Sexo, Muerte, Rock 3 c6







Título: Sexo, Muerte, Rock 3
Categoría: Original
Serie: Sexo, Muerte, Rock
Género: Yaoi
Clasificación: +18 años
Advertencia: Lemon, Violación, Shota, S&M suave
Capítulo: 6 de 8    Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia.
3ª historia. Princesa y Cachorrito.
Gin sigue a Argón a donde quiera que vaya utilizando a Blake como escusa, y los recuerdos redresan a ellos inevitablemente.

—Cuando te conocí no dijiste ni una sola palabra en dos semanas—Gin se acercó despacio al pelinegro manteniendo aun la distancia.
—Sí, no me fiaba de ti…
—Hasta que encontré la forma de hacerte hablar—rió suavemente.
—Una forma muy eficaz…—acarició a Sarah dulcemente como si fuera un frágil animalito.

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—Princesa, llevamos juntos dos semanas y sigues sin decirme nada ¿Qué puedo hacer para que confíes en mí?—le preguntó acariciando sus cabellos.
Aun no había tocado un solo milímetro de la blanca piel de aquel pequeño niño, siempre le había tratado con total cuidado y sin hacer nada indebido, cosa que le había costado muchísimo, pero aun así Argón seguía igual de receloso hacia él.
Caminaban por las calles de una gran ciudad, Argón siempre iba mirando al suelo como si nada fuera con él mientras que Gin agarraba su mano para no perderle y observaba cada escaparate con el que se encontraba. Entonces Argón comenzó a escuchar un precioso sonido que le hizo sentir curiosidad. Se soltó de la mano del peliplateado y corrió hacia donde sonaba la música.
— ¡Argón! ¡¿A dónde vas?!—Gin corrió tras él pero entre la marabunta de gente el pequeño se podía escabullir mucho más fácilmente que él.
Al fin pudo alcanzarlo, jadeante, cuando el pelinegro se paró frente a unos jóvenes que estaban tocando unas canciones roqueras en medio de una plaza. Argón estaba muy cerca del guitarrista mirando fijamente como se movían sus dedos. Gin se acercó a él y le puso una mano en el hombro.
— ¿Así que esto te gusta?—le preguntó sonriente.
El pequeño no respondió, tan sólo observaba fijamente al guitarrista. Cuando Gin vio sus ojos se dio cuenta de lo rojos que estaban, unos ojos que antes eran castaños ahora estaban brillando como si fueran fuego. Se quedaron allí largo rato hasta que los jóvenes se tomaron un descanso. Aun así Argón no quería irse, Gin tuvo que prácticamente arrastrarle para llevárselo de allí y regresar al hotel donde se quedaban.
—Escucha princesa, tengo que ir a hacer unas cosas así que espera aquí un rato ¿sí?—lo dejó en la habitación y se fue de compras.
Argón no se iba a quedar allí esperando, estaba deseoso de escuchar de nuevo aquella maravillosa música. Salió de la habitación y caminó solo por las abarrotadas calles hasta que consiguió llegar, aun con algunas dificultades, a la plaza donde tocaban la increíble música.
—Hola precioso ¿te gusta esta música?—le dijo un hombre que se había acercado a él— ¿quieres venir a mi casa? Tengo una guitarra y mucha música como esta.
Cogió al pequeño de la mano y comenzó a caminar con él, Argón no se resistió a pesar de que sabía cuáles eran las intenciones de aquel hombre. Llegaron al piso de aquel hombre y entraron al portal.
— ¿Qué pretende hacer con ese niño?—la voz de Gin sonó a sus espaldas, había entrado tras ellos sin que se dieran cuenta.
— ¿Qué quiere decir? Este es mi hijo—contestó el hombre apretando fuertemente la mano de Argón, comenzando a sudar profusamente.
—Argón, ven aquí—el pequeño se soltó de su mano y fue al lado del peliplateado.
—Ugh… ma-márchese… —el hombre comenzó a caminar hacia el ascensor.
—Me temo que no voy a dejarle marcharse así. Quédate aquí princesa—se acercó al hombre acorralándolo y lo mató allí mismo, delante de los atentos ojos de Argón.
Cuando regresó a su lado el rostro del pequeño seguía con la misma expresión serena de siempre pero sus ojos se habían vuelto más rojos de nuevo. Gin lo cogió de la mano y se lo llevó de regreso a la habitación.
— ¿Por qué has hecho eso Argón? Sabías perfectamente lo que aquel hombre te iba a hacer y aun así lo acompañaste ¿es que querías que te violara? ¿Ibas a matarlo después? Eso si no te mataba él a ti
Gin parecía muy enfadado, andaba de un lado a otro de la habitación con los brazos cruzados sobre el pecho. Argón simplemente estaba sentado en la cama sin hacer nada, como si aquello no fuera con él. El peliplateado lo miró un momento y suspiró. Cogió el paquete envuelto en papel de colores que había llevado a la habitación antes de salir en busca del pelinegro y se lo puso al lado suyo en la cama.
—Es un regalo, espero que te guste—le dijo con una tierna sonrisa.
El pequeño se deshizo del papel sin mucho entusiasmo y se quedó estupefacto, abrió rápidamente la caja y sacó de ella una maravillosa guitarra negra y carmesí. La miró con los ojos abiertos como platos y comenzando a brillar rojos, la acarició suavemente con la punta de los dedos como si se fuera a romper.
—Me alegra que te guste, pero quiero algo a cambio—le dijo agachándose frente a él—no te preocupes, no es lo que tú piensas. Quiero que me hables, quiero escuchar tu voz, quiero que confíes en mí—acarició suavemente su rostro con una expresión triste, que aumentó al ver que no había respuesta—está bien, al parecer es pedir demasiado. En ese caso me conformo con que no vuelvas a hacer lo de antes, no vuelvas a irte solo—besó su frente y se puso en pie.
—Gracias.
— ¿E-eso… ha sido… mi imaginación?—preguntó el peliplateado pasmado.
—Es muy bonita—habló de nuevo, abrazando la guitarra.
—Tienes una voz preciosa, gracias princesa—lo envolvió con sus brazos tiernamente como si fuera un pequeño bebé, enterrando el rostro en su cuello.
— ¿Me enseñarás a tocarla?—preguntó el pequeño sintiéndose algo nervioso.
—Por supuesto, pero primero tienes que darle un nombre—hizo que cogiera adecuadamente la guitarra.
—Sarah… quiero que se llame Sarah…—la acariciaba dulcemente.
— ¿Por qué Sarah?—preguntó extrañado Gin.
—Es un secreto—le contestó poniéndose un dedos frente a los labios.
— ¿Un secreto? Que interesante, ¿me lo contarás algún día?—rió el mayor.
—Si te portas bien—el pelinegro besó a Gin en la mejilla y se acurrucó en su pecho.

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