El Demonio Castigado y el Íncubo 3 [cap12]


Título: El Demonio Castigado y el Íncubo 3
Tercer Libro: "La Sangre de los Kuroichi"
Fandom: The Map of Tokyo Savage
Pareja: Hageshii ♥ Konome y muchas más...
Autor: KiraH69
Género: Yaoi, Acción, Aventura, Romance, Sobrenatural
Clasificación: +18
Advertencias: Incesto, Lemon, SM, Violencia
Capítulos: 12 (de 19)
Resumen: Los cuatro habitantes de la Casa de Té reciben una aterradora visita inesperada. El padre de Hageshii aparece exigiéndole que encuentre a su hermano, el cual se ha escapado de casa por un amor humano. Pero las cosas no son como parecen, el hermano de Hageshii esconde un secreto que arrastrará a Hageshii a luchar a través de los mundos.
Konome, Takashi y Katsuragi son personajes de Dr.Ten, el resto son originales míos.

Capítulo 12

Aprovechando que el íncubo se había quedado dormido, Hageshii salió de la habitación y dio una vuelta por el enorme castillo. Bajó del torreón y llegó a las primeras plantas, recorriéndolas en busca de algo interesante.
—La curiosidad mató al gato—le dijo la voz de Hades a su espalda justo antes de que abriera una puerta—. ¿No es ese un refrán de la Tierra?
—¿Lo dices como una amenaza?—preguntó el demonio dándose la vuelta.
Se sobresaltó al ver el rostro de Hades tan cerca del suyo, apenas a unos centímetros. Su corazón latió con fuerza y por un momento perdió el control de su cuerpo.
—Por supuesto que no, pero en este lugar hay cosas que van más allá de tu imaginación. No querría que tu mente se traumatizara con ello—unos finos y largos dedos se acercaron a su rostro y le acariciaron con la punta.
—N-no... no soy un niño—contestó intentando controlarse, para no temblar de forma demasiado evidente—. He visto y hecho cosas terribles. No es fácil impresionarme.
—Ya veo, hace mucho que dejaste de ser el pequeño bebé al que eché de aquí—cogió su barbilla entre los dedos alzándola, acercando su rostro a él.
—¿Qué estás haciendo?...—sus piernas temblaban y no podía evitarlo, su corazón latía a cien al tener a aquel hombre tan cerca y no entendía por qué.
—Tus ojos son realmente hermosos, para ser los de un medio demonio—le dijo casi rozando sus labios.
—Son como los de mi padre ¿aun así te gustan?—preguntó Hageshii, intentando parecer indiferente.
—¿Como los de tu padre? Para nada. Aunque el color se parezca no tienen nada que ver. Brillantes, ardientes, puros... son maravillosos. Sería capaz de perderme en ellos... Quiero ver todo lo que pueden mostrarme...
Su voz tan suave y sensual, un olor a cenizas que le resultaba muy agradable, la fría piel que erizaba hasta el último vello de su cuerpo, los negros cabellos cayendo sobre él. Todo aquello provocó que la mente de Hageshii se volviera un completo caos, sintiéndose sumamente atraído por aquel hombre. Los delgados labios de Hades rozaron los suyos y los humedeció con su lengua. Uno de sus brazos rodeó la cintura del demonio, atrayéndolo hacia sí, pegando sus cuerpos.
—Parece que aún estás receptivo, ya te has puesto duro aunque lo has hecho varias veces hace un momento—metió una de sus piernas entre las del pelirrojo, apretando su creciente erección.
—A-aparta... Yo estoy... con Konome...—jadeaba, sentía como si su corazón se fuera a salir, latía tan fuerte que le hacía daño.
—No creo que le importe, y si lo prefieres podemos hacerlo los tres...
—¡No!—cuando escuchó eso pudo reaccionar y apartó al Dios de un empujón—. Konome es solo mío, nadie más va a tocarlo.
Hades rió suavemente, no eran muchos los que se atrevían a negarse a los deseos de un Dios.
—De acuerdo, no tocaré ni un milímetro de la piel de esa adorable criatura—con un rápido movimiento lo acorraló contra la pared, rodeó de nuevo su cintura y acarició su rostro—. Pero sí quiero tenerte a ti, quiero saborear tu cuerpo aunque sea una vez. Si no se lo dices al pequeño no pasará nada.
No podía negarlo, Hageshii también deseaba aquello, que aquel ser de inconmensurable poder lo cogiera en sus brazos y le hiciera sentirse suyo durante un rato. A decir verdad, probablemente lo llevaba deseando desde que lo vio la primera vez. Un aura tan grande y poderosa que lo hacía sentirse más pequeño que una hormiga. Los blancos ojos de aquel hombre que llegaban hasta el fondo de su alma con solo una mirada. ¿Cómo podía su corazón latir tan fuerte por otro hombre que no fuera Konome? Pero no, aquello no tenía que ver para nada con el amor que sentía por el íncubo, aquello era puro deseo sexual o algo por el estilo. No tenía nada que ver con sentimientos. Hades besó sus labios e invadió su boca haciendo estremecer al pelirrojo. Deslizó sus dedos bajo la camiseta del demonio, al que le recorrieron escalofríos por la fría piel del Dios.
—¡¡Hagii!!—el demonio se sobresaltó al escuchar la voz del íncubo sonando en su cabeza, llamándolo desesperado.
—¡Konome!—el pelirrojo apartó a Hades de nuevo con un empujón—. Te-tengo que irme... Konome... me llama...
Le dijo jadeante, sintiendo una gran prisa por ir junto a su amante. Corrió por las escaleras, deseando quitarse de la cabeza a su tío, hasta llegar a la habitación donde el íncubo lo esperaba con lágrimas en los ojos, encogido sobre sí mismo y temblando de pies a cabeza.
—¡Chiquito! ¿Estás bien? ¿Qué te pasa?—le dijo muy alterado, yendo rápido a su lado.
—Se... siente mal... tengo... miedo...—decía entre sollozos.
Entonces Hageshii se dio cuenta, por la seducción de Hades, había perdido toda la concentración y el aura que había creado para que el íncubo no pudiera sentir la del castillo había desaparecido y ahora toda la oscuridad del lugar estaba invadiendo al pequeño. El pelirrojo se tumbó a su lado y lo envolvió en sus brazos, creando de nuevo su aura de amor. No se apartó del pequeño hasta que este al fin dejó de llorar y se sintió bien de nuevo.
—Hagii...
—Perdóname chiquito... No me di cuenta, no volverá a pasar—le dijo acariciando sus orejas.
—Hum... Está bien... no pasa nada—aún con lágrimas en los ojos sonrió, lamiendo sus labios.
—Mi amor... ¿quieres que nos vayamos de aquí?—le preguntó apretándole todavía más contra su cuerpo.
—Pero... tus poderes...
—No te preocupes por eso. Le diré a Hades que los libere ahora o que me avise cuando decida algo. No quiero que sufras más estando aquí—se quedó tumbado a su lado un rato hasta que ambos estuvieron completamente calmados.
Rato después Hageshii cogió al íncubo en brazos y se lo llevó a la planta baja donde se encontró con el Dios. Hades le miró con pena, sabiendo lo que significaba aquello.
—Llévale de vuelta a vuestra casa y regresa aquí. Esto te traerá directo al castillo—le lanzó un colgante con forma de esfera, con una luz verde en su interior como las que flotaban sobre ellos.
—¿Liberarás mis poderes?—preguntó Hageshii algo extrañado.
—Sí, y tal vez puedas verla—ante estas palabras el demonio solo pudo afirmar con la cabeza.
Como siempre, creó un círculo en el suelo con uno de sus cabellos y con una gota de su sangre y el colgante en su mano, abrió un portal que esta vez se iluminó de verde esmeralda y rojo fuego. Hageshii miró una última vez a su tío y con el íncubo en brazos saltó dentro del agujero.

—¡¡Kya!! ¡Shinohara sácalo! Se siente- mal... ¡Hii! ¡Sácalo! ¡¡Sácalo!!—suplicaba Reitan retorciéndose de pies a cabeza.
—¡Mentiroso! Lo adoras, ¿verdad?—le decía Takashi metiendo más dentro y moviendo el vibrador de gran tamaño.
—No... para... ¡¡Kya!!—Takashi desató la correa que envolvía el miembro del demonio aprisionándolo y este se corrió sobre las sábanas por enésima vez.
—¿Ves como sí que estabas mintiendo? Parece que mis juguetitos han tenido mucho éxito, ¿cier-?
En el techo de la habitación se abrió un agujero negro con brillos rojizos y esmeraldas y por él cayó Hageshii con Konome en brazos, justo encima del moreno, quedando sentados sobre la cara de este. El pelirrojo se había quedado paralizado con la imagen que tenía delante: su hermano de rodillas con las manos amarradas al cabecero de la cama, su pene aún erecto goteando con un charco de semen debajo de él y su trasero en pompa con un gran vibrador dentro todavía zumbando; pero lo más excitante de todo era el rostro empapado en lágrimas, totalmente sonrojado.
—......—Se hizo un gran silencio entre ambos, sin que ninguno supiera qué decir o hacer.
—¿Reitan? ¿Qué estás haciendo?—preguntó inocentemente Konome.
El pelirrojo se levantó de la cara del exorcista sin decir una sola palabra.
—¿De dónde demonios has salido, Hageshii? ¿Por qué diablos siempre aterrizas en mi cabeza?—se quejó Takashi enfadado frotándose la cara.
Sin responder, el demonio salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí, ante la sorpresa del moreno y de su hermano.
—¡¡TAKASHI!! ¡¡BASTARDO HIJO DE PERRA!! ¡TE VOY A MATAR! ¡EN CUANTO REGRESE DEL INFRAMUNDO TE MANDARÉ A ÉL DESPUÉS DE TOTURARTE!—gritó con todas sus fuerzas Hageshii, destrozando de una patada la pared de enfrente.
Bajó rápidamente a la Casa de Té con el íncubo debajo del brazo. Katsuragi le miró sorprendido, alertado por el grito que había pegado. Sentó al pequeño sobre un taburete sin delicadeza alguna, notablemente enfurecido, y cogió al ojiverde por el cuello de la camisa.
—¡¿Por qué coño has dejado que ese bastardo tocara a mi hermano?!
—¿Eh?—Katsuragi estaba aterrorizado por los furiosos ojos del demonio—. Y-yo he estado en la trastienda... cuando me di cuenta ya era tarde...
—...—Hageshii estaba tan furioso que si seguía hablando perdería los estribos y mataría al ojiverde. Se dio la vuelta y abrió un portal al Inframundo—. Dejo a Konome aquí. Volveré cuando libere mi poder.
Sin más explicaciones desapareció en el agujero negro.
—Uuh... ¿Por qué está Hagii tan enfadado?—preguntó Konome sin entender nada.
—Creo que no le ha gustado nada que Shinohara pusiera las manos encima de su hermano—le explicó el ojiverde.
—¿Y eso por qué? Yo creo que hacen buena pareja—opinó el pequeño con su vista fija en las escaleras.
—Bueno, supongo que es sobreprotección de hermano. No obstante me sorprende ver a Kuroichi con complejo de hermano—Aunque sinceramente, lo que creo es que no quiere que nadie que no sea él lo toque. ¿Puede que lo quiera como algo más que un hermano?, pensó el mayor. Bueno, bueno, sea lo que sea, mejor que no me involucre o acabaré muerto.
—Shinohara... voy a matarte... nunca había pasado un momento tan vergonzoso en toda mi vida—dijo Reitan todavía esposado a la cama, a un Takashi todavía congelado de pánico por la amenaza de Hageshii, que esta vez iba muy en serio.
—L-l-l-lo si-siento... ¡Pero seguro que le gustó verte tan sexy!—exclamó intentando quitarle importancia al asunto mientras desabrochaba las esposas.
—Muérete...—le lanzó unas cuantas agujas que hicieron arder por entero el cuerpo del exorcista, con un gran sufrimiento pero no el suficiente para matarlo.

Continuará...

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