El eXterminador [cap3] FIN


Título: El eXterminador
Fandom: The Strain       Pareja: Vasiliy Fet x Original
Autor: KiraH69 
Género: Slash / Yaoi       Clasificación: +18      Advertencias: Lemon
Capítulos: 3 (3 de 3) Finalizado
Resumen: Una historia alternativa situada a los inicios del apocalipsis vampírico centrada en Vasiliy Fet y Elliott Kaufman, un chico al que rescata de una manada de vampiros a punto de devorarlo. Convivirán juntos en una herrería mientras Vasiliy se prepara para exterminar a las criaturas que asolan su ciudad.

Capítulo 3


—Elliott, Elliott.
Escuchó la voz lejana de Vasiliy llamándole. Gruñó apretando los ojos y ocultando el rostro dentro de la chaqueta. No quería despertar, se sentía muy a gusto.
—Oye, chico, voy a salir, vigila el fuerte.
—Mm…—por un momento no asimiló lo que le decía, pero cuando se dio cuenta se incorporó de un salto—. ¡Espera! ¡Voy contigo!—le gritó de rodillas sobre la cama.
Vasiliy tan solo le miró de reojo, ya a punto de salir de la habitación.
—No, iré solo. Será mejor que tú no salgas, no tardaré.
Elliott se quedó mirando el hueco vacío de la puerta cuando Vasiliy desapareció por ella. Entendió lo que quiso decir, no era más que un estorbo para él y no quería que le volviera a dar problemas. Lo comprendía así que no insistió, pero no podía evitar sentir ese dolor en su pecho, detestaba no poder ser de utilidad. ¿Y cuando fuera a cazar a esos monstruos? Tampoco entonces le permitiría ir con él. No era más que una carga.
Con la cabeza gacha se levantó de la cama y se puso a recoger la ropa que tenía tendida. No había otra cosa que pudiera hacer.
Una hora después regresó Vasiliy con una mochila de deporte al hombro. La tiró a los pies de Elliott cuando este bajó a toda prisa las escaleras para recibirle, ya de nuevo vestido con su ropa.
—Recoge eso—le dijo, dirigiéndose al taller.
—Um… Si quieres comer algo, te preparo el desayuno.
Vasiliy se dio media vuelta y subió las escaleras. Elliott cogió la mochila y subió tras él. Le extrañó que no pesara, creía que había ido a por plata, pero no parecía ser el caso. Dejó la mochila a un lado y comenzó a hacer el desayuno mientras Vasiliy esperaba sentado a la mesa.
—Voy a lavar tu chaqueta, ¿tienes algo más que quieras que lave?—le preguntó tras servirle el desayuno.
—¿Tanto la has manchado?
—Ah, no, solo… Bueno, la he llevado puesta…—quería decir que la había llevado desnudo, pero solo consiguió que sus mejillas se ruborizaran.
—No me parece un problema, no pierdas tiempo con eso.
—Tengo mucho tiempo que perder—contestó cabizbajo, poniéndose a fregar.
Vasiliy le miró de reojo sin decir nada. Solo pensó que lamentaba que ya no llevara puesta su chaqueta, se veía mucho mejor solo con ella. Tras terminar el desayuno, Vasiliy bajó al taller y siguió trabajando.
—¿Ropa?
Cuando Elliott abrió la bolsa de deporte se sorprendió al encontrar unos vaqueros, una sudadera gris y un jersey negro nuevos. Las dos primeras prendas eran de su talla y la última el doble de grande. Debajo de ellas también había dos pares de calzoncillos para ambos. ¿Había salido solo para conseguirle ropa? Ahora se sentía mal por habérsela pedido, se había arriesgado por él. ¿Por qué no hacía más que sentirse mal una y otra vez?
Mientras recogía la ropa encontró debajo de ella algo más, era un bote alargado de color fucsia. Cuando leyó la etiqueta se quedó congelado. «Lubricante sexual». Ahora estaba seguro de que no había salido a conseguir la ropa, sino el lubricante. Elliott se quedó pensativo mirando el bote metálico. Quizá debería dejarle hacerlo, después de todo no podía ser útil para nada más, solo era un gorrón allí y ese hombre le había salvado la vida, tenía que pagárselo de algún modo.
Dejó el lubricante y la ropa en la habitación y se puso a lavar la chaqueta de Vasiliy a mano en el fregadero.
—¿Por qué no te has puesto el pantalón nuevo? Ese está roto, ¿no?—le preguntó Vasiliy, mirándole de reojo cuando bajó al taller.
—Está bien, ahora está limpio—Elliott cogió el jersey de Vasiliy, tirado sobre una silla. Solo tenía una manga, la otra la había utilizado para envolver su herida de bala. La segunda vez que le había ayudado—. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?
—Mm… Actualiza ese mapa que hiciste con los comentarios que hayan puesto esta mañana.
—De acuerdo. Te traeré el jersey nuevo.
No tardó ni media hora en comprobar los mensajes en las redes sociales para finalmente dejar el mapa tal y como estaba. De nuevo se quedó sin nada que hacer. Se sentó al pie de las escaleras con el jersey roto en las manos. Desde allí podía escuchar cómo trabajaba Vasiliy y también ver en ocasiones su ancha espalda por la entrada del pasillo.
Podría quitarle la otra manga, pero tal vez acabe deshilachándose. No sé si habrá algún costurero por ahí, no puedo usar el hilo del botiquín. Al final, sin hacer nada, acabó quedándose dormido sin darse cuenta, con la cabeza apoyada contra la pared.
Vasiliy dejó el martillo cuando ya empezó a sentir hambre. El sudor hacía brillar sus músculos y caía por su rostro. Vio el jersey nuevo sobre una silla. No se lo podía poner tal como estaba, mejor darse una ducha primero. Cuando llegó a las escaleras se encontró al chico allí dormido, abrazado al jersey roto. Sonrió casi con ternura. Tendió la mano y acarició sus rizos pelirrojos, su mejilla y sus labios. Estaba demasiado indefenso, quería aprovecharse de él.
Elliott entreabrió los ojos. Vio el torso desnudo, sin levantar más la mirada. Sintió el pulgar acariciando su labio inferior y dejó que siguiera, volviendo a cerrar los ojos. Vasiliy se inclinó sobre él y le besó. Elliott percibió el sabor salado del sudor al igual que su intenso olor, que extrañamente no le resultó desagradable.
—¿Tanto te gusta mi jersey que duermes abrazado a él?—le preguntó burlón.
—¡Ah! N-no, solo estaba pensando en cómo podría arreglarlo—se levantó velozmente, casi tropezando en las escaleras.
—Basta con que le quites la otra manga. Voy a darme una ducha, ve preparando la comida.
—Sí, voy.
Le vio subir las escaleras y subió tras él. Cuando Vasiliy regresó del baño, limpio y con el jersey nuevo, Elliott le sirvió la comida y se puso a fregar.
—¿No vas a comer?
—No… Ahora no tengo hambre—respondió dándole la espalda.
Vasiliy le agarró del brazo y le obligó a darse la vuelta.
—Ya te dije que no me gustan los jueguecitos, di lo que tengas que decir.
—No es eso, no tengo nada que decir, yo solo…—no era capaz de mirarle a la cara, se sentía realmente ridículo diciendo eso—. Bueno, quería poder ser un poco más de utilidad, no quiero ser un estorbo aquí.
—Por ahora solo necesito armas y tardaría más tiempo en enseñarte a hacerlas que en fabricarlas yo mismo—sin darle más importancia empezó a comer.
—Lo sé, está bien.
Elliott pasó toda la noche frente al ordenador del despacho, viendo lo que pasaba por el mundo y cómo se veía desde el exterior lo que sucedía allí. Era sorprendente cómo en casi ningún lugar hacían mención a ninguna clase de monstruo, la mayoría solo hablaba de revueltas por todo tipo de razones, desde rebeliones contra el gobierno hasta enfermedades contagiosas mortales. No comprendía cómo habían sido capaces de ocultar el tema de los vampiros parásito. Cierto que resultaba difícil de creer, pero ya nadie en aquella ciudad lo dudaba y habían dejado miles de mensajes por toda la red. A ese ritmo no parecía que nadie fuera a ayudarles. Sabía que Vasiliy no tenía intención de marcharse, pero a él esa ciudad no le importaba tanto como para pelear por ella. Tal vez debería intentar escapar, marcharse a alguna isla donde los parásitos no pudieran llegar. Pero hacerlo solo era imposible, cinco minutos ahí fuera y acabaría muerto o, aún peor, transformado en una de esas criaturas. Permanecería junto a Vasiliy, quien le había salvado la vida, mientras le fuera mínimamente útil aun tan solo para cocinar.
Cenaron juntos cuando ya estaba amaneciendo y fueron al dormitorio. Vasiliy sonrió al ver el bote de lubricante sobre la cama. Agarró a Elliott por las caderas desde atrás y lo acercó hacia sí.
—Apuesto a que has estado pensando en esto todo el día—le susurró.
Elliott se estremeció al sentir su aliento en la oreja. Claro que había pensado en ello todo el día y ya había tomado su decisión. Vasiliy deslizó una mano por su vientre y desabrochó su pantalón mientras colaba la otra bajo su camiseta. Elliott, completamente tenso y nervioso, no hizo nada para impedírselo.
—¡Nh!—gimió cuando besó su cuello y de repente toda la tensión de su cuerpo se desvaneció.
Vasiliy le tumbó en la cama y se arrodilló sobre él. Le vio tan grande, como un gigante, que comenzó a sentir miedo. Cuando se inclinó sobre él volvió a ponerse tenso, como si todas sus articulaciones se encogieran. Vasiliy le besó y estaba tan nervioso que aguantó la respiración.
—¡Fuah! Ah… ah…—Elliott tuvo que apartar a Vasiliy para recuperar el aliento—. Lo… lo siento, no puedo… lo siento…—jadeó, ocultando el rostro contra el colchón.
—¿Qué?—Vasiliy se quedó extrañado por su reacción.
—Quería dejar que lo hicieras, pero no puedo, lo siento.
—¿«Dejar» que lo haga?
—Lo siento, solo quería ser útil.
Vasiliy le agarró del brazo y le obligó a encararle. Estaba temblando y casi llorando. Al verle así retrocedió, bajándose de la cama, y el enfado que sentía se convirtió en casi lástima.
—¿Te crees que disfrutaría violando a un mocoso?—su voz sonó como un rugido—. No necesito esto, no eres de utilidad así.
Se marchó y desde la habitación se pudo escuchar un fuerte golpe en el pasillo, le había dado un puñetazo a la pared. Elliott se quedó sentado sobre la cama. Tenía tanto miedo que ni siquiera había soportado un beso. Quería ser útil, pero en lugar de eso solo había conseguido enfadar a Vasiliy. Si después de todo no podía servir para nada allí, lo mejor sería marcharse y ahora que estaba amaneciendo era el mejor momento para ello.
Bajó al taller, donde se oían los brutales golpes del martillo, para despedirse. Agradecía que Vasiliy desahogara su rabia contra el metal y no contra él.
—Um… L-lo siento, no era mi intención…—apretó los labios con la cabeza gacha—. Me marcharé ahora.
—¡¿A dónde coño piensas ir?!—tiró el martillo sobre la mesa con un fuerte estrépito y se acercó a Elliott—. No vas a ir a ninguna parte, no sobrevivirás ahí fuera y aún quiero follarte—le agarró por los cabellos y levantó su rostro, mirándole de cerca—. No necesito que abras tus piernas para hacerme un favor ni necesito violarte, acabarás suplicándome que te folle.
Le besó y esta vez Elliott correspondió al beso como siempre, porque sus besos le gustaban, se sentían bien.
—¿Lo ves? No eres nada difícil—le dijo sonriendo.
Elliott se ruborizó y se apartó de un salto. ¿Cómo se le había ocurrido intentar complacer a aquel tipo tan desagradable?
—Me voy a dormir—se dio la vuelta ofendido y subió a la habitación.
Se metió en la cama, vestido y tapado con las sábanas. Ahora ya no quería darle facilidades si se le ocurría intentar algo. Vasiliy entró a los pocos minutos y se tumbó a su lado. Elliott se encogió haciéndose un ovillo de cara a la pared.
—No te preocupes, no voy a tocarte. Solo voy a masturbarme a tu lado.
—¡¿Eh?!—se giró y se encontró con el rostro de Vasiliy.
Escuchó cómo se desabrochaba el pantalón y no quiso mirar hacia abajo.
—Llevo todo el día esperando esto, tengo que aliviarme—le dijo, sacando el miembro de sus pantalones.
Elliott volvió a darle la espalda, cubriéndose con las sábanas, pero aquello no sirvió de nada. Podía escuchar la respiración pesada de Vasiliy y el sonido de su mano masturbando la gran verga, y no podía evitar imaginarlo en su cabeza. Recordaba a la perfección el calor y la dureza de aquel miembro en sus manos, casi tan vívidamente como si lo estuviera palpando en ese momento. Comenzó a sentir un hormigueo en su entrepierna y ya no pudo aguantar más. Se dio la vuelta y llevó las manos al miembro de Vasiliy. Comenzó a acariciarlo sin decir nada, intentando que no viera la expresión de excitación en su rostro.
—Lo haces muy bien, pero ¿qué tal si pruebas a chupármela?
Se sorprendió por la petición, pero no se negó directamente.
—Nunca… lo he hecho…—lo había pensado, no dejaba de pasársele por la cabeza.
—Para todo hay una primera vez—se tumbó boca arriba, invitándole a bajar.
Elliott se incorporó y, arrodillado junto a Vasiliy, se inclinó sobre el miembro erecto. Sus labios rozaron la punta y percibió el calor y su intenso olor. Ya no lo pensó más, lamió el glande y lo envolvió con sus labios. El extraño sabor salado inundó su boca y su mitad inferior se sacudió inquieta, el pantalón comenzaba a apretarle.
—Es demasiado grande, no puedo meterlo en mi boca.
Vasiliy se estremeció al sentir su aliento mientras susurraba aquello sin separar los labios de su miembro.
—Está bien, sigue como lo estás haciendo, basta con que uses bien la lengua—le dijo acomodándose con las manos cruzadas tras la cabeza.
Lamió la verga de arriba a abajo, chupándola y besándola mientras la acariciaba con ambas manos. Estaba tan concentrado que se había olvidado de toda vergüenza, aquello le estaba excitando más de lo que habría imaginado.
—Elli, voy a correrme, ¿por qué no lo bebes?—le pidió, enredando los dedos en sus cabellos y tirando de él para que subiera hasta la punta.
Envolvió el glande con sus labios, era todo lo que podía introducir en su boca, y frotó el miembro con más rapidez sin dejar de acariciarlo con su lengua. Era solo un novato, pero ver su rostro sonrojado y el entusiasmo que le ponía volvía loco a Vasiliy. Quería correrse en su boca, pero también quería ver su rostro salpicado con su semen. Se preguntó si podría conseguir ambas cosas.
Con un gruñido profundo eyaculó en la boca de Elliott, pero antes de terminar le apartó, salpicando también su mejilla derecha y sus labios. Elliott se quedó allí sentado, aturdido, con la boca entreabierta y jugando con la simiente inconscientemente con su lengua. Vasiliy tragó saliva. Su miembro palpitó de nuevo al ver el rostro ensimismado del chico con su leche deslizándose por el rostro sonrojado. Acarició su mejilla con la mano, extendiendo con el pulgar la simiente.
—Trágalo—le ordenó, acariciando sus labios con la otra mano.
Elliott tragó el semen que nadaba en su boca y relamió el de sus labios. De inmediato Vasiliy le besó, con tanta intensidad que le hizo estremecer.
—Me estás volviendo loco—susurró con voz grave.
—Ayúdame—le suplicó, frotando inquieto la entrepierna sobre los pantalones.
Vasiliy sintió que su polla se ponía dura de nuevo. Se lanzó sobre el chico, tumbándolo en la cama, y le quitó los pantalones de un tirón, descubriendo la verga que goteaba.
—No puedo creer que te hayas puesto así por chuparmela.
—Ca-calla y haz algo—estaba tan excitado que la vergüenza ya le daba igual. Vasiliy agarró el bote de lubricante y vertió un gran chorro sobre el miembro—. ¡Hya! ¿Qué haces? No vas a- Nh...
Le besó para acallar sus quejas y, sin separarse de sus labios, comenzó a frotar la erección cubierta de lubricante. Elliott se sumió completamente en aquel beso y apenas se dio cuenta cuando los dedos de Vasiliy pasaron de su miembro a su entrada. La frotó por encima, recubriéndola de lubricante, y deslizó un dedo dentro.
—¡Ngh!—Elliott se quejó y empujó el brazo de Vasiliy, intentando apartarlo—. N-no, para, ahí no-
—Tranquilo, sujeta esto—Vasiliy le levantó la camiseta y le hizo agarrarla con ambas manos para que las tuviera ocupadas.
Se inclinó sobre su pecho y comenzó a lamer y succionar sus pezones mientras los frotaba y pellizcaba con su mano libre. Elliott no podía contener los gemidos, no sabía que jugar con su pecho pudiera sentirse tan bien. Por otro lado, no estaba seguro de cómo definir la sensación en su trasero. Vasiliy seguía acariciando su entrada, moviendo un dedo dentro de él y después sumando otro.
—Vasi… liy… más… tócame…—Ya estaba a punto, pero no tocaba su miembro, no podía correrse—. ¡Waah!
De repente sintió como si un rayo le atravesara y su miembro salpicó unas gotas de semen.
—Así que este es el punto—rió Vasiliy, mirando el rostro aturdido del chico.
—Qué… N-no… No toques ahí…—a pesar de su negativa, no hizo nada para impedírselo, solo retorció la camiseta cubriendo su boca.
Sus caderas se sacudieron cuando Vasiliy volvió a insistir en ese punto en su interior. Mordió la camiseta para no gemir, pero fue completamente inútil. Y mientras, aquel hombre seguía jugando con su pecho como si fuera el de una mujer, aunque eso ya no le molestaba, se sentía demasiado bien. Su cabeza daba vueltas, eran demasiadas sensaciones en diferentes lugares al mismo tiempo. Vasiliy ni siquiera tuvo que tocar su miembro para conseguir que se corriera.
Elliott quedó jadeando, con la cabeza en una nube, la mitad inferior de su cuerpo entumecida y sus tetillas palpitando demasiado sensibles. ¿Qué demonios había sido eso? No tenía nada que ver con nada de lo que hubiera sentido antes.
—¡Hum! no pensé que lograrías tener un orgasmo de próstata la primera vez, eres más sensible de lo que imaginaba—se burló Vasiliy.
—Yo… yo no…
—Está bien, así será mucho más fácil cuando llegue el momento.
Elliott no entendió lo que quiso decir, pero no pensó más en ello al ver fugazmente la erección de Vasiliy asomando entre los pantalones cuando este se levantó de la cama.
—Duerme ya—se dio la vuelta y se dirigió a la puerta de la habitación.
—¡Espera!—le llamó, arrodillándose en la cama. Vasiliy se dio la vuelta y entonces pudo verlo perfectamente, el miembro erguido en la entrepierna, palpitando—. A-aún no puedo… eso, pero puedes… usar mis muslos—le dijo juntando las piernas y frotando sus muslos nervioso.
Vasiliy sonrió y se acercó de nuevo a la cama. Elliott agachó la cabeza, pero no podía evitar mirar el falo que se acercaba.
—Ponte a cuatro, con el trasero hacia aquí.
Elliott lo hizo casi de inmediato, quedando al borde de la cama.
—Te vuelves muy obediente cuando estás cachondo, Elli—rió Vasiliy, sujetándolo por las caderas.
—No me llames Elli. Nnh…—gimió largamente cuando la verga se deslizó entre sus muslos, frotando su pene.
Estaba húmedo por el lubricante así que fue aún más agradable que las otras veces y Elliott apretaba los muslos cuanto podía con lo que Vasiliy solo tenía que mover las caderas y «penetrarle». Acariciaba sus nalgas y las separaba, observando el agujero por el que realmente quería meter su polla. Era demasiado pequeño y no estaba acostumbrado a aquello, aún tendría que esperar y prepararlo bien antes o sería tan doloroso que el chico no querría volver a acercársele. Aunque, por cómo estaba actuando, esto le parecía poco probable. Elliott gemía sin contenerse y acariciaba con ambas manos los miembros que se frotaban entre sí mientras movía también las caderas. Su actitud realmente cambiaba cuando se sentía bien.
—Creí que me ofrecías tus piernas para que me masturbara yo, pero creo que estabas siendo egoísta y solo querías disfrutar tú.
—N-no es cierto… ¿No estás disfrutando?
—Oh, claro que sí, te estás esforzando mucho. Me dan ganas de correrme solo con mirarte—pudo ver cómo se estremecía al decirle eso.
—Entonces hazlo ya—replicó respirando pesadamente.
—Pídelo bien.
—Mm…
—Vamos, no es tan difícil—le dio un sonoro cachete en el trasero.
—¡Nh! Có-córrete—le pidió, con el rostro pegado a las sábanas.
—¿Dónde? ¿Dónde quieres que me corra?
—Entre… mis piernas… ¡Córrete ya!—al mismo tiempo que suplicaba, se vino en sus propias manos.
—Pidiéndolo mientras te adelantas, qué travieso—rió mientras daba las últimas embestidas y se corría entre sus muslos.
Tumbado boca abajo sobre la cama, Elliott podía sentir los fluidos deslizarse por su entrepierna. Era incómodo y quería limpiarse de inmediato, pero por otro lado no creía poder ponerse en pie, notaba cómo le temblaban las piernas. La cabeza le daba vueltas. Empezaba a pensar que algo iba mal con él, esta vez no solo le había dejado hacerlo, ¡se lo había pedido!
—¡¿Huh?! ¿Qué...?—se sobresaltó cuando sintió que algo le tocaba las piernas.
—Tranquilo, solo voy a limpiarte—le dijo Vasiliy mientras le frotaba con una toalla humedecida.
¿Cuándo había ido al baño a por esa toalla? No se había dado cuenta, era como si se hubiera quedado inconsciente por un momento.
—Está bien, puedo yo…
—No creo, date la vuelta.
Tiró de él para tumbarlo boca arriba y siguió limpiando los líquidos que recubrían la zona media de su cuerpo, no solo el semen sino también el lubricante.
—No te vistas, voy a cambiarte el vendaje—cogió toda su ropa y la tiró a un lado de la cama antes de ir a por el botiquín.
Revisó la herida, que por suerte estaba limpia, y volvió a vendarla.
—¿Puedo vestirme ahora?—le preguntó Elliott.
Sus miradas se cruzaron y Vasiliy sonrió.
—No hace falta—respondió, mirándole de arriba a abajo.
Se tumbó en la cama a su lado y cubrió a ambos con las sábanas. Rodeó con el brazo al chico y lo acercó a su cuerpo. Elliott se quedó sorprendido, con la cabeza apoyada sobre el musculoso pecho. Realmente estaba en la posición de una mujer, pero no tenía energía para rechazar el fuerte brazo que lo mantenía sujeto así que simplemente lo aceptó y se acomodó contra el cuerpo de Vasiliy. Sin embargo, se puso tenso cuando una mano comenzó a acariciar su trasero sin disimulo alguno.
—Así no puedo dormir.
—Pues yo voy a tener dulces sueños—respondió Vasiliy, apretando su nalga.


Cuando despertó, Vasiliy se sorprendió al encontrarse solo en la cama. Se levantó rápidamente y salió de la habitación, pero suspiró aliviado cuando lo vio en la cocina.
—Buenos días—le saludó Elliott—. Ya está el desayuno así que siéntate.
Le sorprendió aquella actitud tan amable y normal, pero resultó agradable.
—Primero quiero esto—levantó su rostro agarrándole por el pelo y le besó profundamente.
Elliott soltó la cuchara de madera con la que removía y se sumergió en aquel beso. Los besos eran lo que más le gustaba, sus piernas temblaban e incluso gemía.
—Delicioso—sonrió Vasiliy cuando al fin sacó la lengua de su boca.
—Si-siéntate ya—agachó la cabeza sonrojado.
Se sentaron juntos a desayunar. Vasiliy devoraba la comida como siempre, pero Elliott apenas comía, le miraba de reojo esperando un buen momento para hablar.
—Um… Vasiliy, ¿cuándo irás a cazar a esos vampiros?—le preguntó.
—Mañana al amanecer.
—¡¿Mañana?!—exclamó sorprendido.
—Sí, ya tengo unas cuantas armas preparadas, haré la primera incursión mañana.
—¿Puedo… ir contigo?—preguntó inseguro.
—No.
—¿Por qué no?
—Trabajo solo. Si te llevo conmigo tendré que estar pendiente de ti y no estoy acostumbrado a eso, me desconcentraré.
Elliott agachó la cabeza y no dijo nada más. Iba a ser un estorbo, podría incluso ponerlo en peligro, lo sabía. Pero tampoco quería que Vasiliy se marchara solo, no quería que le abandonara allí. Mientras dejaba pasar las horas observando desde el pie de la escalera cómo terminaba las últimas armas en el taller, Elliott no podía parar de pensar en ello. ¿Y si no volvía? o ¿y si lo hacía convertido en uno de ellos? En cualquiera de los casos, él no podría sobrevivir. La comida duraría un tiempo, pero si aquello continuaba pronto no habría suministro de agua potable ni electricidad. En algún momento tendría que salir para conseguir agua y entonces moriría, o quizá alguien intentara entrar antes de eso y él solo no podría detenerlos. Tenía tanto miedo que comenzaba a sentirlo como un dolor físico en su pecho. No quería que Vasiliy muriera y tampoco quería quedarse solo, tenía que haber un modo de evitarlo.
—Deberías descansar antes de ir—le dijo sobre la medianoche, acercándose a él en el taller.
Vasiliy iba a decirle que aún tenía trabajo, pero al verle dejó el afilador. Retorcía la camiseta entre las manos inquieto, mirando fijamente al suelo.
—¿Vas a ayudarme tú a descansar?—rodeó su cintura con un brazo y lo acercó a su cuerpo.
Elliott apretó los labios, agarrando con una mano el jersey de Vasiliy, quien lo tomó como una invitación. Le cogió por la cintura y lo sentó sobre la mesa de trabajo. Fue Elliott quien buscó el beso, echando los brazos alrededor de su cuello. Mientras le hacía gemir con sus besos, Vasiliy deslizó las manos bajo su camiseta y comenzó a acariciar sus tetillas. Los gemidos se volvieron más intensos, aquella zona era cada vez más sensible.
Elliott se apartó del beso solamente para quitarse la camiseta, no podía soportarlo más. Vasiliy se inclinó sobre su pecho y lamió sus pezones erectos, mordiéndolos suavemente y succionándolos. Elliott movía el trasero sobre la mesa, sintiendo escalofríos por todo su cuerpo. Era tan intenso que casi resultaba doloroso, pero no quería que se detuviera. Vasiliy le quitó los pantalones junto a los calzoncillos y le dejó desnudo en la mesa. Lo único sobre su cuerpo era la venda en el muslo. Intentaba cubrir con las manos su miembro ya erecto y su pecho estaba enrojecido, casi tanto como su rostro jadeante.
Vasiliy sintió palpitar su polla bajo los pantalones, si le provocaba de ese modo no podía detenerse a jugar. Le tomó en brazos y Elliott se aferró a sus hombros. No se quejó, no dijo nada, dejó que lo llevara hasta la cama. De nuevo se encontraba desnudo, con aquel gigante sobre él, pero esta vez no sentía miedo, solo una excitación que crecía por momentos.
Vasiliy le separó las piernas, acariciando lentamente sus muslos hasta llegar a su miembro. Se inclinó sobre él y lamió la erección, para después meterla en su boca.
—¡Uwaaa!—Elliott se estremeció al sentir cómo devoraba su verga—. Es-espera, yo también.
—¿Tú también qué?
—Quie… quiero chupártela—tragó saliva simplemente al pensar en ello.
—¡Huh! De acuerdo—sonrió, encantado por aquella nueva actitud, y se tumbó en la cama boca arriba—. Vamos, sube.
Elliott se levantó y se arrodilló a horcajadas sobre Vasiliy, con el rostro sobre su entrepierna. El bulto ya se hacía notar bajo los pantalones. Presionó la nariz contra él, percibiendo el intenso olor aun a través de la ropa.
—Vamos, ¿no querías chupármela? ¿A qué esperas?—le dio un cachete en el trasero, observando cómo se sacudía el miembro erecto sobre su rostro.
Elliott desabrochó el pantalón y sacó el miembro de entre la tela. La saliva se acumuló en su boca mientras lo miraba con los ojos entrecerrados. Lo lamió de abajo hacia arriba y envolvió la punta con sus labios. Estaba ya tan caliente y duro…
—Realmente disfrutas chupándola, tu polla está palpitando—le dijo Vasiliy, acariciando el miembro.
—¡Nh! ¡Deja de jugar conmigo!—se quejó moviendo las caderas.
Vasiliy rió y comenzó a lamer el miembro. Ambos se entregaron a su tarea, chupando y lamiendo con gula. Elliott se sentía tan bien devorando aquel miembro mientras se lo hacían a él también que no tardó mucho en correrse en la boca de Vasiliy, apretando sin darse cuenta entre sus manos la verga.
—Hah, pero qué rápido eres—Vasiliy se relamió los labios, habiéndolo tragado todo. Le apartó a un lado, tumbándole boca arriba.
—¡Espera! Tú todavía no- Oh…
Vasiliy se arrodilló junto a su rostro mientras comenzaba a masturbarse.
—¿En la boca o en la cara?
—Mm…—no sabía qué decir, pero no podía apartar la mirada del falo.
—¿O en ambas?
—Ambas…—dijo al fin, entreabriendo la boca.
Vasiliy le sostuvo la barbilla y le abrió aún más la boca. El líquido comenzó a salpicar de su polla, cayendo sobre la lengua y después sobre los labios y las mejillas hasta que terminó de correrse. Elliott mantuvo el semen en su boca durante un momento antes de tragarlo y relamerse los labios.
—Eres más lascivo que una mujer—le dijo, frotando la punta de la verga por su rostro.
—Es… tu culpa… ¡Nh!—Elliott se retorció, llevando ambas manos a su entrepierna—. Haz… eso.
—¿El qué?—preguntó Vasiliy, viendo sonriente cómo frotaba las piernas excitado.
—Mi culo... tócame ahí.
Vasiliy soltó una carcajada. Le levantó las piernas hasta que las rodillas tocaron el pecho y le hizo sostenerlas con las manos. Cogió el bote de lubricante y vertió un chorro sobre su trasero. Elliott dio un grito al sentir el líquido frío, pero con las caricias de Vasiliy enseguida comenzó a calentarse. Pronto un dedo se deslizó dentro, con menos dificultad que la vez anterior, y lo movió en su interior abriéndolo poco a poco. No tardó en meter otro dedo mientras los gemidos de Elliott se intensificaban, pero para este era frustrante, no tocaba aquel punto y sabía que lo hacía a propósito.
De repente, Vasiliy sacó los dedos. Elliott estuvo a punto de quejarse, pero se mordió el labio para contenerse.
—¿Qué quieres que haga?—preguntó Vasiliy, separándole las piernas y arrodillándose entre ellas.
—¿Eh?
—Te dije que suplicarías, así que…
Elliott no podía creerlo, realmente iba a tener que decirlo, iba a pedirlo. Quiso cubrirse el rostro con los brazos para que al menos no viera su expresión avergonzada, pero Vasiliy los agarró y los sostuvo por encima de su cabeza. Ahora sus rostros estaban tan cerca, casi rozándose, que era imposible ocultarlo.
—Fóllame…—susurró—. Fóllame, por favor…
No comprendía por qué lo deseaba tan desesperadamente, pero no podía esperar más.
—Buen chico—besó brevemente sus labios.
Vasiliy se incorporó y, sosteniendo sus piernas en alto, comenzó a penetrarlo lentamente.
—¡Nh! ¡Ah! Mh—Elliott se cubrió la boca con las manos para contener los gritos. Era doloroso y cada vez más.
—Relájate, respira hondo y grita cuanto quieras, nadie te oirá—le dijo Vasiliy acariciando su pecho para intentar calmarlo.
Era tan estrecho que le resultaba difícil avanzar. También era algo doloroso para él y Elliott estaba tan tenso que cada vez apretaba más. Tenía que hacer algo para tranquilizarlo. Se inclinó sobre él y le besó, ahogando sus gritos, y un segundo después sintió cómo dejaba de presionar y sus extremidades se relajaban. Sin parar de besarle siguió penetrándolo, mucho más fácilmente que antes. Ahora sus paredes interiores parecían abrazarlo y acogerlo, absorviéndolo más profundo. Realmente le gustaban sus besos.
—Ya está dentro—le susurró con sus labios rozándose.
—Lo sé, la siento…—jadeó Elliott.
Tiró del jersey de Vasiliy para quitárselo, necesitaba tocar su piel, abrazarlo y sentirla contra la suya. Estaba fría, o es que la suya estaba demasiado caliente.
—Voy a empezar a moverme.
Elliott asintió con la cabeza. Pudo notar perfectamente cómo la enorme verga se movía dentro de él, muy lentamente al principio.
—Nunca había estado en un agujero tan estrecho, creo que podría volverme adicto a esto.
Sí, por favor, hazlo, pensó Elliott sin poder decir aquello en voz alta.
Los movimientos se volvieron cada vez más rápidos hasta que se convirtieron en embestidas. Elliott gemía sin importarle ya cómo sonara su voz. El dolor iba dejando paso a una extraña sensación que pronto identificó como placer. Y no dejaba de rozar aquel punto, una y otra vez con cada estocada. Su cabeza estaba en una nube, sentía que caía al vacío y se aferró a Vasiliy para sostenerse. No se había dado cuenta porque el placer que sentía era tan intenso que no lo distinguió, pero se había corrido ya, salpicando todo su pecho. Vasiliy se encontraba también al límite y le sorprendió lo rápido que había sido, nunca se había excitado tanto con nadie. Aquel chico realmente le estaba volviendo loco.
—Elli, ¿quieres que te llene con mi leche?—le preguntó al oído. Pero cuando le miró a los ojos supo que ni siquiera le había escuchado; parecía completamente ausente, sumergido en las sensaciones que estaba experimentando. Se lo tomó como un sí.
Con unas embestidas salvajes, intensas y rápidas, se corrió en su interior abundantemente irguiendo su espalda, sin poder contener un gruñido de placer. Elliott sintió verter el líquido caliente en su interior y experimentó otro orgasmo, pero ya no le quedaba nada por sacar. Después de eso su vista se nubló y la oscuridad cayó sobre él, quedando inconsciente aún en brazos de Vasiliy y con la verga en su interior.


Antes de abrir los ojos, sintió su cuerpo entumecido. Se movió ligeramente y una punzada le atravesó desde su trasero como afiladas agujas. Fue consciente de lo que había hecho, pero no se paró a pensar en ello, había algo más importante. Abrió los ojos y miró a su alrededor. Una luz muy tenue entraba por la ventana, comenzaba a amanecer. Estaba solo en la habitación y a su lado estaba colocada la chaqueta de Vasiliy. Era la única prenda que había, toda su ropa seguiría aún en el taller. Esperaba que Vasiliy no se hubiera ido sin su chaqueta, que aún siguiera allí, tal vez trabajando. Los golpes del martillo no podían oírse desde la habitación así que tenía que bajar a comprobarlo. Esto no fue fácil, no solo su trasero dolía horrores, sino también sus caderas, y sus piernas apenas le respondían. Se puso la chaqueta sin entretenerse a abrochársela y salió tambaleándose de la habitación. Bajó las escaleras con dificultad y su corazón se detuvo cuando vio que las luces del taller estaban apagadas. Había un papel pegado en la pared junto a la entrada. Se acercó lentamente. No quería saber lo que ponía, pero tenía que leerlo.
«He ido a exterminar, volveré antes del mediodía».
Se apoyó contra la pared, acariciando con los dedos la nota. Su plan no había funcionado, no había conseguido retenerlo a su lado. ¿Y si moría o se transformaba? ¿Y si se quedaba solo? ¿Y si no volvía a verle, ni a abrazarle, ni a sentirle? «...volveré antes del mediodía», realmente esperaba que fuera así, no quería seguir sin él.


¿Continuará...?

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