Nuestro momento predestinado [cap2]


Título: Nuestro momento predestinado
Fandom: Mentes Criminales          Pareja: Aaron Hotchner x Spencer Reid
Autor: KiraH69
Género: Yaoi, Slash
Clasificación: +18          Advertencias: lemon, violencia
Capítulos: 30 (2 de 30)
Resumen: El gobierno dice que Spencer Reid es el Alma Gemela de Aaron Hotchner, y Aaron siempre ha confiado en el sistema, pero ese chico flacucho con pinta de ayudante de profesor universitario y claros problemas de personalidad no puede ser su Alma Gemela. No le queda otro remedio que casarse con él, pero eso no significa que tenga que aceptarlo como su pareja.
Nota: Atención, esta es una historia dura que involucra a niños que han sido violados y torturados. Estos hechos no se describen en sí, pero sí se habla posteriormente de ellos y también se incluye la muerte de menores.


Capítulo 2

«Un antiguo dicho budista dice: cuando encuentres a tu alma gemela, recuerda que el acto de uniros a tardado 500 años en completarse, por ello apreciaos siempre y sed buenos el uno con el otro».
Spencer Reid.

4 años después

—Hotch, tenemos un caso—J. J. entró en su despacho a primera hora con expresión extremadamente seria. Eso no podía significar nada bueno.

—¿Qué es?

—Acaba de aparecer el tercer niño muerto en Las Vegas en lo que va de mes—respondió, dejando una carpeta en su mesa.

—Reúne a todos.

Cinco minutos después, García estaba junto a la pantalla en la sala de reuniones, mostrando los carteles de desaparecidos de los tres niños.

—Mark Miller, Andy Rickman y Sean O’Connor, de cinco, cuatro y cinco años respectivamente. El primero desapareció de una feria y los otros dos en centros comerciales. Todos aparecieron entre ocho y nueve días después de su secuestro en descampados... como podéis ver en las imágenes—la voz de García se quebró, ni siquiera era capaz de mirar a la pantalla.

En descampados que casi parecían el desierto, los pequeños cuerpos estaban cubiertos por una lona o una manta hasta el cuello. Por sus rostros parecían incluso estar durmiendo, pero se podían distinguir unas marcas oscuras en su cuello.

—Los estrangularon—comentó Morgan sin necesidad siquiera de mirar el informe del forense.

—No solo eso—J. J. hizo que García pasara a las siguientes fotografías.

Los cuerpos de las dos primeras víctimas aparecían desnudos en la mesa de autopsias. Sus pálidas pieles estaban cubiertas de moratones por todas partes, especialmente en las extremidades, pero también alrededor del cuello y el pecho.

—¿Los golpearon?—preguntó Morgan.

—No creo que la intención fuera golpearles—intervino Prentiss—. Por la forma de los moratones, parece que los estuvieran sujetando. Las marcas en las extremidades dan la vuelta completa al miembro, son manos grandes, de hombre, y por las del pecho parece que los estaban sujetando contra el suelo o algo así.

—Seguramente para mantenerlos quietos mientras los violaban—añadió Rossi. Todos sintieron las mismas náuseas al leer esa parte del informe—. Se ha encontrado semen en ellos. ¿No le importa que lo puedan pillar?

—O está seguro de que no lo pillarán por eso. Su ADN no está en ninguna base de datos—comentó Morgan.

—Suficiente, seguiremos en el avión. Quiero llegar antes de que secuestre a la cuarta víctima. En marcha en quince minutos.

Y en diez minutos estaban ya de camino al aeropuerto. El vuelo duró más de cuatro horas, pero cuando llegaron apenas eran las diez gracias al cambio de uso horario. El intenso calor de Las Vegas les golpeó nada más bajar del avión, seco y asfixiante. Sus coches les esperaban y agradecieron el aire acondicionado. Estaban demasiado vestidos para un lugar así.

Cuando llegaron a la jefatura de policía, esperaban al sheriff o al menos a una mayor cantidad de policías, pero apenas vieron a nadie nada más entrar. Entonces, un agente los llevó a una sala que estaba repleta de agentes uniformados y de detectives de paisano. Para estar tan atentos, imaginaron que estarían escuchando al sheriff. Aunque no alcanzaban a verle entre tantas cabezas, sí que podían oírle por el gran silencio que había a pesar de la cantidad de personas allí reunidas.

—Nos encontramos ante una pareja, un hombre y una mujer, puede que casados o viviendo juntos desde hace tiempo, de entre cuarenta y cincuenta años.

¿Estaba dando un perfil? Hotch y Morgan se apresuraron en entrar por un lateral, teniendo que apartar a algunos agentes para llegar al fondo, mientras los demás se quedaban fuera ya que era imposible entrar todos.

—La mujer los secuestra en lugares públicos aprovechando un descuido de los padres, consiguiendo la confianza de los niños probablemente gracias a su aspecto y comportamiento inofensivo y maternal. La intención de-

—¡¿Qué demonios?!—Cuando Hotch vio a quien estaba frente a los policías dando el perfil no pudo contenerse—. ¿Qué haces tú aquí?

Apenas lo recordaba y había cambiado mucho, pero llevaba la misma vieja bolsa de cuero atravesada al hombro, sin duda era él, su... bueno, marido.

—Oh, agente Hotchner, imaginé que les enviarían a ustedes—el chico le saludó como si nada.

—¿Qué estás haciendo tú aquí?—repitió Hotch, mirándole con el ceño fruncido como miraría a un sospechoso.

—Soy el doctor Spencer Reid, psicólogo infantil especializado en TEPT*—se presentó, dándole la mano a Morgan—. El sheriff me llamó para que ayudara con el caso. Sheriff Graham, este es el agente especial Aaron Hotchner, de la Unidad de Análisis de Conducta del FBI, y...

—Agente especial Derek Morgan—se presentó él mismo.

El sheriff les dio la mano a ambos, mirándoles con mala cara.

—Así que ustedes son los del FBI—ni siquiera intentó ocultar su disgusto al decir el nombre—. Bueno, si no les importa, el doctor Reid estaba dando su... perfil.

—Quizás ahora que han llegado ellos debería irme.

—No, no. Ni les conozco ni les he llamado yo. No voy a confiarles a nuestros niños solo a ellos. Prefiero que termines de dar tu perfil y que ellos den el suyo cuando estén listos.

—Sheriff-

—Mis chicos tienen trabajo que hacer—interrumpió a Hotch cuando este iba a objetar—, así que terminemos esto cuanto antes. Spencer—le indicó con un gesto de la cabeza que podía continuar.

—De acuerdo. Como iba diciendo—se volvió de nuevo hacia la sala, que acalló de inmediato los murmullos que habían comenzado—, la intención de la mujer no es hacerles daño. Es probable que perdiera a un hijo, puede que de la misma edad que las víctimas, y está buscando un reemplazo. Quiere ser la madre de estos niños. El problema está en su pareja, él es violento y la tiene completamente dominada. Aunque ella quiera cuidar de los niños, no es capaz de enfrentarse a él para protegerlos. Es probable, incluso, que su hijo biológico muriera de un modo u otro por culpa de él, pero nos encontramos ante una mujer maltratada, completamente sometida física y psicológicamente a su maltratador—continuó explicando mientras Hotch le miraba sorprendido. Apenas era capaz de reconocer al crío que había conocido cuatro años atrás. No solo por su ropa, un elegante traje tres piezas oscuro con camisa morada que se ajustaba bien a su cuerpo (igual de delgado), ni por su pelo más corto (aún un revuelto de rizos), sino por la confianza que desprendía que no tenía nada que ver con el síndrome de Asperger que parecía tener la única vez que se vieron.

» En cuanto a él, nos encontramos ante un pederasta, pero no necesariamente un pedófilo como es habitual. Para él la violación no es tanto un acto sexual como un acto de poder y dominación. Se lo hace a los niños porque son los que ha escogido su mujer, pero bien podría hacérselo a adolescentes o a adultos, dudo que sienta una atracción especial por ellos. Y, dado el grado de violencia, no será una sorpresa. Me refiero a que los vecinos no dirán «jamás me lo habría esperado de él», sino más bien «ya me lo veía venir». La mujer jamás lo habrá denunciado, pero es probable que lo hayáis tenido aquí por otro motivo, algo relacionado con algún delito violento, como peleas en bares, o incluso sexual.

—¿Puede que fuéramos a su casa por aviso de un vecino por violencia doméstica?—preguntó un policía.

—Para poder hacer lo que están haciendo es probable que vivan en una casa individual, lejos de oídos indiscretos, pero sí, es una posibilidad, a eso me refiero exactamente. ¿Alguna pregunta más?

—¿Cómo sabe que la mujer los secuestra para cuidar de ellos? ¿No es posible que los esté secuestrando para él?

—Es posible que exista cierta influencia del hombre sobre ella. El primer secuestro fue oportunista. El niño se perdió y la mujer se lo llevó aprovechando la multitud. Dado que las tres víctimas se parecen bastante, puede que le recordara a su hijo y lo hiciera en un impulso. Por el contrario, los otros dos secuestros fueron planeados, se llevó a los niños en un despiste muy breve de los padres en lugares que probablemente había investigado tras la muerte del niño anterior. Su intención sigue siendo cuidar de ellos, podemos apreciar esto en que el aspecto de los niños cuando los encontramos, a pesar de los moratones, es apacible. Ha limpiado cualquier resto visible, los ha peinado e incluso los arropa con esas mantas; pero es cierto que tal vez no los secuestrara si no fuera por la insistencia de él. Eso aún no podemos saberlo.

—Bien, poneos en marcha, haced todo lo que podáis con la información que tenéis para por lo menos evitar un cuarto secuestro—les dijo su sheriff con voz enérgica—. Ya hemos triplicado la vigilancia en centros comerciales y ferias, pero quiero que estéis muy atentos a cualquier zona con gran afluencia de gente. Revisad también posibles casos antiguos o denuncias que no llegaron a formalizarse que pudieran encajar en el perfil del doctor Reid. Sois buenos policías, no dudéis en hacer caso de vuestro instinto.

De inmediato la congregación comenzó a disolverse, vaciando poco a poco la sala. Cuando todos salieron, el resto del equipo entró y se acercaron al joven que acababa de dar un perfil del mismo modo que lo hacían ellos.

—Agente Rossi—su rostro se iluminó al verle—, es un placer conocerle, se lo dirán mucho, pero he leído todos sus libros. Me gustaría poder comentar algunos casos con usted en algún momento.

—Deja las formalidades, chico. ¿Quién eres exactamente? ¿Y de qué conoces a Aaron?—le preguntó, mirando de reojo a su compañero, cuya expresión era totalmente inescrutable incluso para él.

—Como dije antes, soy el doctor Spencer Reid, psicólogo infantil especializado en TEPT. El sheriff me llamó para ayudar con el caso ya que soy de la zona y conoce mi trayectoria profesional. Y conozco el trabajo de la UAC* desde hace unos años. Me planteé entrar antes de decidirme por especializarme en psicología infantil.

—Sheriff, este es el resto de mi equipo, los agentes especiales David Rossi y Emily Prentiss y nuestro enlace de comunicaciones Jennifer Jareau—les presentó, prácticamente ignorando a Reid. Al menos estaba agradecido de que no hubiera soltado que era su supuesta Alma Gemela y estaban casados—. ¿Hay algún lugar en el que podamos trabajar?

—Tienen libre la sala que hay junto a esta, si necesitan algo pueden pedírselo a alguno de los policías—le respondió secamente—. Si me disculpan, tengo trabajo.

Sin dedicarles una segunda mirada pasó junto a ellos y salió de la sala.

—No somos bien recibidos, ¿eh?—comentó Prentiss.

—No os lo toméis a mal. Aquí solo gustan los forasteros si vienen a gastarse el dinero en los casinos, para lo demás son muy suyos—le dijo Reid con una sonrisa de disculpa.

—Prentiss y Morgan, id a ver los escenarios y los lugares de los secuestros—comenzó a ordenarles, de nuevo ignorando la existencia de Reid—. J. J., prepara la sala para que trabajemos y contacta con las familias para hablar con ellas; Rossi, ve a examinar los cuerpos a la morgue.

Con un segundo más de duda de lo habitual ante el mal humor de su jefe nada más empezar el caso, los agentes se marcharon, dejándole solo con el doctor. Tan pronto como desaparecieron de su vista, Aaron se giró hacia el chico y vio cómo se tensaba ante su agresiva mirada.

—¿Por qué no me dijiste que me conocías?—le preguntó con una voz amenazante.

Reid tragó saliva, pero apenas se vio afectado por un segundo antes de recuperar la compostura.

—¿Cuándo debería habértelo dicho? ¿Antes del «esto tiene que ser una broma» o después del «nos veremos»?—replicó molesto.

Aaron no supo qué responder a eso, realmente no tenía ninguna excusa para aquello, simplemente no había esperado tener que volver a verle. Y, sin embargo, allí estaba, haciendo su mismo trabajo en una de sus investigaciones. Eso no le gustaba, ni le gustaba la forma en que le afectaba. Pronto tendría que encarar las preguntas de sus compañeros por su comportamiento. No tenía la más mínima intención de decirles que ese chico era su Alma Gemela, las burlas serían demasiado. Tenía que encontrar la manera de que se marchara de allí, tenía que demostrarle que tan solo estaba poniendo en peligro la investigación con sus teorías erróneas.

—Mira, me da igual aquello, ya fue hace tiempo, ahora solo quiero evitar que mueran más niños. Me voy a quedar porque el sheriff me lo ha pedido y se siente más cómodo trabajando con alguien de aquí. Intentaré ayudaros también para que no os ponga trabas. No me voy a entrometer en vuestro trabajo, solo haré el mío.

—¿Dar un perfil criminal es el trabajo de un psicólogo infantil?

—No solo trabajo con los niños. Para poder ayudarles mejor también he estudiado a las personas que causan sus traumas. He analizado a asesinos en serie, infanticidas, pederastas, secuestradores, maltratadores... De hecho, un miembro de la UAC, el agente Gideon, intentó reclutarme en uno de sus seminarios hace tiempo—comentó Reid, sabiendo que el Jason Gideon aún era un reputado agente dentro del FBI aunque hubiera dejado la Unidad hacía unos años—. Conozco a las personas que llevan a cabo estos crímenes y actúo a menudo como asesor en algunos de estos casos. Tengo experiencia suficiente como para ser de ayuda.

—¿Experiencia? ¿Tienes cuántos... veinticuatro años? ¿Qué experiencia puedes tener?—entonces recordó que, cuando lo conoció, el juez le había llamado también «doctor». Solo tenía veinte años en aquel entonces, imposible.

—Llevo trabajando como psicólogo independiente tres años y previamente trabajé otros tres años para Servicios Sociales. Y antes de que preguntes cómo es eso posible, soy un genio certificado con un CI de 187 y tengo ya dos licenciaturas y tres doctorados. Estoy cualificado para este trabajo y voy a seguir ayudando aquí tanto si te parece bien como si no.

Aaron estaba sin habla. ¿Lo estaba diciendo en serio? ¿Aquel crío que ni siquiera había sido capaz de mirarle a la cara cuando se conocieron era un genio con más estudios que todo su equipo junto? Era cierto que aquellos con un nivel mayor de inteligencia a menudo tenían problemas para relacionarse socialmente, aunque el chico que ahora tenía frente a él no parecía tener ningún problema en absoluto.

—Si te equivocas con tu perfil podrías estar llevando la investigación en un camino totalmente erróneo—no tenía nada más que argumentar en contra de todo lo que le había dicho.

—Estoy seguro de que no me equivoco. Y, si me disculpas, me gustaría realizar un perfil geográfico, podría ser útil para reducir el radio de búsqueda.

Reid salió de la sala y Aaron se quedó solo, molesto, enfadado y aturdido. No le gustaba su propia reacción ante lo que sucedía. Siempre era frío y sereno, pero esto le afectaba de un modo demasiado personal. Debía concentrarse en el caso, guardar la compostura y comportarse de forma profesional como siempre hacía. Ese chico podía estar equivocado en su perfil y ellos tenían que hacer lo posible para que la investigación tuviera éxito, tenían que hacer su trabajo.


* TEPT: Trastorno de estrés postraumático.

UAC: siglas de la Unidad de Análisis de Conducta (Behavioral Analysis Unit).

1 comentario:

  1. me impresiona mi querido reid, me encanta que lo ponga en su lugar de verdad me gusta mucho, tonto tonto aaron espero que no te arrepientas..!!!

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