Huyendo [cap9]


Título: Huyendo
Fandom: Chuck          Pareja: John Casey x Chuck Bartowski
Autor: KiraH69
Género: Yaoi, Slash
Clasificación: +18         Advertencias: lemon, algo de violencia
Capítulos: 11 (9 de 11)
Resumen: Al fin han conseguido reproducir el Intersect y de nuevo ordenan a Casey matar a Chuck. Nada interrumpe esta vez, pero... no puede hacerlo, simplemente no puede. Hora de huir.
Aviso: muchos de los lugares que se describen en esta historia son reales (carreteras, restaurantes, hoteles...), pero no así las personas; los personajes secundarios son totalmente inventados.


Capítulo 9

Estaba en una cama y era cálido, pero no se sentía correcto. ¿Por qué no? Estaba solo, no tenía esos brazos a su alrededor, no sentía ese calor abrumador que hacía que su cuerpo se derritiera. Lo necesitaba, desesperadamente. Estaba solo y eso no le gustaba. ¿Por qué no estaba con él? Alex. Estaba oscuro o simplemente no podía abrir los ojos, daba igual. Necesitaba sentirlo, necesitaba saber que seguía vivo. Lo necesitaba su lado. Su cuerpo se revolvía, peleaba contra las mantas, contra alguien, porque así no es como debía ser. Si estaba ahí fuera tenía que ir a buscarle. Alex. No podía dejarle solo. No podía perderle.

—¿Lo tienes?

—Sí, lo tengo. Vamos, chico.

Voces amortiguadas en sus oídos, ininteligibles. Se sentía arrastrado y forcejeaba apenas moviendo su cuerpo. Y sabía que hablaba, algún sonido salía de su boca, pero no sabía qué decía. Alex. ¿Por qué no estaba ahí? ¿Dónde estaba? Tenía que ir a buscarle, lo necesitaba. ¿Cómo podría sobrevivir sin él? ¿Querría siquiera hacerlo?

Entonces otra cama y un cuerpo caliente. Ese calor abrumador que le derretía. Alex. Se abrazó a él como si fuera su salvavidas, como si no pudiera respirar si no estaba su lado, y lloró porque Alex estaba con él y eso era... lo correcto.




—Ngghh...—la luz se filtró entre sus párpados y se esforzó por cerrarlos y apagarla. Se sentía cómodo, con un cálido y agradable cuerpo sobre él. No quería despertar. Entonces recordó el bosque y el coche y... nada más. ¿Qué había pasado? ¿Aún estaba en el bosque? ¿En el coche? Se sentía demasiado bien para ser así. Chuck. Estrechó el brazo alrededor de su cuerpo ‒ porque sabía que era su cuerpo ‒ y estaba caliente pero no febril y ya no temblaba. Recuperado. Una punzada de dolor atravesó su hombro y ya no se sentía tan bien. Forzó sus ojos a abrirse. Tenía que comprobar qué estaba pasando, dónde estaba, cómo se encontraba Chuck... y cuando se encontró con sus grandes ojos brillantes mirándole con una sonrisa su cuerpo se relajó por completo y se olvidó de todo lo demás.

—Alex...—dijo su nombre con un tremendo alivio—. Buenos días.

—Buenos días—su voz sonó más ronca de lo habitual y le costó pronunciar cada sílaba como si su lengua estuviera hinchada.

La sonrisa de Chuck se hizo aún más grande y unas lágrimas asomaron en sus ojos. Estaba tan feliz de que al fin hubiera despertado.

—Ah, sí, agua—fue a levantarse para darle el vaso sobre la mesilla, pero Alex lo mantuvo inmóvil contra su cuerpo con su brazo.

Se miraron el uno al otro, simplemente embebiéndose en la existencia del otro. Chuck acarició su rostro con una mano, sus dedos recorriendo la línea de su cabello, su mejilla, su mandíbula, sus labios. Se inclinó y le besó, porque solo verle y tenerle a su lado no era suficiente y porque era lo correcto. Ni siquiera pensó hasta más tarde que ese era su primer beso. No era nada romántico ni especial, solo la reafirmación de que estaban vivos.

Chuck suspiró cuando se separaron y por un momento permanecieron con sus labios rozándose.

—¿Cómo te sientes?—le preguntó al fin, alcanzando ahora sí el vaso de agua.

Feliz de que estés vivo y de tenerte conmigo, pensó mientras tomaba un sorbo, pero sabía que no era eso lo que le estaba preguntando.

—Duele, pero eso es bueno.

—¿Es bueno?

—Sí, significa que estoy vivo. Es mejor que el entumecimiento—mejor que sentirme congelado en ese maldito bosque. Chuck asintió y pasó sus dedos muy ligeramente sobre el vendaje en su hombro—. ¿Cómo te sientes tú?

—Cansado, sin apenas fuerzas, pero me voy recuperando. Hace horas que no tengo fiebre y he podido comer algo.

—¿Dónde estamos?—echó un vistazo alrededor. Era una pequeña habitación austera con vigas de madera y cortinas y colcha de flores pálidas.

—En casa de los Elliott. Nos estrellamos con el coche contra un árbol y ellos nos encontraron cuando regresaban a su casa en La Ronge desde Saskatoon a primera hora—le explicó—. Son un matrimonio muy amable, buenas personas. Te han curado la herida y también se han ocupado de mí.

—¿Les has contado...?

—No han preguntado, todavía, pero no son tontos. Esa herida no te la puedes haber hecho estrellando el coche.

—Pensaremos en algo. Tenemos que buscar otro plan—las cosas no se veían bien para ellos.

—Black Lake está descartado, ¿no?

—Canadá parece descartado—aclaró—. Pero, decidamos lo que decidamos, primero tendremos que descansar y recuperar fuerzas. No voy a arriesgarme a llevarte de viaje de nuevo sin que estés recuperado del todo.

—Mira quién habla. Tú eres el que tiene un agujero de lado a lado.

No supo de dónde sacó las fuerzas, pero Alex soltó una risa algo dolorida y Chuck rio con él.

—Sobrevivimos. ¿Cómo?—en su mente todo estaba borroso, no sabía lo que había sido real ni lo que había sido un sueño o una alucinación.

—Cuando estábamos en ese refugio, Walker apareció. Al parecer no sabía nada de que el gobierno quisiera matarte. Nos dejó vivir y les dijo a sus compañeros que había visto nuestros cuerpos flotando en el río. Cuando estuve seguro de que todos se habían marchado, regresamos al coche y... debí de desmayarme mientras conducía.

—¿Regresamos al coche? Estoy bastante seguro de que yo no regresé a ningún sitio. Apenas recuerdo llegar a esa semicueva.

—Te llevé al hombro. Para ser tan alto pesas realmente poco, tienes que comer más y vamos a trabajar esos músculos.

—Oh, dios, eres mi héroe—se echó a reír de nuevo y se abrazó a él, apoyando la cabeza sobre su hombro bueno.

—¡Ah! Creía estar oyendo hablar. Pensé que Chuck estaba delirando de nuevo—una mujer de mediana edad con una larga melena negra entró en la habitación llevando una bandeja con comida.

—Maddie, al fin despertó—le dijo con una sonrisa, incorporándose aún con el brazo de su compañero alrededor de su cintura—. Alex, esta es Madeline Elliott, ha estado cuidándonos como una madre.

—Encantado—observó cuidadosamente a la mujer, pero la definición de Chuck parecía muy acertada, se veía como una madre con su bata de andar por casa y unas pinzas en el pelo para sujetarlo, aunque por edad seguramente podría ser su hermana.

—Me alegra que ya hayas despertado, Chuck estaba tan preocupado por ti que me daba miedo que volviera a recaer. Aquí tengo algo de comida, pero ya que estás despierto traeré algo más—dejó la bandeja en una mesa camilla a los pies de la cama y cogió una jarra de agua casi vacía—. Chuck, haz el favor de comer, si no recuperas fuerzas no podrás cuidar de tu hombre.

—Sí, Maddie.

La mujer salió y cerró la puerta tras de sí.

—¿Tu hombre?—preguntó Alex arqueando una ceja.

—Bueno... al parecer, mientras estaba delirando, me revolví desesperado hasta que me trajeron contigo (yo estaba en otra habitación). Y he estado durmiendo a tu lado desde entonces sin salir de esta habitación así que no les fue difícil darse cuenta de que había algo. ¿Te molesta?

—En absoluto. En este momento no querría tener que disimular cuánto quiero estar contigo y tocarte y asegurarme de que estás vivo—su voz sonó más necesitada de lo que pretendía.

Chuck sonrió con un ligero rubor en sus mejillas.

—Yo tampoco, no creo que pudiera siquiera—se sentía extraño, un momento tan íntimo y sentimental con Alex, pero le gustaba—. Ahora, vamos a comer algo antes de que Maddie se enfade.

—Me muero de hambre. ¿Cuánto tiempo llevo inconsciente?—preguntó, incorporándose lentamente mientras Chuck cogía la bandeja y la llevaba a la cama.

—Ha pasado más de día y medio, ya es por la tarde. Estaba muy preocupado, quería llamar a un médico, pero sabía que no era seguro—nunca había estado tan asustado como cuando su mente se había aclarado y se había dado cuenta de lo pálido y enfermo que parecía—. Benny dijo que estarías bien, que habías perdido mucha sangre, pero te recuperarías.

—¿Benny?

—Benjamin, el marido de Maddie. Al parecer ha curado más de un balazo. En estas zonas hay mucha caza y pocos doctores.

Llamaron a la puerta y Maddie entró con otra bandeja de comida.

—Así me gusta, no quiero ver ni una miga en el plato. Si queréis algo más solo pedidlo.

—Muchas gracias, Maddie—le respondió Alex con una sonrisa.

Normalmente era desconfiado y cuidadoso con los extraños, pero estas personas le habían salvado la vida y, más importante, habían salvado la de Chuck. Se sentía agradecido con ellos y le gustaron de inmediato, aunque aún no había conocido al tal Benny.

Un rato más tarde regresó para llevarse las bandejas y le indicó que podía asearse en el baño, pero sin mojarse el vendaje. El baño estaba junto a la habitación y Chuck le ayudó a levantarse de la cama y a llegar a él.

—Puedo hacerlo solo—le dijo, mientras Chuck le ayudaba a desvestirse de cintura para abajo (no llevaba nada en la parte de arriba, pero la casa estaba lo bastante cálida como para no preocuparle el frío).

—Sueñas si crees que te voy a dejar solo—replicó mientras se quitaba él también la ropa—. Además, es mejor que no hagas esfuerzos para que no se te salten los puntos, yo te lavaré.

—Normalmente rechazaría algo así, pero la idea de verte arrodillado desnudo delante de mí resulta demasiado erótica.

Chuck le miró boquiabierto, ya completamente desnudo.

—¡¿En serio estás de humor para eso?!—le preguntó incrédulo.

—Acabamos de escapar de la muerte, ¿qué mejor forma de celebrarlo?—colocó las manos en sus caderas y acercó sus cuerpos. Ambos comenzaron a reaccionar de inmediato.

—¿Sexo de supervivientes? ¿Cómo puedo negarme a eso?—subió las manos por los fuertes brazos y juntó su cuerpo a él como si fueran las dos piezas del mismo puzle, acomodándose perfectamente sobre ese musculoso cuerpo. Sus labios estaban tan cerca que casi podían rozarse, pero por algún motivo parecían indecisos. ¿Cómo podía sentirse más nervioso por un beso que por todo lo que ya habían hecho?—. Alex...

Sintió el cambio inmediato en el lenguaje corporal de Alex. Sus brazos le rodearon y le estrecharon de un modo protector, posesivo. Besó su mejilla y la comisura de sus labios y sintió su respiración agitada, su aliento casi tembloroso. Pensó que casi podía sentir el martilleo acelerado de su corazón, o tal vez era el suyo propio.

—Esto no es solo sexo, Chuck. No soy bueno con los sentimientos ni con las palabras, a ti se te da mejor eso, yo solo sé que no habría querido salir de ese bosque sin ti—comenzó a decir, notablemente nervioso—. Cuando Walker nos encontró, ella vio de inmediato algo que yo había estado intentando negarme todo este tiempo, pero ya no puedo seguir así. Sé que no quieres pensar en sentimientos y solo hacer lo que te apetece hacer sin darle vueltas, pero...

—Te quiero—soltó de repente.

Alex se le quedó mirando boquiabierto por un momento.

—Iba a decirlo yo primero.

—Pues no lo parecía. Realmente eres malo con los sentimientos. Yo sentí lo mismo en el bosque, no quería salir de allí si no era contigo. Y claro que no quería hablar de sentimientos contigo, me gustaba lo que teníamos y no quería que me mandaras a la mierda por hablar de cosas de mujeres. Todo ha sido una locura y tú has sido lo único que me ha mantenido estable. No sé qué haremos a partir de ahora, solo sé que quiero que lo hagamos juntos, aunque tengamos que seguir huyendo a través de otro continente.

—Suenas tan cursi—sonrió, buscando sus labios, pero Chuck se apartó, solo un poco.

—Aún no lo has dicho.

—Ya lo sabes—replicó, intentándolo de nuevo.

—Necesito oírlo.

Chuck volvió a apartarse, pero esta vez Alex sostuvo su cabeza con una mano y le besó, agresivo e intenso. Su lengua deslizándose sobre sus labios y penetrando su boca a la mínima oportunidad. Chuck gimió en su garganta y presionó su cuerpo contra él, sus miembros frotándose el uno contra el otro medio erectos.

—Te quiero—y sus labios volvieron a devorarle con gula.

Había sido un golpe bajo decirlo de ese modo, no era justo que no hubiera podido siquiera mirarle, que le hubiera costado tanto procesar lo que decía, pero en ese momento no le importaba. Sus gemidos se ahogaban en la boca de Alex y sus piernas temblaban. Estaba dejándole completamente atontado, flotando en una nube.

Cuando Alex soltó sus labios, su cabeza se sentía ligera, casi como si estuviera mareado. Creía que solo se mantenía en pie gracias a los fuertes brazos que lo rodeaban.

—He deseado tanto devorar esos preciosos labios. Y te ves tan sexy cuando están todo rojos e hinchados, como cuando envolvían mi dura polla—susurró en su oído, moviendo las caderas para dejarle sentir precisamente lo duro que estaba en ese momento.

—Hnn...—Chuck gimió, bajando la mano por su pecho y su vientre hacia el miembro erecto, pero se detuvo antes de tocarlo—. Ducha... Pri-primero ducha, después... nh...

—Como desees—Alex rio, viendo lo perdido que estaba.
Se apartó, muy a pesar del joven, y se metió en la bañera. Chuck inspiró profundamente, intentando ignorar su propia erección, y entró junto a él. Tomó una esponja nueva y el gel que Maddie había dejado para ellos y abrió el grifo, sin encender la alcachofa de la ducha.

—¿Piensas lavarme tú todo?—preguntó Alex algo sorprendido.

Chuck le miró de reojo con las mejillas ruborizándose mientras echaba el gel en la esponja.

—¿No puedo?—había una mezcla de timidez y expectación en su voz que resultó adorable.

—Por supuesto que sí—veía cuánto quería cuidar de él y, aunque no lo habría permitido con ninguna otra persona, con Chuck sentía que incluso podría disfrutarlo. Solo con él podía mostrar su lado vulnerable y sentirse seguro.

Le frotaba con la esponja mientras le acariciaba con la otra mano, pasando sus dedos sobre una cicatriz u otra casi reverencialmente. Entre sus cejas se formaba una pequeña arruga por su expresión de concentración que resultaba adorable y sus mejillas estaban sonrojadas hasta las orejas. Estaba siendo concienzudo y tan delicado como si se fuera a romper, lo que era tan absurdo que Alex casi se echó a reír.

Cuando terminó con su torso se arrodilló para seguir con sus piernas y se encontró de frente con la erección palpitante. Se esforzó por no mirarla, pero no pudo evitar lamerse los labios. Había, literalmente, soñado con chuparla de nuevo. Y un gemido desesperado se escapó de su boca cuando Alex puso la mano sobre su cabeza, enredando los dedos en su pelo aún sin tirar de él.

—¿La quieres?—le preguntó con su voz profunda, esa voz que le hacía estremecer.

Chuck asintió, mordiéndose el labio.

—¡Nnh!—sus piernas temblaron y su propio miembro palpitó cuando Alex empujó su rostro contra su polla, tan caliente y dura.

—¿A qué esperas entonces? Muéstrame lo que aprendiste la última vez.

Chuck no dudó ni un segundo. Sacó su lengua y lamió el falo de abajo arriba. La punta acarició su rostro y dejó un rastro de presemen en su mejilla. Soltó la esponja y envolvió la base con una mano mientras llevaba la otra a sus bolas. Chupó la punta, acariciando el glande y el frenillo con la lengua. La deslizó hacia dentro poco a poco, presionando la base con la lengua para que frotara contra el cielo de su boca y el gruñido que consiguió de su compañero le dijo que eso le gustaba.

—Chuck, joder, tu boca es tan buena—apretó los rizos en su mano y Chuck murmuró alrededor de su polla, enviando vibraciones por todo su cuerpo.

Aún no era capaz de tragar por completo la enorme verga, apenas podía llegar a la mitad sin sentir arcadas, pero pensaba practicar y conseguirlo. Aunque, por ahora, parecía que con lo que hacía era suficiente, Alex parecía estar teniendo grandes problemas para controlarse. Entonces, Alex tomó la mano que masajeaba sus bolas y vertió un chorro de gel sobre ella.

—Toca tu culo—le dijo y Chuck miró hacia arriba confuso—. Juega con él, vamos a acostumbrarte a tener algo en tu culo.

Las mejillas de Chuck se pusieron de un rojo intenso, incluso su nariz, pero hizo lo que le pidió. Sabía para qué era eso y, aunque la idea de tener algo tan grande dentro le ponía algo nervioso, él también lo quería y sabía que Alex no haría nada que le hiciera daño. Llevó los dedos cubiertos de gel a su trasero y comenzó a frotar su entrada, solo dejando de chupar el miembro por un segundo hasta que se acostumbró a la sensación inicial. Era extraño, nunca había siquiera intentado hacer eso, pero con la tarea que tenía frente a él enseguida dejó de pensar en ello.

Volvió a meter el miembro en su boca y se deslizó hacia abajo sobre él tanto como pudo. Tragó a su alrededor y el agarre regresó a su pelo y apretó con fuerza. Él mismo gimió, no podía creer cuánto le gustaba que le tirara del pelo, y aprovechó ese momento para meter el primer dedo dentro de sí. Se sentía, de nuevo, extraño. El anillo de músculo se apretó alrededor de su dedo y sus piernas y caderas se tensaron. Se aferró con su otra mano a la cadera de Alex, necesitando el soporte para mantenerse erguido con sus piernas temblorosas.

—Está bien, relájate—sacó el miembro de su boca y acarició sus cabellos con una ternura totalmente inusual en él—. Respira hondo, no te fuerces. Podemos parar si es demasiado.

Chuck negó con la cabeza porque no estaba seguro de qué saldría de su boca si intentaba hablar. No sentía dolor, al menos ya no. Aún no podía decir que fuera agradable, pero se estaba acostumbrando a ello. Respiró hondo, forzando sus músculos a relajarse, aún sosteniéndose en su compañero.

—Um... ¿Podrías... podrías hacerlo tú?—le preguntó, no sabiendo si Alex estaría dispuesto a hacerlo o si preferiría no hacer algo así—. No puedo centrarme en todo. Pero, um, si no quieres...

Alex sonrió y acarició su rostro. Chuck suspiró y presionó contra esa gran mano buscando más contacto.

—Vamos a la cama, lo haremos mejor ahí—le respondió, ayudándole a levantarse.

—Puedo terminar de...—la erección estaba roja y goteando, y apenas había comenzado con ella.

—No, ahora solo quiero jugar con tu trasero. Estoy seguro de que encontraré alguna otra forma agradable de correrme.


Eso sonaba prometedor.

1 comentario:

  1. Ahhhhhhhhh, no sabía si quería ver en que terminaba el capítulo i en que no terminara nunca. No se divide sobrevivir hasta las los dos últimos capítulos. Gracias genial

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