Dear Papa [cap1]


Título: Dear Papa
Fandom: Original
Autor: KiraH69 
Género: Shota
Clasificación: +18          Advertencias: Incesto, Lemon, Extremadamente menor de edad
Capítulos: 2 (1 de 2)
Resumen: Yuu vive solo con su padre Sousuke desde que su madre los abandonó. Es muy pequeño, pero aun así se encarga de todas las tareas de la casa y se esfuerza para que su padre sea feliz y tenga todo lo que necesita.
Nota: este es un relato completamente de ficción y no está basado en absoluto en ninguna persona o suceso real (por algún motivo siento la necesidad de aclarar esto).


Capítulo 1

Mamá nos abandonó hace más de un año, desde entonces yo me encargo de las tareas de la casa. Papá trabaja muy duro para sacarnos adelante así que, cuando llega a casa por la tarde, después de trabajar todo el día, quiero que se sienta bien y no tenga que hacer nada más en la casa. He aprendido a cocinar, sobre todo sus platos favoritos, también me encargo de ir de compras, de limpiar y de prepararle el baño. Es difícil hacer todo eso yendo a la escuela, pero me esfuerzo mucho para que papá sea feliz y no eche de menos a mamá.

—¡Ya estoy en casa, Yuu!—a Sousuke Nakamura lo recibió el delicioso olor de pescado asado al entrar por la puerta.
Con 29 años, Sousuke era un hombre maduro y atractivo, vestido con un traje negro, camisa blanca y corbata granate que le sentaba como un guante. Llevaba el pelo negro peinado hacia atrás y sus ojos grises claros se ocultaban tras unas gafas de montura metálica.
—¡Bienvenido, papá!—el pequeño Yuu salió corriendo de la cocina y se lanzó a abrazar a su padre.
Su parecido era sorprendente, los mismos cabellos negros, aunque algo más largos, los mismos ojos grises y las mismas facciones elegantes, aunque aún sin desarrollarse del todo. La mayor diferencia era que apenas tenía la mitad de su altura.
—La cena estará lista en un momento. ¿Quieres bañarte antes?—le preguntó mientras tomaba su cartera.
—Cenemos primero—le dijo sonriente, acariciando su cabeza.
—¡De acuerdo!—fue corriendo hasta el despacho para dejar el maletín y regresó a la cocina.
Sousuke se quitó el traje, poniéndose una camiseta negra y unos vaqueros, y fue al salón-comedor, donde la mesa ya estaba puesta. Yuu sirvió la comida, que no envidiaba en nada a la de cualquier buena ama de casa, y empezaron a cenar.
—¿Cómo te ha ido el día, papá?—le preguntó, sentado frente a él.
—Mucho trabajo, pero todo bien. El bento que preparaste estaba delicioso, todos mis compañeros me tienen envidia.
Las mejillas se Yuu se ruborizaron y sonrió contento. Le daba igual lo que pensaran sus compañeros de trabajo, le hacía feliz que a su padre le hubiera gustado. Mañana utilizaría otra receta nueva que había estado estudiando.
—¿Cómo te va a ti en el colegio?—le preguntó.
—Bien, como siempre—respondió escuetamente.
—Pronto empezarás los exámenes, ¿no? ¿Tienes tiempo suficiente para estudiar?
—Sí, tengo tiempo y llevo bien todo así que no hace falta que te preocupes—le dijo sonriente. No quería añadirle una preocupación más a su padre. No le importaban mucho los estudios porque su objetivo era quedarse cuidando siempre de su padre, pero se esforzaba lo suficiente para aprobarlo todo y no darle disgustos.
—Bien, si necesitas cualquier cosa dímelo de inmediato, ¿de acuerdo?
—¡Sí, papá!—no podía evitar alegrarse cuando su padre se interesaba por él.
—Por cierto, mañana solo tendré media jornada así que no hace falta que me prepares el bento, comeré en algún restaurante.
El ánimo de Yuu se desvaneció de golpe. Cocinarle el bento no era un trabajo, era un placer para él, algo en lo que se esforzaba mucho para que le dijera «estaba delicioso». Y ya mañana no podría hacerle la receta que tenía pensada.
—U-um… Entonces podríamos comer juntos…—si al menos pudieran hacer eso.
—Tú estarás en la escuela, no podré salir antes de que termine tu hora del almuerzo.
—Mm…
Sousuke sintió un dolor en el pecho al ver la expresión triste en el rostro de su hijo, era algo que no podía soportar. Se inclinó hacia delante sobre la mesa y extendió la mano hasta acariciar su cabeza gacha.
—Cuando vuelvas estaré aquí así que podremos ir a dar una vuelta juntos si quieres.
—¡Sí!—exclamó emocionado.
El rostro del pequeño se iluminó. Podría pasar una tarde de diario con su padre. Eso era tan poco habitual que tendría que pensar en algo especial que hacer.
¿Cine? ¿Parque? Incluso podríamos hacer un pequeño picnic. Tengo que dejarlo todo listo antes de ir a clase para no perder tiempo cuando vuelva.


Al día siguiente, Yuu se apresuró en volver a casa, corriendo durante el kilómetro y medio entre la escuela y el edificio de apartamentos en el que vivían. Los libros rebotaban en su mochila y la gente se molestaba cuando pasaba a toda velocidad a su lado, pero le daba igual, hoy podría pasar la tarde con su padre. Estaba tan emocionado que al meter la llave en la cerradura le temblaba la mano.
Iba a anunciar a viva voz su llegada cuando escuchó unas risas dentro del apartamento. ¿Quién podía estar allí? ¿Con quién estaba su padre? ¿Con quién se reía? Sin tan siquiera cerrar la puerta, entró silenciosamente y se asomó al salón. En el sofá vio de espaldas a él la larga melena castaña de una mujer. También podía percibir el olor del perfume que había dejado a su paso en la casa. Su padre estaba a su lado, sonriente. Le estaba sonriendo a una mujer. ¿Por qué le sonreía? ¿Quién era esa mujer? Su voz aguda mientras hablaba le irritaba los oídos. Quería echarla de inmediato de su casa. No tenía derecho a estar sentada allí con su padre.
—Oh, Yuu—Sousuke se percató al fin de la presencia de su hijo—. No te esperaba tan pronto. Ven, te presento a- ¿Yuu?
El pequeño salió corriendo, aún con la mochila a la espalda.
No quiero oírlo, no quiero que me presente a su novia ni a su «amiga». ¿Es que no es suficiente conmigo? Cocino, voy a comprar, hago todas las tareas de la casa. ¿Es que lo hago mal? ¿Qué más tengo que hacer para que sigamos siendo solo nosotros dos?
Cuando al fin se detuvo, exhausto, había llegado a un parque que conocía muy bien. Era el lugar donde solían ir los tres, su madre, su padre y él, cuando era pequeño. Las piernas le habían llevado hasta allí sin darse cuenta, tal vez por costumbre. Los niños, muchos de su edad, correteaban por el suelo de tierra, trepaban por la red, se columpiaban en los columpios, bajaban por el tobogán o jugaban en cualquier de las otras atracciones que había; mientras, padres y madres (sobre todo madres) les observaban desde los alrededores, charlando en corrillos de tres o cuatro, o más pendientes de sus teléfonos móviles que de sus hijos.
Pocos años atrás esa era también su situación, jugando con otros niños mientras sus padres le vigilaban; pero ahora ya no sentía ganas de jugar. Se sentó en un banco del camino que llevaba a la zona de juegos. Sus piernas le dolían después de haber corrido tanto, aunque no era nada comparable al dolor que sentía en su pecho. Viendo a aquellas familias comenzaba a comprender por qué él no era suficiente, por qué su padre buscaba una mujer. Sus ojos le picaban, las lágrimas comenzaban a brotar y sentía que ardían como fuego.
Así que realmente no soy suficiente, todo lo que hago no es suficiente. Si papá trae una mujer a casa yo ya no seré necesario, ella cocinará para él y hará todas las demás tareas. Papá ya no me necesitará…
Una mano se apoyó sobre sus cabellos y Yuu levantó la cabeza sorprendido, pensando que era su padre, pero se encontró con un hombre bastante más mayor, con una densa barba negra y unas ropas arrugadas y sucias. Le sonreía con una expresión amable.
—¿Te has hecho daño, pequeño? ¿Te duele algo?
Yuu negó con la cabeza, secándose con el dorso de las manos las lágrimas que caían por sus mejillas.
—¿Están aquí tus papás?
Volvió a negar sorbiendo la nariz.
—No, he venido solo—le dijo.
El hombre sonrió y se sentó a su lado.
—¿Y por qué estás llorando?—le preguntó, acariciando con una mano su espalda para reconfortarlo.
—Papá ha llevado a una mujer a casa—respondió agachando la cabeza—. Se casará con ella y esa mujer hará todo lo que yo hago en casa, será quien cocine para papá y quien cuide de él.
—¿Qué hay de tu madre?—le preguntó extrañado.
—Mamá nos dejó hace tiempo. Yo soy quien cuida de papá, soy lo único que necesita… O eso creía. Papá querrá una mujer para tener más hijos, porque yo no soy suficiente.
Las lágrimas volvían a derramarse por sus ojos, humedeciendo de nuevo sus mejillas que no habían llegado a secarse.
—Ya veo…—el hombre se quedó pensativo durante un momento mientras seguía acariciando su espalda y sus hombros, y un bulto comenzaba a crecer en sus pantalones—. Verás, yo no creo que tu papá quiera más hijos, no busca una mujer para eso.
—¿No? ¿Entonces por qué trajo a esa mujer?—preguntó confundido.
—Porque tu papá necesita sexo. Que cocines para él o que limpies la casa no sirve de nada si no puede tener sexo—le explicó con una voz suave—. ¿Sabes lo que es el sexo?
—Um… He oído algo… pero no sé muy bien—no había oído más que los chismes que circulaban ya entre los chicos de su clase y había visto alguna revista donde las chicas salían con poca ropa, pero no sabía realmente lo que era ni entendía el por qué de tanto alboroto mientras sus compañeros miraban unos pechos desnudos.
—Pues escucha, el sexo es algo que se siente muy bien, algo mucho mejor de lo que nunca has sentido, y a los papás les gusta mucho y no pueden vivir sin él—le explicaba mientras Yuu le miraba sin comprender—. Normalmente se hace metiendo la colita en el agujero que tienen las chicas entre las piernas, pero yo sé un secreto, sé cómo tu papá podría tener sexo contigo y así no necesitaría llevar a ninguna mujer a casa.
—¡¿De verdad?!—exclamó emocionado. Seguía sin comprenderlo, pero si con eso lograba que siguieran siendo solo ellos dos, haría cualquier cosa—. ¡Dime ese secreto, por favor!
—De acuerdo, pero será más fácil si te lo enseño—el hombre se levantó y le tendió la mano—. Así harás muy feliz a tu papá cuando vea qué bien sabes hacerlo.
—¡Vale!
Yuu se levantó de un salto del banco, pero antes de que pudiera darle la mano a aquel hombre, oyó un fuerte estrépito y el hombre cayó completamente inconsciente al sueño, con un gran golpe en la barbilla. Cuando miró hacia arriba vio a su padre con una expresión de furia que jamás había visto en él. Se sintió aterrado por primera vez en su vida. No sabía por qué estaba enfadado, pero sin duda era su culpa. Se quedó inmóvil, temblando, con la cabeza gacha y la barbilla pegada al pecho. Sousuke lo levantó sobre su hombro y se lo llevó a casa sin decir una sola palabra. Cuando llegaron, lo tiró sobre el sofá y comenzó a caminar de un lado a otro de la sala con grandes zancadas, frotándose la cara con las manos y echándose el pelo hacia atrás con tanta fuerza que sentía que iba a arrancárselo. Yuu se quedó sentado en el sofá, con las piernas dobladas contra el pecho y encogido para hacerse lo más pequeño posible.
—No puedo creerlo—murmuraba Sousuke—. ¿En qué estabas pensando? ¡¿Realmente ibas a irte con ese hombre como si nada?! ¡¿Tienes idea siquiera de lo que podría haberte hecho?!
—Yo solo quería aprender…—su voz, amortiguada por las rodillas contra las que tenía apoyado el rostro, se notaba temblorosa, conteniendo el llanto.
—¿Aprender el qué?—le preguntó su padre, deteniéndose frente a él.
Yuu apretó el abrazo alrededor de sus piernas, asustado.
—A tener sexo contigo—respondió con un sollozo, sin poder aguantar más.
—Qué…—no podía creer lo que había oído. Suspiró, intentando calmarse, y se arrodilló frente a su hijo—. Yuu, ¿por qué… por qué querías eso?
—Porque sino ya no seré útil para papá, quiero seguir siendo suficiente, quiero que seamos solo los dos—su sollozos hacían casi ininteligibles sus palabras, pero Sousuke lo comprendió de inmediato.
—Es por la mujer que ha venido hoy, ¿verdad? Te has enfadado por eso—acarició su cabeza con suavidad, sintiendo su cuerpo temblar.
—No me he enfadado, solo tengo ganas de llorar cuando pienso en ello. Buscas una mujer porque yo no soy suficiente, después de todo lo que hago no puedes ser feliz—su pecho dolía tanto que era como si alguien lo retorciera por dentro.
—Yuu, eso no es cierto—se sentó en el sofá a su lado y le rodeó con sus brazos—. Claro que soy feliz, soy muy feliz contigo y eres lo único que necesito en este mundo. No tienes de qué preocuparte, no traeré a ninguna mujer a casa.
—¡Pero aun así seguirás queriendo una mujer para tener sexo!—levantó la cabeza, mirándole con ojos tristes y las mejillas empapadas en lágrimas—. Y aunque no lo hagas aquí lo harás en otro sitio y tampoco quiero eso, no quiero compartirte con nadie—Yuu se puso de rodillas y se abrazó a su padre.
—De verdad, Yuu, no tienes que preocuparte, te prometo que…
—No, no quiero que me prometas nada, quiero ser suficiente para ti—con los ojos húmedos, le miró seriamente—. Enséñame a tener sexo y podré hacerte feliz como lo haría mamá.
Aquella frase le dejó aturdido. Nunca se había dado cuenta de que los sentimientos de su hijo llegaban hasta ese punto. Sabía que él era el que más había sufrido tras la marcha de su esposa, pero había asumido tan rápido y bien su papel que no había pensado en ello.
Le abrazó con fuerza, besando su pelo.
—Tú ya me haces más feliz de lo que ella podría jamás.
—Papá, por favor…—no era suficiente, si no podía cumplir con todo lo que haría una mujer nunca sería suficiente.
—Yuu—le apartó suavemente para mirarle a la cara seriamente—, eso no es algo que puedas hacer con cualquiera, es algo que haces con la persona que amas, con quien quieras casarte.
—¿Entonces cuál es el problema? Sé que no podemos casarnos, pero yo te amo a ti, papá. Quiero que estemos siempre juntos, por eso quiero aprender, para que jamás necesites a nadie más que a mí.
—Yuu, siempre estaremos juntos, pero eso…
—¡Si no me lo enseñas tú, buscaré a alguien más que me lo enseñe! Así ya sabré cuando lo haga contigo.
—¡No! ¡Yuu, ni se te ocurra, no puedes hacer eso!—comenzaba a temer que otro hombre como aquel se acercara a su hijo, no podía permitir algo así.
—¡Entonces enséñamelo tú!—iba a aprender fuera como fuera, le enseñara su padre o no. No iba a permitir que su padre tuviera que recurrir a una mujer para nada, tenía que necesitarlo solo a él.
Su mirada seria y decidida pudo con él. Jamás podría perdonárselo si otro hombre le ponía un dedo encima. Ya solo con ver a aquel hombre en el parque a punto de llevarse a su hijo había sentido un deseo casi irrefrenable de matarlo. Si no lo hacía él, otro hombre como aquel podría intentar aprovecharse de nuevo de su preciado hijo.
Suspiró y agachó la cabeza derrotado.
—Está bien, te enseñaré.
—¡Gracias!—Yuu se abrazó feliz a él—. Te amo papá.
—Yo también, Yuu—iba a arrepentirse de aquello, estaba seguro, pero no tenía otra opción.
Se levantó del sofá con él en brazos y se lo llevó a su habitación. Se sentaron en la amplia cama de matrimonio, con sábanas blancas y colcha negra.
—¿Cómo empezamos?—preguntó el pequeño ansioso, arrodillado frente a él.
—Yuu, escucha, si en cualquier momento tienes miedo o quieres que me detenga, solo tienes que decirlo, ¿de acuerdo?
—Estoy contigo, papá, así que estaré bien—respondió sonriente.
—Sí… estarás bien...—no estaba muy convencido de ello, pero el luminoso rostro de su hijo conseguía que perdiera todo temor.
Acarició su pequeño rostro, apartando los mechones de su flequillo. Podía verse en él a sí mismo cuando era pequeño. Las mismas facciones y hasta la misma cabezonería. Le quería más que a nada el mundo y por eso no iba a permitir que nadie le hiciera daño. Solo haciéndolo él mismo podía asegurarse de que no sufriría.
—Voy a besarte, ¿de acuerdo? Cierra los ojos.
Yuu intentaba no sonreír, pero no podía evitarlo. Cuando sintió los labios de su padre sobre los suyos se sorprendió por un momento, era su primer beso, pero enseguida le echó brazos a los hombros cuando iba a apartarse para que continuara aquel beso inocente. Sousuke le rodeó la cintura con un brazo y lo sentó en su regazo. Aquellos labios eran pequeños y suaves, le recordaban a sus primeros besos, pero estos no temblaban inseguros como solían hacerlo los primeros besos. Lamió sus labios con la punta de la lengua y Yuu entreabrió la boca con un suspiro.
—Saca un poco la lengua—le pidió Sousuke.
Yuu obedeció y su padre le acarició la lengua con la suya. Era una sensación extraña, pero le gustaba. Era húmeda, suave y cálida, pero lo que más le gustaba era estar en los brazos de su padre, esa era la mejor sensación.
Papá me está besando. Los chicos besan a sus novias, ¿verdad? Entonces puedo ser la novia de papá. Cuando sepa tener sexo ya no necesitará a ninguna mujer. Seré mejor que mamá.
Al poco de que Sousuke metiera la lengua en su boca, haciéndole estremecer cuando acariciaba su interior, Yuu tuvo que apartarse, ya no podía respirar.
—¿Estás bien?—le preguntó Sousuke preocupado.
—Sí… solo necesito aire…—jadeó, apoyando la cabeza en su hombro.
—Tienes que respirar por la nariz—no pudo contener una sonrisa.
Acarició su cabeza y sus redondas mejillas sonrojadas y aterciopeladas. Los finos labios habían adquirido un tono rosado más fuerte. Se descubrió queriendo besarle de nuevo. Sacudió la cabeza, intentando expulsar ese pensamiento.
—Ya es suficiente por hoy, seguiremos otro día—le apartó y se levantó de la cama.
—¿Eh? ¡No! ¡Todavía puedo seguir, aún no hemos hecho nada!—se aferró a su cintura, intentando retenerlo.
—Ya es tarde, tendrás que ir haciendo la cena.
Yuu hinchó los mofletes molesto. Se soltó de su padre y salió de la habitación. Sousuke se dejó caer sobre la cama, hundiendo el rostro entre las manos. Por un instante el amor hacia su hijo se había convertido en algo físico, no podía creerlo. Tenía miedo de lo que pudiera pasar si continuaba con aquello; no de que lo descubrieran otros sino de que su maravillosa relación con su hijo podría acabar destruida. Debía quitarle aquello de la cabeza. Tal vez si dejaba pasar el tiempo finalmente se olvidaría de ello.
Cenaron en completo silencio. La expresión triste y molesta de Yuu al otro lado de la mesa se le clavaba como un puñal. Ambos cenaron poco, sobró la mayor parte de la comida.
—¿Puedo bañarme contigo?—le preguntó Yuu mientras recogía la mesa.
—Cla- Pre… prefiero relajarme solo un rato—había estado a punto de decir que sí por costumbre. No era raro que se bañaran juntos, pero pensó que no sería buena idea en ese momento.

El pequeño no replicó, con la cabeza gacha siguió recogiendo. Sousuke se esperaba algo más de pelea, pero Yuu no volvió a decir nada en toda la noche, ni siquiera se despidió cuando se fue a la cama.

Continuará...

2 comentarios:

  1. Me esta gustando y la verdad me doy miedo :v me sorprendió qué me gustara O-O soy una sucia?

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