Eternidad demasiado corta c1

Título: Eternidad demasiado corta. 
Categoría: Original
Género: Tragedia, Romántico, Yuri
Clasificación: +14 años
Advertencia: Lemon, Sufrimiento
Capítulo: 1 de 2 Finalizado: No
Resumen: ¿Después de haber pasado por el quirófano es posible ver un ángel aun estando viva?

Los dolores aquel día y el anterior fueron insoportables pero al fin estaba en la Residencia ingresada y a punto de entrar al quirófano tras haberme realizado un montón de pruebas y descubrir que mi dolor de cabeza se debía al apéndice. Mi familia, como siempre, agobiándome. No dejaban de repetirme que todo iría bien, que no era nada, y aquello me ponía más nerviosa. Al fin entré a quirófano y todo pasó rápido. Desperté poco a poco de la anestesia en la Rea (la sala de reanimación). El primer rostro que vi fue el de mi madre y, al contrario que la mayoría de las personas, no me agradó nada verla. Poco a poco fui recuperando la conciencia. Giré el rostro para dejar de ver a mi madre y me encontré con un ángel. No, era mucho más hermosa que los ángeles (aunque yo no he visto ninguno). Su rostro somnoliento girado hacia mí me mostraba una belleza dulce e inocente. Sus ojos entre abiertos eran castaños y oscuros pero muy brillantes al igual que su cabello, que caía largo y ondulante sobre la cama. Su rostro dulce y algo infantil tenía una nariz respingona y unos labios finos y rosados. No recuerdo nada más de aquella sala, salvo que no dejé de mirar un solo instante a aquel ángel. En cuanto se despertó un poco más me miró y sus mejillas se sonrojaron. Me dedicó una pequeña sonrisa y desvió la mirada con vergüenza. Mi corazón latía acelerado y en mi interior aparecieron sentimientos muy intensos por aquella mujer. Al rato (no se cuanto) se la llevaron de allí. Deseé ir con ella pero aun no estaba despierta del todo. Cuando estuve en mi cuarto ya despierta no sabía si aquella mujer de la Rea era real o había sido solo un bellísimo espejismo. Estuve muy nerviosa toda la noche y el día siguiente, deseaba levantarme de una vez de aquella cama para ir a buscarla. Por fin, al segundo día después de la operación me vi liberada del suero y las medicinas y pude salir de la habitación, logré librarme de la marabunta que ocupaba mi habitación, todos familiares míos que me habían acosado desde el primer día y ni tan siquiera me dejaban descansar. Fui a la mesa de las enfermeras y allí pregunté por aquella chica pero como no tenía su nombre no supieron decirme nada, entonces la busqué habitación por habitación hasta que di con la suya. Estaba incorporada en la cama leyendo un libro y su madre estaba sentada junto a ella.

—Perdón, ¿puedo entrar?—pregunté.

Ella me miró sorprendida y vi su rostro iluminado.

— ¿Quién eres?—me preguntó la madre.

—Emmm, la vi en la REA y mi habitación está llena de gente, quería hablar un rato con alguien.

La madre miró a la chica que sonreía algo sonrojada y no se atrevía a mirarme mucho a los ojos. Ella miró a su madre y afirmó con la cabeza. Entré en la habitación. La madre se levantó de la silla y se dirigió a la puerta.

—Ahora que estás acompañada voy a ir a tomar algo.

Me quedé a solas con ella. Me senté en la silla y nos quedamos en silencio. La observaba fascinada. Era tan bella que no podía creer que fuera real. Ella sonrojada desviaba la mirada mientras jugueteaba con un mechón de su brillante cabello.

—Me-me llamo Nice—le dije saliendo del ensimismamiento en que su belleza me había sumido.

—Yo Sarah.

—Es un nombre precioso. ¿Sabes que significa princesa?—desvió la mirada y se sonrojó bastante— ¿Cuántos años tienes?

Intenté seguir hablando para que se sintiera más cómoda pero me costaba porque solo deseaba una cosa.

—Tengo 17 años—contestó volviéndome a mirar unos momentos— ¿Y tú?

—Tengo 16—mi corazón parecía que se iba a salir del pecho— ¿De qué te han operado?—su rostro se ensombreció un poco—si no quieres decírmelo no importa.

—Es que… bueno, tampoco sé muy bien cómo explicarlo. Es algo de los riñones o algo así. Tengo que estar aquí un mes para que vuelvan a operarme.

—Mucho tiempo en un lugar tan triste.

—Sí…

—Pero tendrás amigos y familia que venga a visitarte.

—No, mi madre y yo acabamos de llegar y no tenemos familia ni conozco a nadie.

No soportaba ver aquella tristeza en su rostro, me dolía en el alma. Me senté junto a ella en la cama y le cogí la mano.

—Entonces yo vendré a verte todos los días—le dije sonriéndole para reconfortarla.

—Pero tienes que ir al instituto y después tendrás deberes y otras cosas que hacer…

—No voy a permitir que una chica como tú este aquí sola y aburrida. Vendré todos los días, si tú quieres, claro.

—Sí—contestó más alegre y desvió la mirada—me gustaría mucho pero no tienes que venir todos los días.

—Si te hace feliz vendré cada día y pasaré la tarde contigo y los sábados y los domingos vendré desde por la mañana.

Vi una bellísima sonrisa en su rostro, se acercó un poco a mí y me dio un beso en la mejilla. Todo mi cuerpo tembló, mi pulso y mi respiración se aceleraron, aquel momento fue eterno y a la vez demasiado corto.

—Puedes traerte los deberes y los hacemos juntas—me dijo.

—Claro, me encantaría.

Pasamos el resto del día hablando de cosas sin importancia, me sentía tan bien estando simplemente a su lado que perdí la noción del tiempo y llegó la cena mientras seguíamos charlando.

—Voy a mi cuarto a cenar y vuelvo después.

Cuando llegué a mi cuarto mi madre me echó la bronca por haber desaparecido pero no me importó. Después de cenar regresé al cuarto de Sarah sin perder el tiempo. Ella pareció alegrarse mucho de verme. Seguimos hablando hasta muy tarde.

—Mañana me darán el alta—le dije. Su rostro se oscureció un poco—pero no te preocupes, voy a venir todos los días.

Su rostro se iluminó y yo me sentí muy bien.

A la mañana siguiente me levanté pronto y fui directa a su cuarto. Entré despacio para no despertarla por si aún estaba dormida pero ya me esperaba ansiosa. Me senté con ella y seguimos hablando como el día anterior. Tuve que regresar a mi cuarto para que me viera el médico y me diera el alta. Mi madre quiso que me fuera a casa pero yo me quedé con Sarah.

Desde aquel día todas las tardes fui con Sarah. Estudiábamos juntas, leíamos, dibujábamos y hablábamos de cosas sin importancia. Cada día me sentía más cerca de ella. Los sábados y domingos pasaba allí todo el día mientras su madre trabajaba y me quedaba a dormir junto a ella. Una noche, en lugar de dormir en el incómodo sillón o en la cama de al lado que a veces desocupaban, Sarah me pidió otra cosa.

—Nice…—dijo con la mirada gacha.

—Dime.

— ¿Esta noche podrías dormir en mi cama?

El corazón se me aceleró enormemente, mi respiración se alteró y mis piernas temblaron descontroladamente.

—Si-si tú quieres—dije con miedo de parecer demasiado ansiosa.

—Sí, por favor.

Me tumbé junto a ella, Sarah se acurrucó junto a mí sonrojada. Sin saber cómo colocarme o dónde poner las manos dejé que ella se acomodara y pronto se durmió. Yo tardé mucho en conciliar el sueño, estaba demasiado nerviosa por tenerla allí, tan cerca de mí. La observaba y me sentía muy bien por el simple hecho de tenerla a mi lado. Desperté a la mañana siguiente poco antes que ella, había tenido unos sueños muy intensos con ella que esperaba que se cumplieran. Nos miramos a los ojos y no pude controlar aquel impulso. Le di un suave y dulce beso en los labios, tan solo rozándonos. Mi corazón dejó de latir, en mi mente solo había cabida para aquel instante. No quería separarme de ella, la sola idea de apartar mis labios de los suyos me aterraba. Sentí como ella también se aferraba a mí. Con una mano agarraba con fuerza mi camiseta mientras yo acariciaba con suavidad su rostro y su cabello. Fue una eternidad demasiado corta (esta expresión ya la he empleado antes pero no conozco otra para describirlo). Cuando nuestros rostros se separaron suspiramos. Mi corazón volvió a latir muy fuerte. Nos miramos unos instantes y cuando Sarah pareció darse cuenta de lo que acababa de pasar giró la cabeza y se sonrojó más intensamente que nunca. Salí de la habitación sabiendo que necesitaba tranquilizarse, asimilar lo que había pasado y yo también.

Continuará...

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