Mi musa es un prostituto c4 (Fin)

Título: Mi musa es un prostituto
Categoría: FullMetal Alchemist    Personajes: Roy X Ed
Género: Yaoi
Clasificación: +18 años
Advertencia: Lemon
Capítulo: 4 de 4   Finalizado: Sí
Resumen: Roy es un escritor que encuentra inspiración cuando observa desde su ventana a un prostituto de cabellos y ojos dorados. En un día de tormenta no soporta ver cómo pasa frío y decide comprarlo para que vaya a su casa.


— ¡Ah...! Mn… sigue…—gemía Edward enredando los dedos en mis cabellos, intentando incrementar mi velocidad.
— ¿Ya quieres venirte? Apenas acabamos de empezar—masajeé su miembro recubierto de presemen y mi saliva.
Estaba ya tan caliente, tan excitado, con su cuerpo estremeciéndose y sus mejillas rojas brillantes con alguna lágrima derramándose por ellas, con una maravillosa expresión de placer.
—Roy… no seas cruel… deja que me corra… —se aferraba al futón moviendo sus caderas.
—Eres una musa muy maleducada ¿Cómo se pide?—lo veía tan lindo y vulnerable que no podía resistirme a torturarle un poco.
— ¡Mn! No esperaba que fueras así… ah!—ya que no era la respuesta que yo le había pedido apreté su miembro y le mordí suavemente la punta—po-por… favor… deja que me corra… Roy…
— ¿Quieres correrte en mi boca?—él solo pudo afirmar con la cabeza mientras apretaba fuertemente los ojos.
Chupé su longitud y dejé que se viniera en mi boca, tragándome el caliente jugo sin dejar que se derramara una sola gota. Me senté a su lado y apoyé la cabeza en su pecho, escuchando los agitados latidos de su corazón en espera de que se calmara un poco.
—Eres… muy extraño…—me dijo cuando sus jadeos cesaron un poco—hace un momento has sido muy cruel, cosa que no me esperaba de ti, sin embargo ahora estás siendo muy dulce. ¿Cuál es tu verdadero yo?
—Jeje, supongo que los dos. Uno es el yo que no puede resistirse a lo vulnerable que eres y el otro no puede evitar querer cuidarte y protegerte—le contesté dándole dulces besos en su pecho.
—Mm… mientras el lado cruel solo aparezca mientras tenemos sexo me parece bien—se puso boca abajo y levantó un poco su trasero. Se chupó un par de dedos y comenzó a metérselos bajo mi atenta mirada— ¿vas a tardar mucho en metérmela?
Su pícara mirada y sus insinuantes movimientos hacían irresistible aquella imagen. Me puse tras él y comencé a lamer su entrada, metiendo un dedo en su interior y rápidamente otro. Edward gemía y temblaba, claramente disfrutando con mis caricias. Mi paciencia comenzaba a acabarse, ansiaba más que nada estar en su interior pero tampoco quería hacerle daño.
—…Roy… rápido… métela…—me pidió abriendo su entrada con los dedos.
Sus palabras fueron órdenes para mí, comencé a introducirme en su interior despacio, disfrutando de la divina estrechez. Edward gimió fuertemente y su espalda se arqueó cuando introduje mi miembro hasta el fondo de un empujón. Tan suave, caliente, apretado… su entrada me absorbía y no me dejaba salir… me estaba devorando… Mi mente comenzaba a nublarse, solo podía sentir el placer que me estaba provocando, el resto del mundo estaba desapareciendo por completo. ¿Cómo podía haber vivido tanto tiempo sin ello, sin la calidez de esa adorable musa? Sentía como Edward se entregaba a mí, me lo estaba dando todo, movía sus caderas para que nuestro contacto fuera mayor, gemía y se retorcía por el profundo placer.
— ¡Roy…! Más… hazlo más duro… ah!—no era necesario que me lo dijera.
Le di la vuelta encarándole para poder contemplar su hermoso rostro, sonrojado y cubierto por algunas lágrimas… tan extremadamente hermoso… La fuerza de mis embestidas aumentaron, al igual que la velocidad. Acariciaba su cuerpo y me dejaba llevar, besando dulcemente su rostro y su pecho… hasta que me corrí en su interior al mismo tiempo que él lo hacía entre nuestros vientres. Jamás había sentido tanto placer, estaba sumamente extasiado. Me quedé un momento tumbado sobre él, con el rostro en su cuello, sin salir de su interior.
—Edward… te amo… Edward…—le susurré acariciando sus cabellos.
—Yo también… te amo… Roy…
Fueron varias horas más haciendo el amor, sin que el placer cesara. El cuerpo de Edward, como ya esperaba, era muy resistente e insaciable y tremendamente erótico. Ya era el mediodía cuando desperté y mi corazón saltó contento en mi pecho cuando vi a Edward en mis brazos, con su angelical rostro dormido.
—Mm… —Edward se revolvió y se abrazó a mí— ¿ya es de día?
—Je, es de día hace mucho tiempo, pero puedes dormir un rato más si quieres—le dije acariciando los dorados cabellos.
—No hace falta, estoy bien, aunque me duele un poco el trasero y eso que estoy acostumbrado—dijo riendo acomodándose contra mi pecho.
—Por cierto, ¿en qué trabajas ahora?—era cierto, aun no se lo había preguntado.
—En una cafetería por la mañana y en un bar de copas por la noche—contestó tumbándome sobre mí, poniendo el oído sobre mi corazón—por cierto, mi jefe debe estar enfadado, no he avisado de que no iba.
—Un bar de copas ¿eh?
— ¿No me digas que ese trabajo también te molesta?—se incorporó y me miró con el ceño fruncido.
—N-no… claro que no… —no era precisamente el trabajo que me gustaría para él pero tampoco tenía intención de decírselo y empezar así otra discusión.
—Mejor así, es mi trabajo y no pienso dejarlo—sentenció mirándome serio.
— ¿Pero dos trabajos no son demasiado? ¿Por qué necesitas tanto dinero? Me gustaría saber más de ti, la verdad es que no sé absolutamente nada—siempre había sentido curiosidad por su familia, su pasado, pero él jamás había hablado de ello.
—Bueno, supongo que ahora si vamos a estar juntos tendrás que saber algo…—se incorporó sentándose sobre mi entrepierna acariciando con sus manos mi vientre—cuando yo tenía 17 años mi hermano enfermó, mi madre trabajaba muy duro para conseguir dinero suficiente para su tratamiento pero pocos meses después ella murió y tuve que encargarme yo de las facturas así que me puse a trabajar después de la escuela pero no era suficiente así que dejé la escuela y cogí dos trabajos pero seguía sin ser suficiente, entonces en cuanto cumplí los 18 me prostituí para poder seguir pagando las medicinas de mi hermano y todo lo demás. Esa es la única razón para que yo tuviera ese trabajo pero ahora que lo he dejado me va a costar mucho más pagar las facturas y a las personas que cuidan de mi hermano.
—…
— ¡No me mires de ese modo! ¡No quiero que me tengas lástima!—decía eso pero me era muy difícil no sentirme triste por él.
Le abracé tiernamente y besé su mejilla.
—Yo te ayudaré, ahora estamos juntos, no tienes que cargar tú solo con ello, además el dinero que yo gano es gracias a ti. Te ayudaré a cuidar de tu hermano—por las mejillas de Edward se derramaron algunas lágrimas y apareció una sonrisa de felicidad.
—Gracias… eres un tonto pero aun así gracias…—bueno, suponía que eso era un alago y todo lo que podía esperar por el momento— ¿Y qué hay de ti? Yo tampoco conozco nada de tu pasado.
—… Bueno…—recordar mi pasado era muy doloroso, y no sabía si era buena idea hablarle de ello a Edward pero estaba seguro de que él no pararía hasta que se lo contara después de que él me lo dijera todo.
—Si no quieres no es necesario que me lo cuentes— ¿en serio? De verdad no me esperaba esa respuesta ¿O era psicología inversa?
—No, está bien, es hora de que lo sepas—respiré hondo y organicé mis pensamientos—cuando acababa el último curso de primaria mis padres murieron y me mudé a casa de unos familiares, empecé el instituto en una ciudad diferente y en mi clase había una chica muy linda de la que me enamoré a primera vista. Por ese tiempo empecé a escribir y cuando estaba cerca de esa chica era cuando más me inspiraba así que un día me decidí y le confesé mis sentimientos. Comenzamos a salir y aun cuando acabamos los estudios seguimos haciéndolo, ella fue a una universidad en otra ciudad y yo me mudé con ella. Pensábamos casarnos en cuanto acabara sus estudios pero ella enfermó de cáncer y hace seis años murió. Desde ese momento no pude volver a escribir hasta que tú apareciste—aquello era todo mi pasado, mi vida resumida en unas pocas palabras, cientos de dolorosos recuerdos que de algún modo se sentían menos punzantes de lo que solían ser.
— ¿Entonces es a esa persona a la que estoy remplazando? Va a ser un trabajo realmente difícil, una persona a la que has amado durante tantos años…—su rostro estaba oscurecido, al igual que su voz, parecía realmente triste.
Le tumbé sobre el futón poniéndome sobre él. Le miré fijamente, muy serio, quería que lo que le iba a decir le quedara bien claro.
—Tú no eres sustituto de nadie. No estás remplazando a esa mujer. Te amo igual que en su tiempo la amé a ella, pero eso ya está en mi pasado. Antes pensaba que nunca podría olvidarla, que nunca me enamoraría de nuevo, pero desde que te he conocido me he dado cuenta de que me equivocaba. Tú eres el único que está ocupando al completo mi corazón, solo y exclusivamente tú—le besé intensamente para que pudiera reflexionar sobre lo que le había dicho antes de hablar.
— ¿En verdad es… así?—preguntó cuando nos separamos.
—Sí, es toda la verdad… te amo con todo mi corazón… mi maravillosa musa…
Me abrazó fuertemente, me di cuenta de lo feliz y aliviado que se sentía. Por una vez había escogido las palabras adecuadas, estaba seguro de que si no lo hubiera hecho aquello se habría convertido en una gran brecha entre nosotros. Pero no lo era, estábamos unidos, completamente unidos. Mi maravillosa musa y yo unidos en cuerpo y alma.

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En un principio este fic era un one-shot (tan sólo el primer capítulo) pero cuando lo publiqué en otras páginas, todos me pidieron que lo continuara (y cosa rara, lo hice) La verdad es que yo también quería hacerlo porque lo había dejado sin lemon, cosa inusual en mí XD

1 comentario:

  1. Realmente disfrute de este ultimo caitulo, agradesco mucho el esfuerzo. sigan asi, tu blog esta genial. CHUU ^-^

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