, realmente esperando que sus palabras fueran ciertas.

—Eso espero—eso significaba que lo tendría vigilado de cerca.

Cuando regresaron a la jefatura de policía, se encontraron al doctor Reid en su sala. En la mesa había un montón de carpetas y él estaba leyendo los papeles que había en una de ellas a una velocidad que no parecía real, pasando el dedo de arriba abajo por el borde de las hojas.

—¿Puede saberse qué estás haciendo?—le preguntó Hotch mosqueado.

—Su analista ha enviado los expedientes de los posibles sospechosos, aunque aún faltan algunos por imprimir—se explicó, sin tan siquiera levantar la vista de los papeles—. Quería leerlos para ver si hallaba algo de utilidad. Por desgracia, será difícil encontrarlos de este modo, se necesitaría un análisis psicológico de ambos. Oh, y yo no reduciría la búsqueda a los que estén casados. Con la ley de matrimonios concertados es posible que no pudieran casarse.

—¿En serio puedes leer tan rápido?—preguntó Morgan sorprendido antes de que Hotch pudiera decir nada.

—20 000 palabras por minuto y memoria eidética. Sí, puedo leer tan rápido y lo memorizo todo.

—Wow, nos vendrías bien para algunos casos, guaperas. ¿Has encontrado algo?

Spencer le miró frunciendo el ceño por un momento ante ese apelativo y después regresó a los papeles.

—Por desgracia, el perfil del maltratador es muy similar en todos los casos, nuestro sujeto no destacará entre ellos. Sería más fácil encontrarlos a través de la mujer, pero sus problemas psicológicos no aparecerán en un informe policial y dudo que haya acudido a ningún especialista, siquiera al médico—se mordió el labio en un gesto molesto, cerrando la última de las carpetas—. Ahí tenéis el perfil geográfico, creo que será bastante aproximado ya que conozco bien la zona—les dijo indicando un mapa que había colocado en la pizarra.

—¿También haces de eso? ¿Es que eres un genio o algo así?—preguntó Prentiss sorprendida.

—Sí, pero por desgracia eso no me sirve para encontrarlos sin nuevas pruebas. Espero que vosotros podáis hacer algo, odiaría tener que esperar a un nuevo secuestro.

Pasó junto a ellos y salió de la sala. El equipo se quedó en silencio por un momento, mirando el mapa en la pizarra y las montañas de carpetas que ese chico había leído en lo que estaban comiendo.

—¿Vamos a usarlo?—preguntó Rossi.

—¿Qué?—Hotch no le comprendió por un momento y entonces Rossi indicó con la cabeza hacia el mapa con el perfil geográfico—. No sabemos si es exacto o no, podemos empezar por los que se encuentran en esa zona, pero no descartaremos al resto.

Eso era lo correcto, pero en realidad quería poder romperlo en pedazos y tirarlo a la basura. Ese chico engreído le estaba poniendo de los nervios. Hasta los peores policías con los que había lidiado eran menos molestos que él. Actuaba como si lo supiera todo, aunque tal vez lo sabía y tal vez su actitud engreída estaba justificada ya que era un genio. Sinceramente, prefería al crío que conoció la primera vez, no tendría ningún problema en echarlo de allí con apenas una mirada. No comprendía cómo había podido cambiar tanto en tan poco tiempo, cuatro años eran muy poco para cambiar de personalidad tan radicalmente.

Comenzaron a revisar los expedientes, pero, como había dicho Reid, era difícil distinguir unos de otros, todos tenían perfiles muy similares y muchos serían capaces de cometer delitos como el que tenían entre manos si se les presentaba la oportunidad.

Cuando ya era de noche y todos estaban agotados de leer los expedientes y repasar las pruebas que no les ofrecían nada nuevo, Hotch dio el día por terminado y les ordenó dirigirse al hotel. Al llegar allí, se encontraron con Reid registrándose en recepción con una mochila al hombro y un vaso de café en la mano.

—Oh, doctor Reid, ¿por qué no está durmiendo en su casa?—le preguntó J. J. con un tono formal que le sorprendió.

—Con Reid es suficiente y no hace falta que me trates de usted—dijo con una sonrisa algo cansada—. Ya no vivo en Las Vegas, hace años que vendí mi casa.

—¿Dónde trabajas ahora?—le preguntó Morgan.

—Tengo un consultorio en Chicago para algunos pacientes fijos, pero últimamente me desplazo por todo el país asistiendo en casos como este, generalmente atendiendo a víctimas supervivientes.

—¿Y ya puedes ayudarles pasando solo unos días con ellos?—preguntó Prentiss, mirándole con algo de desagrado.

Hotch asintió con la cabeza. Morgan y J. J. parecían encantados con el chico, se alegraba de tener al menos a alguien de su parte.

La recepcionista le dio la tarjeta para su habitación y se apartaron del mostrador para no estorbar a otros clientes.

—Les ayudo a pasar por los primeros momentos del trauma y analizo su estado para saber cuál sería el tratamiento más adecuado. Tras eso, les busco la mejor ayuda posible en su zona, pero nunca me voy hasta que considero que tienen lo que necesitan para recuperarse y siempre mantengo un seguimiento de todos.

Hotch sintió una punzada de culpabilidad. Hacía un buen trabajo después de todo, quizás incluso mejor que el suyo. Permanecía con sus pacientes mientras le necesitaban y se mantenía al tanto de su estado, mientras que ellos se marchaban tan pronto como era posible.

—¿Y ya ganas dinero de ese modo?—preguntó Rossi, con una ceja arqueada. Era extraño verle sorprendido, normalmente nada le sorprendía a esas alturas.

Reid tan solo se encogió de hombros como si intentara quitarle importancia y echó un largo sorbo a su café.

—¿Tienes alguna intención de dormir?—bromeó Morgan.

—No, la verdad. Iba a repasar el caso. No creo que pudiera dormir aunque lo intentara con la imagen de esos niños tan fresca en mi cabeza—tragó saliva incómodo y hubo un silencio. Todos sabían que, si conseguían dormir, tendrían pesadillas con el caso.

—Supongo que tu trabajo es aún peor que el nuestro—comentó Morgan y Reid le miró confuso—. Nuestros peores casos siempre son los que tienen que ver con niños, los tuyos siempre tienen que ver con niños.

—Hm. Visto de ese modo... Bueno, me subo a la habitación. Buenas noches a todos—se despidió casi apresurado y tomó el ascensor.

Había sido solo un segundo, pero por ese segundo Hotch había sentido que estaba delante del mismo chico que había conocido hacía cuatro años, como si estuviera demasiado cansado como para mantener su apariencia de persona normal. ¿Se trataba de eso? ¿Había estado entrenando para poder comportarse como una persona normal y poder disimular sus problemas de interacción social? Pues se le daba realmente bien.

—Hotch, no sé qué problema tendrás con ese chico, pero a mí me cae bien, no parece un mal tipo—le comentó Morgan, y J. J. asentía a su lado.

—Nunca dije que lo fuera. Ahora id a descansar, seguiremos mañana a primera hora.

Aunque se echó en la cama, Hotch tenía demasiadas cosas en la cabeza como para poder dormir. No solo el caso, en el que tenían un perfil bastante completo pero ninguna pista que les ayudara a llegar a los Sudes, sino también ese chico al que no había visto en cuatro años y con el que estaba técnicamente casado.

En aquel entonces, había pensado que no era más que un estudiante universitario con serios problemas para socializar, sin embargo, resulta que en aquel momento ya era psicólogo y había estado trabajando con Servicios Sociales. No había pensado mucho en él en esos cuatro años y siempre que lo había hecho había sido para odiarlo y despreciarlo. No era su culpa ser su Alma Gemela o que el gobierno se hubiera equivocado con la fórmula, pero no tenía a nadie más a quien dirigir su rabia por no tener la vida con la que había soñado. A esa edad ya se imaginaba con un par de niños al menos y felizmente casado con una maravillosa mujer. Por el contrario, salía los fines de semana que estaba en la ciudad en busca de alguna viuda y tenía que fingir que él también lo era, saboteando así desde el inicio cualquier relación sana a largo plazo. Había odiado a ese crío por ello, aunque no se lo merecía.

Ahora, el sentimiento de culpa comenzaba a corroerle por dentro al ver lo buena persona que era y lo dedicado que era a su trabajo, que además consistía en cuidar los niños que ellos rescataban y que al final dejaban prácticamente a su suerte una vez terminado el caso. Quizás debería disculparse con él antes de marcharse, al menos por haberle tratado tan despreciativamente en sus dos encuentros.

2 comentarios:

  1. jajajaja me encanta quiero a alguien acosando a nuestros amado reid o si quiera tirandole los perros..!!! me encanta..!!!

    ResponderEliminar
  2. Me encanto, es muy atrapante.
    Espero ansiosamente el prox cap

    ResponderEliminar