Un Omega en la Unidad [cap2]


Título: Un Omega en la Unidad
Fandom: Mentes Criminales (crossover con Hemlock Grove y The Strain)
Pareja: Aaron Hotchner x Spencer Reid y otras
Autor: KiraH69
Género: Yaoi, Slash, Omegaverso
Clasificación: +18         Advertencias: Lemon, Violencia
Capítulos: 5 (2 de 5)
Resumen: Para poder permanecer trabajando en la Unidad, Reid le ha ocultado a todo el mundo que es un omega y nunca ha buscado un alfa, pero está llegando a una edad en la que su cuerpo sufrirá graves daños si no se empareja pronto con uno. El único que sabe de su condición es Hotch, pero este no permite que ningún alfa se acerque a él por miedo a que decida prohibirle trabajar.



Capítulo 2

Spencer se puso tenso, un sudor frió rompió por su espalda. No era posible, no debería poder olerlo, no creía que sus gestos lo hubieran delatado tampoco. Pero lo sabía.

—¿De qué hablas? Tienes mal el olfato, es beta—intervino Morgan molesto, acercándose con la espalda erguida. Aunque ni siquiera él podría intimidar a Vasiliy.

—Mi olfato es bastante agudo—no apartaba la mirada del joven, sonriendo al darse cuenta de que hasta sus compañeros habían sido engañados por aquel falso olor—. ¿Cómo te llamas?

—S-Spencer Reid—respondió, agachando la cabeza, el único gesto de sumisión que no pudo controlar—. Doctor Spencer Reid.

Vasiliy rió ante la aclaración y colocó la mano sobre su cintura como si fuera algo natural. Reid no lo apartó, se estaba intoxicando por el intenso olor del alfa, que le llegaba a pesar de que su olfato estaba adormilado por el olor beta, y su cuerpo estaba desesperado por el contacto.

—No tienes un alfa, ¿verdad?—susurró en su oído, rozando levemente los rubios mechones.

—Sr. Fet, tenemos que encontrar a un asesino. Si deja en paz al Dr. Reid podremos empezar.

El tono de Hotch fue amenazador y severo. Consiguió que Vasiliy le prestara atención. Ambos alfas se sostuvieron la mirada. Se estaban retando el uno al otro, lo cual era extraño porque Hotch tenía la suficiente autoridad y labia como para no necesitar hacerlo con nadie.

—Muy bien. Si les parece, podrían ir a la sala de reuniones...—el comisario Gibbs rompió el incómodo silencio, algo preocupado.

—Rossi y J. J., visitad los escenarios. Morgan y Prentiss, averiguad dónde trabajaban las dos últimas víctimas y hablad con sus compañeras—les ordenó sin apartar la vista de Vasiliy y esperó a que sus compañeros se marcharan, algo reticentes—. Reid, espera aquí.

Mientras Spencer se quedaba preocupado en la sala rodeado de policías que lo miraban suspicaces, Hotch se llevó a Fet a la sala de reuniones y se sentaron en lados opuestos de la mesa, uno frente al otro.

—Sr. Fet, ¿qué hacía en aquella alcantarilla?—le preguntó directamente.

—Montar una buena fiesta—bromeó sonriente.

—¿Cree que es momento para bromear con cuatro mujeres muertas?

—Estaba trabajando, buscando el origen de una plaga en un restaurante—respondió—. Tiene un lindo compañero ahí fuera. ¿Cómo puede un omega como él seguir siendo virgen?

—¿Un sábado por la noche?—repreguntó, ignorando su comentario sobre Reid.

—Soy autónomo, yo me pongo mis horarios y cuanto más trabaje más gano—respondió encogiéndose de hombros—. Debe de ser muy especial para que permitan a un omega ser agente. Pero aun así se oculta con ese apestoso olor a beta, incluso de sus compañeros.

—¿Baja a menudo a las alcantarillas?

—Cuando el trabajo lo requiere, sobre todo cuando hay ratas de por medio. Debe de ser muy duro para él permanecer tantos años sin un alfa, estará desesperado por tener uno.

—¿Por qué pensó que el origen de la plaga estaba dentro de la alcantarilla?

—Es bastante habitual. Cuando las ratas tienen una fuente de alimentación cerca de una boca de alcantarilla, suelen salir fuera en busca de más comida. ¿Cree que consideraría dejarme ser su alfa? Yo podría satisfacer todas sus necesidades.

—No—respondió por primera vez, más bruscamente de lo que pretendía—. Puede irse.

Se levantó de la mesa y salió de la sala. La puerta rebotó contra la pared cuando la abrió. Sacó su teléfono y le dio a la marcación rápida.

—García, busca plagas de ratas en los últimos tres meses—le ordenó antes de que le diera tiempo a hablar—. Envía la lista de los lugares a la unidad que rastrea las alcantarillas, que busquen en las cercanías.

«S-sí, señor», pero ya le había colgado.

Agarró a Spencer del brazo y lo llevó consigo a un rincón apartado de los policías.

—Deberías regresar.

—Estoy trabajando, no voy a irme—era luchar contra sus instintos porque realmente quería marcharse de allí, el ambiente no era nada agradable a su alrededor.

—Ya saben que eres un omega.

—¿Entonces me voy a casa y no vuelvo a trabajar? ¿Me estás despidiendo?—le preguntó con una expresión herida y molesta.

—No, por supuesto que no, pero es un momento complicado.

—Claro que es complicado, hay un monstruo ahí fuera asesinando mujeres, por eso estoy aquí. Déjame trabajar, Hotch.

No pudo resistirlo, aquella expresión suplicante era más de lo que podía soportar. Era un misterio cómo sus compañeros no se habían dado cuenta antes de que era un omega, nunca pensó que el engaño duraría tanto tiempo. Suspiró derrotado.

—Está bien, pero ten cuidado con los policías y procura no separarte de mí.

—Gracias, Hotch.

En realidad, por lo general, Reid raramente se quedaba solo. Casi siempre estaba con Hotch en el centro de mando o acompañando a Morgan. Quizás era por su instinto omega, que buscaba un alfa fuerte que lo protegiera, o tal vez era cosa de Hotch, que inconscientemente velaba siempre por su seguridad, bien fuera con él o con alguno de los alfas de su confianza.

Cuando estuvo seguro de que el exterminador se había marchado, Hotch se llevó a Reid junto con todas las pruebas que tenían a la sala de reuniones y comenzaron a revisar toda la información. No tenían huellas y el ADN no coincidían con ninguna muestra de la base de datos, solo contaban con aquella imagen inútil de la cámara de seguridad y la declaración de un testigo que había visto incluso menos. Basándose en los lugares en los que había arrojado los cuerpos y las zonas en las que se prostituían las dos últimas víctimas, Reid trazó un área en la que probablemente viviera el asesino, pero era demasiado extensa, solo les ayudaría a reducir el radio de búsqueda por las alcantarillas.
Morgan y Prentiss regresaron unas horas después. Reid no se atrevió a levantar la vista del mapa que revisaba, pero sintió la punzante mirada de Morgan sobre él. Sabía que quería explicaciones, aunque no podía dárselas en ese momento.

—La última vez que vieron a Brown, se subía a un coche gris, un dos puertas de líneas rectas sin matrícula. No han sabido decirnos marca ni modelo—comenzó a explicar Prentiss—. El hombre que conducía llevaba capucha así que no pudieron ver bien su rostro, pero les pareció que tenía algo extraño, puede que alguna clase de cicatriz o deformidad.

—Le habían visto antes por allí, pero nunca había recogido a nadie. Estaría buscando a la mujer adecuada—seguía mirando de reojo a Reid con el ceño fruncido—. Vieron el mismo coche por la zona donde trabajaba Gedmintas los días anteriores a que fuera asesinada, aunque no vieron con quién se marchó esa noche.

Hotch llamó a García y la puso en manos libres.

«¿Sí, señor? ¿Qué necesita?», preguntó la mujer cautelosamente después de la desagradable llamada anterior.

—García, busca a hombres con cicatrices grandes o deformidades en el rostro. Seguramente tenga antecedentes por violencia y puede tener acceso a un coche gris de dos puertas. Reid te envía un área aproximada en la que podría vivir.

«Enseguida, señor».

Morgan se acercó a Spencer, sentado en una silla, con la mirada clavada en él como si fuera un sospechoso. Podía sentir el enfado del alfa, tanto su postura como su olor eran amenazantes. No sería así si pudiera oler su esencia omega, el miedo que sentía, pero aún estaba cubierto por el falso olor a beta.

—Ha tenido que ser un extraño el que nos descubra tu mentira. Has estado engañándonos todos estos años.

—No quería engañaros, era necesario para poder trabajar en la Unidad—respondió con la cabeza gacha. Conocía la expresión de desprecio que se dibujaba en ese momento en el rostro de su compañero, pero no soportaría verla dirigida a él.

—Podía ser necesario que engañaras a los de arriba, pero nosotros éramos una familia, podrías habérnoslo dicho—ya hablaba en pasado, Spencer sabía que eso no era una buena señal.

—No habríais querido trabajar con un omega.

—No quiero trabajar con alguien en quien no puedo confiar.

Salió de la sala con un fuerte portazo que hizo que el omega se sacudiera en la silla. Podía sentir también las miradas de reojo de Prentiss. La alfa estaba molesta, quizás tanto como Morgan, pero no diría una sola palabra.

Spencer tragó saliva. Sentía un fuerte nudo en la garganta, las lágrimas quemaban en sus ojos, pero no podía ponerse a llorar allí por mucho que le doliera el rechazo del que, además de compañero, era su mejor amigo. Ya sabían que era un omega, pero no podía comportarse como uno si aún tenía la esperanza de que, con el tiempo, volvieran a tratarlo del mismo modo que lo hacían antes.

Pocos minutos después llegaron Rossi y J. J., y Morgan entró también en la sala, tan lejos como podía del omega.

—Por los lugares en los que dejó los cuerpos, el sudes conoce muy bien la ciudad—comenzó a explicar Rossi—. Las arrojó por bocas de alcantarilla bien ocultas, en zonas en las que nadie le vería por la noche, ni llegar ni marcharse.

—Con la última víctima lo descubrieron porque se está volviendo descuidado, impaciente—añadió Prentiss.

—Se está dejando llevar por sus instintos, no tardará en volver a atacar.

—Es hora de dar el perfil.

Los agentes salieron de la sala de reuniones, todos excepto Reid, que no había vuelto a decir palabra. No quería tener que plantarse en ese momento frente a decenas de policías que lo estarían juzgando porque ya sabrían que era un omega.

Un rato después, García los llamó.

«Chicos, he conseguido reducir la lista a dieciséis nombres».

—¿Alguno está en paro o tiene un trabajo que le permita moverse por la ciudad?—preguntó Rossi.

—Pero que no tenga que tratar con clientes, no le gustará que vean su rostro.

«Me quedan cinco».

—¿Alguno tiene diagnosticada impotencia?

«Un segundo... Oh, Thomas Sammel. Trabaja con el camión de la basura. Sufrió un gravísimo accidente de coche con 7 años mientras conducía su madre. Tardó muchísimo tiempo en recuperarse y le costó varias operaciones. Su rostro quedó desfigurado y también se quedó impotente. Consta un Frod Escort gris del 89 a nombre de su madre... pero está muerta, falleció hace cuatro meses de una aneurisma».

—El detonante—comentó Rossi.

«De joven se parece mucho a las víctimas», les envió una foto de la mujer, de cabellos y ojos castaños. «Escuchad, el tercer asesinato se llevó a cabo durante su noche libre y faltó al trabajo la noche del cuarto asesinato».

—Lo tenemos. García, direcciones.

«De inmediato».

Recibieron la dirección de su casa y la de un almacén y se pusieron en marcha.

—Reid, quédate aquí, no salgas—le ordenó Hotch antes de marcharse.

Spencer no pudo moverse por un momento. Les vio marcharse y se quedó solo en la sala de reuniones. Estaba siendo dejado de lado. Con los miembros de la Unidad se había sentido aceptado por primera vez en su vida y ahora lo estaba perdiendo. Morgan jamás se lo perdonaría y probablemente los demás tampoco volverían a tratarlo del mismo modo. Incluso si podía seguir trabajando en la Unidad, sería tratado como una muñeca de porcelana, encerrado siempre como estaba ahora en una sala lejos de cualquier peligro. Solo esperaba que al menos siguieran escuchándole y no ignoraran sus ideas como sucedía muchas veces con los omegas.

Media hora más tarde, el edificio se llenó de emoción, vítores y aplausos. Reid supo que lo habían cogido. No solo tenían su ADN, también había fotografías en su teléfono móvil que estaba observando en el momento en que entraron en su casa y conservaba el cuchillo con el que las había asesinado, aún con restos de sangre seca. No había ninguna duda, el devora-prostitutas sería condenado a la pena máxima.

Los agentes regresaron al departamento de policía y recogieron sus cosas de la sala de reuniones. Spencer no habló, no preguntó nada. Sabía lo que tenía que saber y el ambiente estaba demasiado tenso, no quería obligarles a hablar con él.

—Bien, aún siguen aquí—Vasiliy entró en la sala, ocupando todo el hueco de la puerta con su gran envergadura.

—¿Qué hace aquí, Sr. Fet?—Hotch pasó junto a sus compañeros para acercarse a él.

—He oído que han cogido al asesino, venía a felicitarles—aunque no le prestó ninguna atención al resto de miembros de equipo, su mirada estaba fija en Spencer—. ¿Has hecho un buen trabajo, doctor?

Cuando iba a dar un paso hacia él, Hotch se interpuso. Uno frente al otro, luchando por su predominio con un duelo de miradas, llenando la sala de un olor amenazante. No supo por qué, no tenía ningún sentido, pero Spencer sintió su trasero humedecerse ante aquella escena. Sin embargo, aquel comportamiento no era propio de Hotch, sus compañeros le miraban extrañados, se lo esperarían más de Morgan.

—¿Qué problema tiene, agente?—le preguntó Fet sonriente.

—Debería marcharse, nosotros también nos vamos ya—había sonado como una amenaza.

—Es elogiable que quiera proteger al omega a su cargo, pero ser sobreprotector puede ser peligroso para él. Usted está casado, ¿verdad? Necesita un alfa y, ya que usted no puede serlo, no debería impedir que conozca a otros.

—Eso no va a pasar, me estoy divorciando.

—¿Para hacerle su omega?—preguntó arqueando las cejas.

—Así es, no permitiré que ningún alfa lo saque de mi unidad—le advirtió.

—¿No le parece egoísta? No darle opciones solo porque resulta útil para su trabajo. Un culo tan perfecto tendría muchos pretendientes, yo el primero—sonrió al ver de reojo cómo Reid se ruborizaba.

—El doctor Reid está a mi cargo y mi deber es asegurarme de su bienestar, hago lo que considero que es mejor para él.

—Lo dudo. ¿Permanecer sin un alfa durante tanto tiempo le parece lo mejor para él? Apuesto a que su cuerpo lleva tiempo sufriendo por pasar el celo solo.

Hotch apretó los dientes. Incluso ese hombre se había dado cuenta. Tantos años y él ni siquiera había pensado en ello. Sabía que había fallado como alfa, pero era aún más doloroso que se lo echaran en cara.

—Si se le acerca, presentaré una denuncia contra usted.

Vasiliy soltó una risotada y miró al omega que les observaba completamente aturdido. Se relamió los labios. Sin duda podría merecer la pena correr el riesgo de una denuncia por tener al menos una probada, pero se enfrentaba a agentes del FBI, mejor agotar las opciones legales primero. Metió la mano en el bolsillo y se movió lentamente al ver que se ponían nerviosos. Sacó su cartera y una tarjeta de ella, que dejó sobre la mesa.

—Llámame cuando quieras, doctor. Yo puedo cuidar bien de ti—le guiñó un ojo y salió de la sala.

Unos segundos después, cuando el aire pareció circular de nuevo, Hotch fue consciente de lo que había hecho. Acaba de confesar delante de todos sus compañeros que se estaba divorciando y que tenía pensado tomar a Spencer como su omega. No quería mirarlos, no sabía qué iba a encontrarse.

—Vámonos—les dijo, saliendo de la sala sin girarse.

Hubo miradas estupefactas entre los agentes, pero ninguno dijo nada. Spencer esperó en un rincón a que todos salieran, cogió sus cosas y se quedó mirando la tarjeta sobre la mesa. La dejó allí, no tenía intención de usarla y, si por algún motivo quisiera hacerlo, ya había memorizado el número.


El delito de los que nos engañan no está en el engaño, sino en que ya no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca. Víctor Ruiz Iriarte.


—No sabía que te estabas divorciando—comentó Reid en el camino de vuelta, compartiendo coche con su jefe muy a su pesar.

—No quería chismes por la oficina.

—Creía que te llevabas bien con Haley.

—Me llevaba bien.

Hotch no dijo nada más y Reid no siguió preguntando porque tal vez no quería oír las respuestas. No podía creer lo que le había dicho a Fet, seguramente lo había hecho solo para espantarlo, para que le dejara en paz. No podía estar divorciándose por él, era ridículo. Ni siquiera quería pensar en ello.


Cuando llegaron a la oficina ya era tarde así que tan solo dejaron las cosas y se marcharon. No hubo un «vamos a tomar algo para celebrar» o un «¿Qué tienes pensado para esta noche?», solo silencios incómodos y miradas esquivas. Reid regresó a casa y se metió en su habitación.

Continuará...

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