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Perversiones c4



Título: Perversiones
Categoría: Naruto Personajes: Orochimaru X Gaara
Género: Yaoi
Clasificación: +18 años
Advertencia: Lemon, Violación
Capítulo: 4 de 15 Finalizado: No
Resumen: Un chico problemático llega a un instituto donde el director le amenaza con enviarlo al centro donde se encontraba antes si no hace ciertas cosas
Nota: Este fanfic es un conjunto de One-shots de distintas y extrañas parejas, tanto yaoi como yuri conectados entre si por pequeñas cosas.

Tock tock tock. Llaman a la puerta del despacho del director.

—Adelante. Siéntate por favor—Un chico joven, alto y muy bien proporcionado, de cabellos rojos como el fuego y ojos aqua fríos como el hielo entró en el despacho con el rostro muy serio—Gaara, es tu primer día en el instituto y no parece que hayas empezado bien, ya te han mandado a mi despacho—le dijo Orochimaru con su perversa sonrisa.

El chico sentado frente a él parecía no inmutarse ante la estremecedora sonrisa del serpiente y sus ojos que lo miraban fijos con gran deseo.

—Si estoy en este instituto es porque me obligan, no pienso colaborar—dijo sin cambiar ni un ápice su expresión seria y fría.

—Si no… “colaboras” tendré que echarte del instituto y sabes lo que eso significa—le dijo aun más sonriente, su imaginación comenzaba a funcionar.

—No voy a volver a ese centro—su voz adquirió un tono de furia pero que apenas se podía notar.

—Entonces, si no quieres volver—el serpiente se levantó y se puso junto al pelirrojo, muy cerca de él—tendrás que hacer algo para que no te eche.

Cualquier otro se habría puesto nervioso, estaría sonrojado y temblando, pero Gaara seguía impasible. Le miró desde el sitio sin mover un solo músculo.

—Olvídelo, no pienso humillarme de esa forma—dijo con tono amenazador.

Orochimaru comenzó a excitarse cada vez más, era la primera vez que alguien se le resistía, nunca había conocido a un chico como aquel.

—Como quieras, puedes volver al centro—un gutural y aterrador gruñido apenas audible emitió el ojiaqua—ve a clase y piénsalo—susurró con una gran sonrisa.

El pelirrojo salió del despacho sin que su cuerpo hubiera mostrado algún sentimiento salvo por aquel gruñido y la mirada asesina.

“Maldito bastardo, ¿cómo se atreve a amenazarme de esta forma, quién se cree que es? Es humillante, pero no pienso volver a aquel infierno. Muy bien, si lo que quiere es follarme lo hará, pero no escuchará un solo gemido de mi boca, ni un suspiro, ni un mínimo gesto de placer. Se sentirá tan impotente que no querrá volver a follarme, no se le levantará en toda su vida” estos eran los pensamientos de Gaara mientras regresaba a su clase “No me conoce, no sabe de lo que soy capaz de hacer”

Orochimaru estaba satisfecho, sabía que aquel chico se rendiría a él. Siempre lo hacían, todos. Podía resultar repugnante, podían sentir asco, hasta odio hacia él, pero siempre acababan deseándolo. Daba igual la edad, daba igual el sexo, siempre sucumbían a él.

Cuando acabaron las clases llamaron a su puerta.

—Adelante—la gran sonrisa ya se dibujaba en su rostro.

Gaara entró con la misma expresión que la primera vez, ninguna.

—Acepto ¿en su casa?—preguntó con aquella mirada asesina.

Orochimaru lo llevó a un pequeño ático que tenía en el centro de la ciudad, no quería llevarlo a su casa porque allí estaba Kiba, y aunque no le importaba que él lo supiera, no quería que los interrumpiera. Observaba a su nuevo juguete lascivamente imaginando lo que podía hacerle. Cuando entraron en el piso el pelirrojo se quedó de frente a él sin mover un solo músculo. El serpiente se acercó y acarició suavemente su rostro. Era pálido y suave como de porcelana. El corazón del mayor comenzó a acelerarse ¿Qué le ocurría? ¿Cómo aquel chico podía descontrolarle tanto? Acercó su rostro al de él hasta sentir su leve respiración. Los ojos aqua parecían arrancarle el alma con tan solo mirarle y el serpiente se excitaba cada vez más. Juntó sus labios a los del pelirrojo, que eran suaves y dulces, los lamió con su lengua y lo agarró por el cuelo para que el contacto fuera mayor. Se dio cuenta de que Gaara ni siquiera había cerrado los ojos, ni respiraba más fuerte, nada, parecía una estatua.

— ¿Es que no piensas colaborar? ¿Vas a seguir así todo el tiempo?—le preguntó Orochimaru enfadándose.

—Puede hacer lo que quiera conmigo, pero yo no voy a hacer nada—contestó sin cambiar su tono de voz.

El serpiente se enfureció, agarró al chico por los cortos cabellos y lo tiró al suelo elevando sus caderas.

—Voy a hacerte gritar te guste o no.

Le bajó los pantalones y le penetró de un empujón. El ojiaqua cerró un instante los ojos por el dolor frunciendo el ceño, pero en unos segundos recuperó su expresión habitual. El serpiente lo agarró por un muslo y un hombro para que sus penetraciones fueran más profundas. A cada envestida el dolor que sentía el joven era mayor pero no lo demostraba de ningún modo. Orochimaru lamía y mordía su espalda después de haberle arrancado la ropa. Tenía un sabor delicioso y su estrechez lo volvía loco. Pero faltaba algo, los gemidos, los gritos de dolor, las lágrimas. Esa respiración pausada y tranquila lo ponía histérico. Cuando se corrió en su interior salió rápido provocando más sangre y lo tumbó sobre la cama. Se colocó sobre él y lo observó furioso. Le haría gemir quisiera o no. Comenzó a lamer y morder su cuello dejando marcas y hasta sangre a su paso. Al pelirrojo le resultaba desagradable y doloroso, nunca había tenido otro cuerpo tan cerca del suyo y no le gustaba nada, o eso creía pensar. Los labios del serpiente siguieron bajando por su pecho saboreando cada rincón, recreándose con los pezones duros, signo de que aquella frialdad no era más que apariencia. Siguió con su camino hasta que llegó a su miembro. ¡Apenas estaba erecto! No podía creerlo, con todas sus caricias, sus besos, con todo, seguía sin excitarse. Se metió el miembro por completo en la boca y comenzó a saborearlo con gran placer. A Gaara le empezaba a costar controlarse, aquel hombre era un experto y sabía como hacerlo para excitarle. Pero no le daría ese placer. Inevitablemente el miembro del pelirrojo comenzó a ponerse duro. Orochimaru se entregaba por completo a la felación. Solía ser él el que recibía el sexo oral pero en esta ocasión disfrutaba dándolo. Al cabo de un rato el ojiaqua se corrió en la boca del serpiente sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Su respiración se había agitado casi imperceptiblemente, pero lo suficiente como para que Orochimaru se diera cuenta. Estaba excitado, el pelirrojo comenzaba a desear aquel pálido cuerpo tan bien formado. Orochimaru estaba sobre él observándolo, analizando su nuevo estado. Sin darse cuenta, el ojiaqua comenzó a acariciar con la yema de los dedos el torso desnudo que estaba frente a él, observando con la mirada perdida. Su respiración era más fuerte que antes y su mirada ya no era asesina, parecía estar en trance. Jamás había estado de esa forma con otra persona, jamás había recibido caricias de esa clase ni de ninguna. Orochimaru lo observaba deleitándose con su estado, le encantaba ver aquellas pálidas mejillas con ese toque rojo apenas perceptible. Le daban escalofríos al sentir esos fríos dedos rozar su piel y le gustaba. Cogió su mano y la aplastó contra su pecho haciendo que lo acariciara por completo. El ojiaqua suspiro levemente. Comenzó a acariciar los pectorales, no demasiado marcados, del serpiente. Le gustaba aquel tacto y ya no podía negarlo. Con el deseo surgió su lado posesivo, que desde el principio había intentado controlar. Tumbó a Orochimaru sobre la cama y se puso encima. El serpiente le miraba sorprendido, no se esperaba aquella reacción. Gaara comenzó a besar su cuello y morderlo igual que Orochimaru había hecho con él. Acariciaba intensamente su pecho, sus caderas, todo lo que se le ponía a mano. Lamía lascivamente cada centímetro de su piel estremeciéndose con aquel dulce contacto. Orochimaru suspiraba y gemía levemente, aquel frío muchacho se estaba volviendo ardiente pero sin perder su calma. Separó las piernas del serpiente antes de que sus labios llegaran a su miembro, se puso entre ellas y elevó sus caderas para tener mejor acceso a su entrada. Mientras con una mano seguía acariciando el pálido cuerpo, con la otra guió su miembro hasta la estrecha entrada y lo penetró despacio sin haberlo preparado antes, como había hecho con él. Orochimaru soltó un suave gemido que fue incapaz de controlar. Mientras le besaba el torso y le acariciaba comenzó a moverse lentamente en el interior del serpiente. Comenzó a acariciar la erección del mayor al mismo ritmo de sus embestidas. Orochimaru lo agarraba por las caderas para que las penetraciones fueran más profundas. Comenzaba a gemir y respirar sin control, no podía creer que disfrutara tanto con aquel miembro en su interior. Pocas veces había sido penetrado y siempre lo había controlado él, pero esta vez no, esta vez él era el uke, y le estaba gustando. Gaara miraba a aquel hombre sin entender lo que le estaba sucediendo. Aumentó la velocidad haciendo también que los gemidos de Orochimaru aumentaran y que su propia respiración se acelerara disfrutando de aquellos sonidos. Con una última y fuerte envestida se vino en el interior del serpiente al mismo tiempo que este lo hacía entre sus vientres. Gaara quedó con el rostro sobre el pecho del mayor, jadeando y escuchando sus fuertes latidos sin salir de su interior. Orochimaru acariciaba sus rojos cabellos y con la otra mano su trasero, mientras observaba su rostro, que estaba sonrojado pero sereno como al principio. Ambos se preguntaban qué es lo que les había sucedido. Gaara se levantó y se vistió sin mirarle, se dirigió a la puerta pero antes de que saliera Orochimaru lo rodeó con un brazo desde atrás metiendo su mano bajo los pantalones.

—Vuelve mañana a la misma hora—le susurró lamiendo lascivamente el lóbulo de su oreja.

Gaara se apartó de él y salió del ático. Orochimaru regresó a su casa, allí lo esperaba Kiba deseoso de sexo y el serpiente lo agradeció ya que necesitaba sentirse dominante de nuevo.

A la tarde siguiente, cuando Orochimaru llegó al ático encontró al pelirrojo esperándolo en la entrada. Sonrió ampliamente y entraron en el piso. En cuanto cerró la puerta Gaara se abalanzó sobre él y comenzó a besarle de forma apasionada enredando sus lenguas. El serpiente se sorprendió, pero le agradó aquel impulso. Aunque no como él esperaba, había conseguido que aquel chico fuera suyo. Gaara no entendía porqué hacía aquello pero desde que había salido del piso el día anterior no había dejado de pensar en ese hombre y en cuanto deseaba sentirlo otra vez junto a él. Se deshicieron enseguida de su ropa y Gaara tumbó al serpiente sobre la cama boca abajo. Orochimaru lo detuvo poniéndose sobre él.

—Relájate, no tenemos que ir tan rápido, primero están los preliminares—dijo sonriente ante la impaciencia del joven.

—No quiero preliminares, no me interesa—su tono era frío y distante.

Orochimaru se dio cuenta de que aquel chico no estaba impaciente por hacer el amor con él, simplemente quería sexo, con él o con otro. Gaara lo volvió a poner boca abajo y lo penetró por completo de un empujón. Orochimaru sangró y contuvo un fuerte grito. El ojiaqua siguió envistiendo haciendo caso omiso de las quejas de su uke. Le gustaba la estrechez, le volvía loco, el contacto de otra persona era tan nuevo para el que no se podía controlar. Orochimaru se sentía extraño, estaba siendo un mero objeto para él, como muchos otros lo habían sido suyo, y le gustaba. Cuando Gaara se desahogó se sentó en la cama y miró el vacío.

—Ga-Gaara…—la voz de Orochimaru sonó quebrada—etto…

— ¿Mañana a la misma hora?—preguntó el pelirrojo.

— ¿Eh? Sí, claro—contesto el serpiente sintiéndole pequeño.

No podía creer aquello, ese chico, un crío, lo estaba tratando como él trataba a los demás, y sin embargo le gustaba, ahora sabía lo que Kiba sentía.

Pasaron los días y no había tarde en la que sus encuentros no se repitieran. Gaara se había convertido en el dueño del serpiente, Orochimaru era su juguete, podía hacer lo que quisiera con él, se lo permitiría todo.

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