El Demonio Castigado y el Íncubo 3 [cap18]


Título: El Demonio Castigado y el Íncubo 3
Tercer Libro: "La Sangre de los Kuroichi"
Fandom: The Map of Tokyo Savage
Pareja: Hageshii ♥ Konome y muchas más...
Autor: KiraH69
Género: Yaoi, Acción, Aventura, Romance, Sobrenatural
Clasificación: +18
Advertencias: Incesto, Lemon, SM, Violencia, MPreg
Capítulos: 18 (de 19)
Resumen: Los cuatro habitantes de la Casa de Té reciben una aterradora visita inesperada. El padre de Hageshii aparece exigiéndole que encuentre a su hermano, el cual se ha escapado de casa por un amor humano. Pero las cosas no son como parecen, el hermano de Hageshii esconde un secreto que arrastrará a Hageshii a luchar a través de los mundos.
Konome, Takashi y Katsuragi son personajes de Dr.Ten, el resto son originales míos.


Epílogo


Por la Casa de Té se escuchaba el llanto de un bebé que retumbaba hasta en las paredes de la planta de abajo donde se encontraban Takashi y Katsuragi.
—Qué pulmones tiene ese crío. ¿Es que no pueden callarlo?—se quejaba el exorcista tapándose los oídos.
—¿Y por qué no intentas callarlo tú? Deberías tomar la responsabilidad, al fin y al cabo es tu culpa—le respondió el ojiverde, quien también se hartaba de tanto llanto.
—No se me dan bien los bebés, no sé por qué.
—Eso es porque tu cara les da miedo—Hageshii bajó las escaleras y en sus brazos cargaba a un bebé que jugaba embobado con los blancos cabellos ondeantes.
—¡Pues mira quién habla! Tu sola presencia es aterradora y sin embargo los niños te adoran—Takashi puso morros y apoyó la cabeza sobre los brazos encima de la mesa como un niño pequeño.
—Eso debe de ser porque ambos niños tienen la misma sangre de demonio que él, al fin y al cabo uno es su hijo y otro su sobrino—teorizó Katsuragi colocando unas tazas recién lavadas en la barra.
—¡Pero es que incluso mi hijo llora cuando le cojo!—gritó muy molesto.
—Es normal que un demonio odie a un exorcista, aunque solo sea medio demonio—el peliblanco no dejaba de observar al bebé y le tentaba jugando con sus largos cabellos.
—¡¿Eso quiere decir que mi hijo me odia?!—gritó aterrorizado el exorcista.
—Sí—respondió como si nada el demonio.
Una enorme sombra cayó sobre Takashi, quien tenía una gran depresión.
—Eah... eah... no es para tanto—le consoló Katsuragi sin mucho énfasis—. Kuroichi, ¿puedo coger a Fuyu?
—Claro, me ha sorprendido mucho que te gustaran los niños—contestó el demonio entregándole al bebé con mucho cuidado.
El ojiverde observó tiernamente al pequeño. Sus cortos cabellos parecían la piel de una cebra a mechones negros azulados y blancos, estos últimos algo más largos. Dos orejas gatunas coronaban su cabeza y reaccionaban con suaves tics a cada sonido que surgía a su alrededor y más abajo otras dos orejas como las de un humano. Su piel era casi blanca y le hacía parecer un pequeño muñeco de porcelana perfectamente creado. Sus entrecerrados ojos, algo soñolientos, eran rojos como el fuego, con un cálido brillo dulce. Movía sus manos en el aire en dirección al demonio, llamando y pidiendo de nuevo su abrazo. Se movía tanto que Katsuragi era incapaz de controlarlo y lo devolvió al peliblanco. Hageshii lo cogió y le miró con una tierna sonrisa, parecía un padre profundamente enamorado de su hijo.
—Oye Hageshii, ¿este niño es medio íncubo no? Tendrá que alimentarse también de sexo, si quieres yo me ofrezco voluntario cuando crezca un poco—el exorcista ya se relamía los labios.
—Takashi...—antes de que el demonio pudiera decir o hacer nada, el moreno recibió un fuerte golpe en la cabeza que lo dejó tirado de morros en el suelo.
—¡¿Pretendes ponerme los cuernos con mi propio sobrino?! ¡¡Degenerado!!—Reitan estaba tras él con el puño fuertemente apretado y con una profunda mirada de furia.
—Bueno, dejando de lado su estupidez—dijo el peliblanco ignorando los gemidos de dolor del otro—, Fuyu, como tan solo es medio íncubo, no tendrá necesidad de alimentarse de sexo. Y aunque la tuviese jamás permitiría que alguien como esto lo tocara.
—Vaya, me alegro—Katsuragi sonrió falsamente. A él también le habría gustado ser la comida de Fuyu, ya que a pesar de ser un bebé ya se podía adivinar lo hermoso que iba a ser cuando creciera—. Por cierto, ¿ya habéis conseguido callar a Natsu?—le preguntó a Reitan, quien se sentó en el lugar del exorcista.
—Sí, al fin se ha dormido. Ese niño tiene mucho temperamento—contestó suspirando.
—¿Temperamento? Yo más bien diría que es caprichoso como tú—rió el peliblanco aún jugando con el bebé.
—Yo no soy caprichoso... no demasiado...—replicó sonrojándose.
—¡Ah! ¿Y Konome?—preguntó Hageshii al no verle allí.
—Aún está agotado por la transformación. Su cuerpo todavía se resiente de haber cambiado sus órganos reproductores—explicó el demonio quien también estaba agotado.
—¿Cuándo crees que podré volver a hacerle el amor?—Hageshii estaba ansioso por meterse de nuevo en su estrecho y acogedor interior.
—No seas impaciente, acaba de recuperar su pene y está demasiado sensible.
—¿Sensible?—en el rostro del demonio apareció una pervertida sonrisa y empezó a levantarse del taburete.
—¡Ni se te ocurra!—Reitan lo agarró del hombro y lo sentó de nuevo.
—¿Y tú cómo estás? Has sufrido lo mismo que Konome—le preguntó amablemente el ojiverde.
—¡Nah! Yo estoy bien, para mi cuerpo es algo más natural ya que es mi propio poder.
—Pero lo que me sorprende es que quisieras tener un hijo de Takashi—era lo que todos se estaban preguntando.
—¿Querer? En ningún momento he querido un hijo de esto, pero este idiota no dejaba de repetir que me parecía a una mujer y que me iba a dejar embarazado... ¡Y mi cuerpo se transformó solo!—al gritar esto, le dio un puñetazo lanzándolo al otro lado de la habitación—. Pero bueno, eso ya no importa, a pesar de que sea hijo de esto lo cuidaré con todo mi amor.
—Pero no es culpa mía... yo no sabía que tuvieras el poder de cambiar los órganos reproductores, que por cierto vaya poder más raro—masculló intentando recuperarse del golpe, pero una mirada asesina del demonio lo dejó clavado en el sitio.
—Bueno, bueno, haya paz, que hay niños delante—intentó calmarle Katsuragi. De pronto Fuyu comenzó a llorar desesperadamente—. ¿Lo veis? Ya está llorando por vuestra culpa.
—No, no es por eso—Hageshii se puso serio observando al pequeño cuya llantina no cesaba.
En la Casa de Té se pudo escuchar de nuevo el lloro del otro niño. Era muy distinto a como se había escuchado antes, Natsu parecía tener mucho miedo. Reitan también se había puesto tenso y ambos demonios se miraron seriamente. Unos pasos acelerados retumbaron el suelo y Konome apareció corriendo por las escaleras con el bebé en brazos y rápidamente se juntó al peliblanco.
—Hagii...—le miró con ojos algo llorosos, con expresión aterrada.
—Lo sé, tranquilo—rodeó su cintura con un brazo sin soltar al bebé.
Reitan cogió a Natsu para que el íncubo pudiera abrazarse al demonio. El aura que había invadido la Casa de Té, oscura, tenebrosa y aterradora como si la muerte se cerniera sobre ellos, aumentó hasta que incluso Katsuragi y Takashi pudieron sentirla claramente, haciéndoles temblar de pies a cabeza, cayendo al suelo de rodillas por la presión mental y física. Llegó un momento en el que a Hageshii no le quedó otra opción que expandir su aura protectora sobre todos, impidiendo que sintieran la que se cernía sobre ellos.
—Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, querido sobrino—una alta y estilizada figura de largos cabellos negros como la más profunda noche y piel blanca como la nieve apareció frente a ellos.
—¿Eres idiota? ¡¿Cómo demonios se te ocurre aparecerte en la Tierra?! Tu aura es demasiado tenebrosa y encima no la controlas—le reprochó Hageshii enfadado, gritando por encima del llanto de los niños.
—Kuroichi... él es...—intentó preguntar Katsuragi demasiado fascinado por la supremacía de aquel hombre que parecía haber nacido para gobernar sobre todos.
—Hades, Dios del Inframundo—se presentó el propio Dios con una gran sonrisa, observando al bebé que el peliblanco sostenía en brazos—. Tío de Hageshii y por lo visto ahora también tío-abuelo de su hijo.
Alargó la mano para acariciar al pequeño, quien le miraba con miedo a punto de llorar de nuevo a pesar de que al fin se había calmado gracias al aura tranquilizadora de su padre. Hageshii golpeó la mano del Dios apartándola, apretando más a su hijo contra su pecho.
—Apestas a muerte, ni se te ocurra tocarle—le advirtió con mirada desafiante.
—Qué cruel eres, y encima que te he ayudado a derrotar a tu padre. Deberías estarme muy agradecido—se inclinó hacia él, cogiéndole por el mentón, acercándose a su rostro hasta casi besarlo.
Los cabellos blancos se enredaron en el cuello del Hades, apartándolo del demonio.
—Ni te atrevas. En primer lugar no habría necesitado tu ayuda si no hubieras sellado mis poderes en un principio—replicó soltándole y apartándose de él.
—Bueno, eso ya es pasado. No pensé que llegarías a ser un chico tan fantástico—se acercó de nuevo a él e intentó acariciarle.
—¡Deja a Hagii, es mío y el bebé también!—gritó Konome, poniéndose frente al peliblanco con los brazos extendidos de forma protectora.
—Vaya, parece que tienes más agallas que la última vez—rió el Dios mirando al desafiante íncubo—. Ese bebé y su primito tienen mucho poder y creo que lo desarrollarían mucho mejor a mi lado. ¿Qué os parece si venís conmigo al Inframundo y enseño a estos pequeños?
—¡Me niego!—gritaron los tres demonios a la vez, dejando a Hades cortado.
—¡Huh!, con lo cabezota que eres, creo que no podré convencerte por mucho que insista—acarició las orejas de Konome como si fuera un niño pequeño y este se apartó mirándole enfadado—. Ha sido un verdadero placer volver a verte, espero que vengas a visitarme alguna vez.
El Dios despareció sin decir ni una palabra más y su oscura aura comenzó a desvanecerse lentamente.
—¿A qué demonios ha venido eso?—preguntó Reitan acercándose a Hageshii.
—Vete tú a saber. Pero espero que no vuelva más—respondió suspirando aliviado.
—Nuestros hijos no estarán en peligro ¿cierto? ¿No intentará llevárselos a la fuerza?—el demonio estaba muy intranquilo y acunaba a su bebé inquieto.
—Aunque lo intentara yo no se lo permitiría. Os protegeré a todos—acarició las orejas del íncubo, que se abrazó a él y jugaba con su hijo para tranquilizarle—Reitan, ¿tú te quedarás a mi lado o regresarás al Infierno?
—No tengo un lugar en el Infierno al que regresar, al fin y al cabo el abuelo nos ha desheredado. Además este lugar es el mejor para que mi pequeño crezca—respondió sonriéndole a su hijo.
—Y porque estoy yo aquí, ¿no?—intervino el exorcista acercándose a ellos.
—¿Tú? ¿Por qué? Anda y largo, que haces llorar a Natsu—le dijo ignorando su presencia.
—Reita~n...—Takashi se agarró a su pierna suplicante.
—En ese caso no tienes de qué preocuparte, daré mi vida por vosotros si es necesario—Hageshii tenía una gran sonrisa en su rostro, que les tranquilizó por completo a todos.



Fin

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