Sexo, Muerte, Rock 3 c7







Título: Sexo, Muerte, Rock 3
Categoría: Original
Serie: Sexo, Muerte, Rock
Género: Yaoi
Clasificación: +18 años
Advertencia: Lemon, Violación, Shota, S&M suave
Capítulo: 7 de 8   Finalizado: No
Resumen: Sexo Muerte y Rock, las tres palabras que más le gustan al protagonista de esta historia.
3ª historia. Princesa y Cachorrito.
Gin sigue a Argón a donde quiera que vaya utilizando a Blake como escusa, y los recuerdos redresan a ellos inevitablemente.

—Aquella vez realmente me aterroricé al no verte en la habitación, creí ya te había perdido—le dijo sentándose en una caja a su lado.
—R te habría matado—Argón se mantenía tenso, sin moverse ni un ápice.
—Me causaste muchos problemas—Gin le observaba manteniendo una media sonrisa—pero todo lo compensaste el día que me dejaste hacerte el amor.
— ¿Dejarte hacérmelo? Tú te abalanzaste sobre mí y me incitaste, no pude resistirme.
—Y también estabas muy ansioso por hacerlo, tenías mono de sexo.
—Igual que tú.
~~~~~~~~~~~~~~~SEXO~~~MUERTE~~~ROCK~~~~~~~~~~~~~~~
Ya habían pasado un mes juntos y su relación era mucho mejor que en los comienzos. Argón ya le hablaba y se mostraba mucho más abierto, tenía cada vez más confianza en el peliplateado.
Era tarde-noche y acababan de regresar de un entrenamiento con armas de fuego, al pequeño se le daban bastante bien para ser un principiante. Gin se estaba duchando después de que lo hiciera el pelinegro, Argón entró al baño para dejar la toalla, con los ojos entrecerrados, cubriéndose el rostro con la toalla para no ver al mayor. Pero cuando ya estaba casi en la puerta para salir no pudo contener su curiosidad y echó un vistazo a la ducha. Su corazón latió con fuerza queriendo salir de su pecho, bajo el agua había un hermoso, hermosísimo cuerpo que estaba siendo frotado con sensualidad. Una piel suave y brillante sin imperfección alguna, formas bien definidas, mejores que las de cualquier supermodelo, los empapados cabellos cayendo a su alrededor con un brillo cegador… Argón no podía más con su excitación, llevaba demasiado tiempo sin tener sexo y a pesar de su temprana edad para él ya era una necesidad. Salió rápidamente del baño, se metió bajo las sábanas y comenzó a masturbarse, el calor que sentía en aquel momento era mucho mayor al habitual, el cuerpo sumamente perfecto de Gin lo había excitado más que nada en toda su vida.
— ¿Princesa, que sucede? ¿Vas a irte a la cama sin cenar?—le preguntó el mayor saliendo del baño tan sólo con una toalla a la cintura mientras se secaba los cabellos con otra.
—Mn…—el pequeño aun no había acabado y seguía frotándose intentando ocultarle su rostro.
— ¿Qué te pasa?—Gin cogió las sábanas y las apartó.
— ¡No! ¡No mires!—gritó Argón intentando ocultarle su erección.
—Vaya, no me esperaba esto—le dijo sonriente— ¿quieres que te eche una mano?
—¡¡No!! ¡Vete! ¡No quiero que me veas así! ¡Vete!—gritaba el pequeño muy alterado intentando evitar que le tocara.
—Te has puesto así porque me has visto en la ducha ¿verdad? Deja entonces que tome la responsabilidad, te trataré muy bien—con un brazo rodeó su espalda acercándolo y con el otro sujetó su rostro—escúchame Argón, no voy a forzarte, si no quieres hacerlo no te tocaré pero yo sólo quiero que tú disfrutes, no soy como esos otros tipos con los que has estado, sólo quiero hacerte sentir bien y que disfrutemos juntos.
Argón le miró un momento con los ojos brillando, se abrazó a su cuello desesperado y le dio un tierno beso en los labios.
—Ayúdame…—le pidió con un hilo de voz.
Gin sonrió feliz por aquella respuesta. Le quitó los pantalones del pijama y los calzoncillos y se puso sobre él. Le observó un momento, aquel rostro de princesita algo sonrojado, su completamente blanca piel y su pequeño pene erecto ya húmedo. Sólo pudo pensar en lo tentador que era, en que si le pedía parar sería incapaz de hacerlo y en las perversiones que iba a hacerle y enseñarle. Acercó el rostro a su entrepierna y le dio un lametón a toda su longitud. El pequeño gimió y tembló adorablemente. Gin se metió su miembro en la boca y comenzó a saborearlo, de arriba abajo, devorándolo con ansia, había tenido que contenerse demasiado el mes que había pasado con el pequeño. Argón gemía con una dulce voz enredando en sus dedos los plateados cabellos del mayor, gozando de la experta lengua que provocaba corrientes por todo su cuerpo.
— ¿Te gusta? Dime princesa ¿te gusta cómo te lo hago?—le preguntó masajeando su miembro.
—S-sí… más… sigue…—estaba acostumbrado a esas cosas pero por alguna razón desconocida se estaba excitando mucho más de lo normal.
El peliplateado obedeció a sus deseos y siguió lamiendo su miembro mientras llevaba sus dedos a la boca del pequeño. Argón lamió los dedos como si fueran caramelos sabiendo lo que iba a hacer con ellos y también deseándolo. Cuando creyó que ya era suficiente el mayor deslizó sus dedos por su trasero hasta su entrada.
— ¿Puedo hacerlo?—le preguntó sintiendo como su corazón latía a cien.
El pequeño sólo pudo afirmar con la cabeza mientras se contenía para no gemir más alto. Gin comenzó a meter un dedo en la estrecha entrada y sintió como el cuerpo del menor se agitaba y su miembro palpitaba más intenso. Sabía que no iba a tardar en venirse y así fue en cuanto metió por completo el primer dedo. Argón se corrió abundantemente en la boca del mayor y este se tragó todo el jugo.
—Lo siento… no he podido… contenerme…—le dijo preocupado, limpiando con sus dedos los restos de semen que había en la comisura de sus labios.
—No te preocupes, todo está bien—le dio un tierno beso en los labios. Lo cogió en brazos sin sacar el dedo de su interior y lo sentó sobre sí— ¿Cómo quieres que te lo haga? ¿Uhm? ¿Cómo te gusta?
—Mmm… un poco… duro…—respondió sonrojándose algo avergonzado.
—De acuerdo, haré que disfrutes mucho—le dio un beso introduciendo la lengua en su boca—“este pequeño debe haberlo pasado muy mal, le han vuelto adicto al sexo duro. Pero bueno, eso me va bien—pensó riendo para sí.
Metió un segundo dedo en su interior, esta vez con algo menos de delicadeza como deseaba el pequeño. Argón enredaba su lengua con la del mayor y se aferraba al cuello de este, moviendo sus caderas, frotándose contra su creciente erección. Sin dilatarle más comenzó a penetrarle duramente, sintiendo como el cuerpo del pequeño se estremecía en sus brazos. Argón se dejó caer sobre el falo de Gin empalándose a sí mismo con un fuerte grito, se quedó temblando sobre su pecho, con los ojos llorosos y jadeante.
—Princesa… ¿estás bien?—le preguntó el mayor acariciando su melena.
—Umm… sí… muévete…—le pidió intentando respirar con calma.
Gin lo tumbó en la cama y comenzó a embestirle con fuerza, sin dejar de observar su hermoso rostro sonrojado, cubierto de lágrimas, jadeante y excitado. El pequeño enredaba sus dedos en los finos y plateados cabellos que caían a su alrededor, nunca se había sentido tan bien haciendo el amor, es más, nunca había hecho el amor, siempre habían sido violaciones. Por una vez él deseaba hacerlo y la persona con quien lo hacía lo trataba bien, no sólo como a un juguete. No quería que aquello acabara, deseaba ser abrazado por Gin durante mucho tiempo.
El peliplateado se vino en su interior, llenándole con su semilla, provocando que el pequeño también se viniera sobre su vientre. El mayor salió de su extremadamente estrecho interior y se tumbó a su lado.
— ¿Cómo estás?—le preguntó acariciando su rostro— ¿quieres más?
—Sí… Gin se siente… bien—rodeó sus hombros con los brazos y le dio un lametón en los labios.
Comenzó a bajar con besos y pequeños mordiscos por el pecho del mayor excitándole, haciendo que su respiración se acelerara. Llegó hasta su miembro que seguía duro y le dio una lamida en la punta para después metérselo en la boca todo lo que pudo. Estaba caliente y palpitante, Argón lo disfrutaba como si fuera un delicioso caramelo.
—“Es realmente un experto, ¿Quién le habrá enseñado estas cosas? Aunque me hubiera gustado pervertirle yo mismo y enseñarle de todo, esto me quitará muchos problemas, así simplemente tendré que adaptarlo a mis gustos”—pensaba el peliplateado disfrutando de aquella felación mientras contemplaba los rojos y brillantes ojos del menor, que estaban más ardientes que nunca.
Gin se corrió en su boca con un espasmo de todo su cuerpo y el pequeño se lo tragó todo sin dejar ni una sola gota de la simiente.
—Más… quiero más de Gin…—le pidió besando su rostro, olvidando ya cualquier vergüenza.
—Sí princesa, te daré todo lo que quieras—le dijo sonriente, besando sus labios.
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