Huyendo [cap6]


Título: Huyendo
Fandom: Chuck          Pareja: John Casey x Chuck Bartowski
Autor: KiraH69
Género: Yaoi, Slash
Clasificación: +18         Advertencias: lemon, algo de violencia
Capítulos: 11 (6 de 11)
Resumen: Al fin han conseguido reproducir el Intersect y de nuevo ordenan a Casey matar a Chuck. Nada interrumpe esta vez, pero... no puede hacerlo, simplemente no puede. Hora de huir.
Aviso: muchos de los lugares que se describen en esta historia son reales (carreteras, restaurantes, hoteles...), pero no así las personas; los personajes secundarios son totalmente inventados.

Capítulo 6


Chuck despertó cuando Alex entró en la habitación y el olor de la comida estimuló su nariz.

—Mm... No pensé que habría nada abierto.

—Es prácticamente hora de comer, has dormido hasta tarde, lo que no es de extrañar.

Dejó las bolsas en la mesa y Chuck se incorporó y se sentó en la cama con las piernas dobladas. Alex le miró por un momento y le arrojó una de sus camisetas, negra y con el dibujo de un tanque en la parte frontal. Cuando le vio con ella puesta se arrepintió de habérsela dado.

—Ggrrh...—gruñó largo y profundo.

Chuck le miró sorprendido y sonrió al ver su expresión.

—Uno nuevo.

—¿Huh?

—Un gruñido nuevo. ¿Cómo debería traducirlo? ¿«Te sienta tan bien mi camiseta que estoy a punto de saltarte encima»?

Alex frunció el ceño, mirándole con ojos entornados. Ese chico se había vuelto muy descarado de repente, aunque había acertado. La camiseta, demasiado grande para él, dejaba al descubierto la base de su cuello y cubría sus calzoncillos pero dejaba sus muslos al aire, casi haciendo parecer que no llevaba ropa interior. Demasiada piel demasiado tentadora que se vería demasiado bien con unas cuantas marcas. Se dio la vuelta y comenzó a meter toda la ropa sucia de ambos en la mochila vacía de Chuck.

—Tengo un límite, deberías saberlo. Si me haces traspasarlo, no me hago responsable de las consecuencias. No me provoques.

Por un lado Chuck quería continuar y ver en qué acababa, ver las «consecuencias», pero no se sentía preparado para ello, así que decidió centrarse en la comida por ahora. Quizás en el futuro se tomaría su tiempo provocándolo hasta que perdiera el control, realmente era tentador.

—Cuando vuelva no quiero ver ni un solo resto en las bandejas o tendré que obligarte a comerlo—le advirtió tajante.

Cuando se dio la vuelta para salir con la mochila al hombro, Chuck le agarró por la muñeca. Se giró para mirarle y vio su rostro lleno de preocupación.

—¿Tú no comes?

—Estoy bien—los dedos presionaron un poco más alrededor de su muñeca.

—Tú eres fuerte y siempre sabes lo que hacer en cualquier situación. Si enfermo, puedes cuidarme, pero no sé si yo podría si el que enfermara fueras tú.

Alex suspiró. Nunca había tenido a nadie preocupándose por él de ese modo y sintió el impulso de inclinarse sobre él y besarle y abrazarle para hacerle sentir seguro, pero no lo hizo.

—Comeré en la lavandería mientras espero, ¿de acuerdo?

Chuck asintió con la cabeza y soltó su muñeca, dejando que sus dedos se rozaran mientras apartaba la mano lentamente. Solo una acción más, solo una palabra más y Alex sería incapaz de salir de la habitación. Cerró la puerta de un portazo antes de escuchar lo que Chuck iba a decir. El joven se quedó con la boca abierta, solo quería decirle que tuviera cuidado. Suspiró y comenzó con el desayuno-comida que Alex le había llevado, todos platos que le encantaban además de unas bebidas energéticas y un frasco con vitaminas. Chuck se preguntaba si en su expediente aparecían sus platos favoritos o si Alex se había estado fijando más en él de lo que pensaba, quizás no solo por trabajo.



Alex regresó horas después con varias bolsas en ambas manos y se encontró a Chuck en la cama zapeando por los canales de la televisión canadiense, sentado contra el cabecero y cubierto hasta la cintura con las mantas, aún con su camiseta. Echó un vistazo a las bandejas de comida sobre la mesa. Estaban limpias y había también una botella vacía.

—Me lo he comido todo, ¿tengo premio?—le preguntó con una sonrisa entre pícara y tímida. Alex respondió con un gruñido que Chuck tradujo como «no me provoques».

Dejó la mayoría de las bolsas en el suelo junto a la pared, además de la mochila con la ropa limpia y otro par de bolsas en la mesa, retirando los envases usados.

—¿La cena? Es un poco pronto.

—Prefiero comerla fría que volver a salir nevando.

—¡¿Nevando?!

Chuck se levantó de un salto de la cama y se plantó frente a la ventana. Abrió las cortinas y se encontró con una calle iluminada solo por las farolas y las luces de las tiendas a pesar de que aún no había anochecido del todo. El cielo estaba completamente cubierto de nubes y los copos de nieve comenzaban a caer, aún demasiado escasos y finos como para acumularse en el suelo o los coches.

—Nunca había visto nevar.

Mientras él miraba ensimismado la calle llena de paraguas, Alex le observaba a él. La emocionada expresión en su rostro, casi infantil, sonriente y con ojos brillantes. Un atisbo de felicidad tras los que habían sido los peores días de su vida. No le gustaba la nieve, iba a hacer el resto del camino más complicado, pero si despertaba esa reacción en su compañero entonces no tendría queja.

El joven sintió la penetrante mirada en su cuerpo. Había dejado de observar su rostro para descender lentamente por la curva de su espalda, por su trasero cubierto por la tela de la camiseta, hasta quedarse en la piel desnuda de sus largas y perfectas piernas, casi sin vello, y las marcas que había dejado en sus muslos cuando le masturbaba. La expresión de Chuck había pasado de ser tranquila y casi ensoñadora a ponerse algo tensa, presionando los labios en una fina línea, y le miró de reojo con lo que le pareció era... ¿deseo?

—Parece...—pausó para humedecerse los labios—. Parece que tu tratamiento hizo efecto, he podido dormir un buen rato sin pesadillas—Alex avanzó un par de pasos hacia él y Chuck permaneció inmóvil con las manos sobre el estrecho alfeizar—. Quizás deberíamos... repetir el tratamiento para... um...

—¿Para relajarte y pasar la noche sin pesadillas?—ya estaba tras él, sus dedos apenas rozando la tela de la camiseta a la altura de sus caderas y su aliento erizándole los pelos de la nuca.

—Sí, esa es... una buena excusa. Unh...—suspiró cuando sintió los labios de Alex en su cuello y de inmediato inclinó la cabeza para dejarle más espacio. Alex no pudo resistirse ante un acto tan inconsciente de sumisión y mordió en la unión entre cuello y hombro—. ¡Ah! Alex... Nnh...—se sorprendió y echó el cuerpo hacia atrás presionándolo contra el de su compañero.

Alex gruñó. Ya estaba duro y la presión de ese delicioso trasero contra su entrepierna podía volverle loco. Le agarró por las caderas y lo empujó contra la ventana. Chuck gimió casi lastimero y su polla reaccionó al sentirse manejado tan bruscamente. Agarró las cortinas y las cerró, no quería que nadie de fuera viera lo que iban a hacer (aún no muy seguro de lo que sería). Suavizando con su lengua la marca del mordisco, no lo bastante fuerte para hacerle sangre, Alex deslizó las manos bajo su camiseta y Chuck casi saltó en el sitio ante la sensación de sus dedos.

—¡Tienes las manos heladas!—giró el rostro y presionó la frente contra la suya, rozando también sus mejillas—. La cara también, te has congelado ahí fuera.

Chuck se dio cuenta de lo que estaba haciendo, sus rostros rozándose, sus labios realmente cerca. Sintió calor en sus mejillas. Aun no se habían besado. Se quedaron mirándose por un momento, con las pupilas dilatadas. Tan, tan cerca.

—Enseguida voy a entrar en calor—le susurró y sus manos comenzaron a subir por su vientre.

El joven sintió un escalofrío, pero los lugares que Alex había tocado rápidamente parecían arder. El gran cuerpo de su compañero presionó contra su espalda y gimió al sentir su erección atrapada contra la pared. Estaba totalmente inmovilizado y no podía creer cuánto le gustaba la presión sobre su cuerpo y las grandes manos acariciando su pecho. Echó la cabeza hacia atrás sobre el hombro de Alex con un gemido cuando pellizcó al mismo tiempo ambos pezones erectos. Su compañero se relamió los labios, en esa posición tenía pleno acceso a su cuello y no pensaba desperdiciar la oportunidad. Tenía mucho autocontrol, pero sería idiota si no aceptara cuando se le ofrecía de ese modo. Lamió su cuello desde la base hasta la oreja, besó su mandíbula y siguió bajando por su garganta, sintiendo la nuez agitarse y los dulces gemidos llenar sus oídos mientras mordía y besaba aquella sensible piel, dejando más de una marca a su paso.

—Alex... por favor...—jadeó, no muy seguro de qué estaba pidiendo. Evidentemente aún no estaba preparado para el sexo, pero necesitaba algo, necesitaba alivio, su miembro estaba dolorosamente erecto.

El gruñido de Alex vibró por todo su cuerpo, llevándolo casi al límite. Sonaba tan animal, tan salvaje. Joder, estaba empezando a replantearse la idea de no tener sexo. Soltó un quejido realmente molesto cuando el cuerpo de Alex se apartó del suyo aun sin llegar a soltarle. Llevó una mano hacia atrás para intentar agarrarle, lo quería de vuelta. Entonces se quedó paralizado cuando sintió que su compañero levantaba y estiraba una de las perneras de sus calzoncillos hasta que sus bolas quedaron al descubierto. Casi entró en pánico. ¿Realmente iba a...? Pero antes de que dijera nada para detenerlo, Alex deslizó su miembro dentro de la tela y lo presionó entre sus nalgas. Chuck suspiró aliviado, aún más cuando la presión regresó sobre su cuerpo.

—Si quieres que pare dilo.

—¡No! No, esto está bien, sí...—era una sensación extraña, pero de ningún modo quería que se detuviera.

Alex le agarró por ambas muñecas y sujetó sus brazos contra la ventana por encima de la cabeza. Lo cubría con su cuerpo casi como una manta y desde la primera embestida no pudo contener los gemidos. Sentía el miembro duro y caliente frotar entre sus nalgas con fuertes golpes de cadera que lo empujaban contra la pared y las cortinas. Su miembro aprisionado, torturado, parecía a punto de derretirse, sus calzoncillos ya estaban húmedos. No había lubricación solo pura fricción y los guturales gruñidos de Alex que le hacían temblar de pies a cabeza. Y se sentía taaan bien.

Sabía que sus piernas ya no tenían fuerza, solamente la presión del cuerpo de Alex lo mantenía en pie. Se dejó llevar y llegó al orgasmo sin poder tocarse, gimiendo el nombre de su compañero. El sonido de su voz fue suficiente para que Alex perdiera el control. Con unas últimas sacudidas que hicieron crujir el cristal, se corrió entre sus nalgas, empapando su trasero.

No se movió hasta que estuvo seguro de tener de nuevo el control. Rodeó el pecho de Chuck con un brazo y le ayudó a sostenerse cuando se apartó. Lo llevó hasta la cama y le ayudó a tumbarse boca arriba, parecía estar balanceándose al borde del sueño. Emitió un quejido incómodo cuando sintió la humedad en su culo y Alex le quitó los calzoncillos. Tendría que lavarlos enseguida o de lo contrario tirarlos. Aprovechó mientras Chuck aún estaba atontado y le limpió con una toalla húmeda. Le cubrió con las mantas y se puso a recoger las cosas.

Necesitaba hacer algo, mantenerse ocupado, o comenzaría a pensar sobre lo que acababan de hacer y se volvería loco. Chuck había estado tan dispuesto. Ni una sola palabra en contra de su brusquedad, de hecho estaba seguro de que le había gustado. Solo había mostrado miedo cuando creía que lo iba a penetrar, pero se desvaneció en cuanto comenzó a restregarse contra sus nalgas. Nunca había imaginado que podría tener a Chuck de ese modo, tan hermosamente sumiso, entregándose a él y dejándose controlar. Quizás solo era sexo para aliviar el estrés, pero le parecía bien, al menos por ahora.

No tardó en sentir la mirada de Chuck siguiéndole por la habitación. Cuando no aguantó más se detuvo y le devolvió la mirada.

—¿Qué?

—Um, no, solo estaba pensando que... eres como un animal durante el sexo—aunque consiguió que su voz se mantuviera uniforme, no pudo evitar que sus mejillas se ruborizaran al decirlo.

—Ya me lo habían dicho—respondió en un tono neutro, sin que su rostro mostrara ninguna expresión clara, lo que desconcertó un poco a Chuck, pensó que presumiría de ello.

—Realmente debes dejarlas desarmadas cuando te acuestas con ellas.

Alex le dio la espalda mientras seguía arrancando las etiquetas de la ropa que acababa de comprar.

—A las mujeres no suele gustarles el sexo a lo bestia que les deje marcas por todas partes, al menos no como yo lo hago, es demasiado doloroso. Normalmente me contengo con ellas.

Chuck le miró con una ceja levantada. ¿Hablaba en serio? Levantó el brazo derecho en alto y miró su muñeca a la luz de la lámpara. Estaba roja y seguro que iba a haber un moratón. La izquierda estaba igual. En sus muslos aún se veían las marcas de aquella mañana y estaba seguro de que habría otras marcas por su cuello. Su cuerpo iba a estar dolorido, sin duda, pero se sentía tan relajado que no le importaba en absoluto. Estaba sonriendo cuando Alex le miró y con esa misma sonrisa le respondió.

—A mí me gusta.

Y Alex sintió que estaba perdido, ya no tenía remedio, jamás podría deshacerse de sus sentimientos por ese adorable friki.

—Mm... pero... um...

—¿Qué pasa?—preguntó carraspeando, intentando que su voz no desvelara cómo se sentía por dentro.

—Si... um... si tenemos sexo, me refiero a... penetración, um... hacerlo a lo bestia puede...

Alex dejó la ropa y dio la vuelta a la cama hasta quedar de pie a su lado. Le agarró por los cabellos, echando su cabeza bruscamente hacia atrás para que le mirara. El suave gemido que soltó le recorrió hasta la entrepierna y contuvo un gruñido.

—Cuando te folle, me aseguraré de prepararte más que suficiente para no hacerte daño. Será inevitable que duela un poco, al menos las primeras veces, pero nunca te haría daño a propósito de ese modo.

—Ah, va-vale, porque no quiero acabar desangrándome por no... Espera, ¿has dicho «cuando»? O sea que tienes claro que vamos a...

—Por supuesto—se inclinó sobre él hasta que sus frentes se rozaron—. Y si sigues comportándote como la perra en celo que has sido hoy, estoy seguro de que no tardaremos mucho.

Chuck sintió el calor en su rostro, estaba casi ardiendo. Alex sonrió y regresó a lo que estaba haciendo, dejando que se sintiera avergonzado por lo que le acababa de decir.

Un rato después Chuck se levantó de la cama para cenar. Alex se alegraba de haberla comprado con antelación porque ahora fuera estaba nevando con intensidad.

—¿Qué tenemos de cena?—preguntó acercándose a la mesa. Cuando Alex no respondió y se quedó mirando fijamente sus piernas, Chuck bajó la mirada. No llevaba calzoncillos, solamente estaba cubierto por la camiseta de Alex y ni siquiera le tapaba del todo. Ahora lo recordaba, su compañero se los había quitado después de su sesión frente a la ventana porque estaban empapados. Agarró el borde de la camiseta y lo estiró hacia abajo, casi dándola de sí—. Am... ¿Pu-puedes alcanzarme unos calzoncillos?—le pidió, pero Alex no respondió, siguió mirándole fijamente con las pupilas dilatadas y una expresión de deseo—. ¡Alex!

Por fin levantó la cabeza y le miró a la cara. Pareció sopesar por un momento las opciones y decidió finalmente que Chuck tenía que comer, era lo más importante.

—Ponte unos calzoncillos—le dijo pasándole unos limpios de la mochila.

—Sí, gracias—respondió sarcástico.

La erección en los pantalones de Alex era difícil de ignorar para cualquiera de los dos mientras cenaban, pero de algún modo lo consiguieron. Terminaron de cenar y se metieron en la cama sin más sexo de por medio. Chuck pensó que se dormiría nada más taparse con las mantas, pero no fue así. Se sentía inquieto, no podía dejar de dar vueltas, había algo que no terminaba de estar bien. Faltaba algo, necesitaba algo. Sabía lo que era, pero no se atrevía a decirlo en voz alta.

—Estate quieto, duerme—gruñó Alex, tumbado en su lado dándole la espalda.

—Mm... Lo siento—le miró de reojo y apretó los labios. Le dio también la espalda e intentó dormir, pero aún estaba inquieto, apenas podía cerrar los ojos.

—¿Qué pasa?—su voz sonó aún más irritada.

—Na-nada...

Alex se incorporó, sacudiendo toda la cama con su repentino movimiento, y le miró fijamente con el ceño fruncido.

—¿Qué. Pasa?—repitió, marcando cada palabra.

—Ah... Yo...—estaba tan asustado que no se atrevió a mentir—. ¿Podríamos dormir acurrucados?

Por suerte apenas entraba luz por la ventana y Alex no podría ver el rubor en su rostro. No tenía ni idea de cuál iba a ser la respuesta, no creía que su compañero fuera del tipo que le gustara acurrucarse, aunque lo hubiera hecho para ayudarle a pasar las pesadillas. Escuchó un gruñido que no había oído antes y no sabía traducir, pero no parecía de disgusto ni molestia. Entonces, Alex le agarró del brazo y le tumbó de lado. Se echó tras él, rodeó su vientre con un brazo y deslizó una pierna entre las suyas de un modo posesivo. Sus cuerpos estaban pegados, amoldándose perfectamente el uno al otro.

—¿Así está bien?

—S-sí... perfecto.


Realmente perfecto. Sintió su cuerpo relajarse al instante, sintiéndose seguro, cálido e increíblemente cómodo. No tardó nada en quedarse dormido, sin pesadillas, solo una larga noche de sueño reparador.

1 comentario:

  1. Nooooooo.ahora quedé con ganas de masllorar. No puede ser . Gracias kira

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