Póker c2 fin


Título: Póker
Categoría: D. Gray-man   Personajes: Allen Walker & Tikki Mik
Género: Yaoi
Clasificación: +16 años   Advertencias: Lemon
Capítulos: 2 de 2    Finalizado: sí
Resumen: Yo, Allen Walker, soy un jugador de póker profesional. En uno de los importantes campeonatos en los que participé me encontré con la horma de mi zapato, un hombre con la mayor suerte que he visto jamás, que consiguió meterse en mi mente y volverme loco. De una final de póker seguida de una noche de sexo es de lo que trata mi historia.



— ¿Puedo?
Me preguntó mostrándome la carta en alto, pegada a sus labios, sin tan siquiera haberla echado un vistazo pero con una mirada que parecía conocer ya el resultado. Mi corazón se paró, mi mente se quedó en blanco durante unos momentos. ¿Cómo podía ser? ¿Cómo podía tener tanta suerte ese bastardo? En su mano había un As de corazones, la carta que completaba su escalera real, la mejor jugada posible. Me levanté en silencio de la mesa sin poder alzar la cabeza y me dirigí como un zombi a la habitación que tenía en el hotel del casino sin prestar atención alguna a las personas que se me acercaban. Me senté en el borde de la cama en silencio y las lágrimas comenzaron a surgir por si solas. Mi mente estaba en blanco, era incapaz de reaccionar, de darme cuenta de lo que había sucedido, estaba sumido en un profundo shock.
Creo que era ya de madrugada, el sol comenzaba a aparecer en el horizonte, cuando alguien llamó a la puerta de mi habitación. Fui a abrir deseando que fuera alguien que quisiera matarme porque lo necesitaba y sin embargo fue alguien a quien yo quería matar. Intenté cerrarle la puerta en las narices a ese bastardo pero era más fuerte que yo y entró de un empujón a la habitación.
—Si no quieres que te empuje por la ventana desaparece—le dije y no bromeaba, era lo que más deseaba hacer.
Le di la espalda rogando porque las lágrimas no salieran. Escuché cerrar la puerta tras de mí y pensé que se había ido, pero sabía que no iba a ser tan fácil librarme de sus burlas. Sentí una mano acariciar mis cabellos y la otra deslizarse por mi cintura, juntándome a aquel cuerpo que olía fuertemente a tabaco y alcohol. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Tan borracho estaba? ¿O sólo quería reírse de mí?
—Aun eres demasiado joven y vulnerable como para poder ganarme, hasta que no tengas un corazón de hielo no lo conseguirás—me susurró al oído mientras metía la mano bajo mi camiseta.
—No entiendo porqué, lo tuyo no ha sido más que suerte—repliqué sintiéndome invadido de pronto por escalofríos, mis piernas me iban a fallar en cualquier momento, estaba demasiado agotado.
—Te equivocas, he podido leer con demasiada claridad tu mente, te he tentado a apostar en las jugadas que yo deseaba, en las que sabía que iba a ganar. Te he manipulado como a una marioneta, porque eres realmente débil ante mí— Yo ya sabía que era débil, sabía que no podía compararme a él, no era necesario que me lo dijera y menos de ese modo.
Las lágrimas volvieron a surgir, una mezcla de dolorosas emociones se estaban acumulando en mi corazón. No le había bastado derrotarme y humillarme en público sino que ahora lo estaba haciendo a propósito en mi habitación. ¿Por qué me tenía que hacer eso?
—Aléjate de mí… por favor… ya he tenido suficiente—le supliqué sin soportar más aquello.
—Has perdido, sé que para ti esto era más que un simple campeonato, sé que no te enfrentarás más a mí porque sabes que soy superior. Haga lo que haga vas a ser sumiso ¿cierto?—su risa soberbia resonó atronadora en mi cabeza.
—Sumiso… yo no soy un perro—pero tenía razón, aquel hombre se había metido en mi mente de una forma inhumana, sus palabras me afectaban demasiado.
— ¿No serás sumiso? Entonces si te hago esto… —metió su mano dentro de mi pantalón y acarició fuertemente mi miembro sobresaltándome— ¿me detendrás?
—Para…—le cogí por la muñeca e intenté apartar su mano con demasiada debilidad.
— ¿Esa es toda la resistencia que vas a poner? Entonces está bien—desabrochó mis pantalones dejándolos caer y me quitó la camisa tirándola a un lado. Se puso frente a mí y me cogió por el mentón para que le mirara—hasta tus lagrimas son hermosas—susurró con una sonrisa que por un instante me pareció tierna.
Me dio un intenso beso, explorando mi boca con su lengua, ahogando los gemidos que comenzaban a salir incontenibles. Mientras una mano me sujetaba por la nuca la otra bajaba mis calzoncillos que llegaron al suelo junto al pantalón. Juntó su cuerpo al mío, haciéndome sentir la erección que crecía en su entrepierna. Apartó su boca de la mía, dejándome respirar al fin. Me miró sonriente, con aquellos ojos que ahora veía sin los violetas cristales, fríos, calculadores… me dejaban sin aliento. De mis ojos no dejaban de brotar lágrimas y yo ya no era dueño de mi cuerpo, tan solo quería dejar de pensar, dejar de sentir. De pronto me cogió como si fuera un saco de patatas y me llevó a la cama quitándome los zapatos y calcetines por el camino, tirándome completamente desnudo sobre el lecho sin mucha delicadeza. Se puso sobre mí y comenzó a lamer y besar mi pecho, pellizcando mis pezones y mordisqueándolos. Mi cuerpo lo recorrían corrientes eléctricas, sus labios y sus manos eran muy expertos, sabían los puntos exactos donde tocar, donde volverme loco ¿Qué eran esos sentimientos? ¿Cómo podía sentir ese placer con las caricias de otro hombre? Jadeaba, lloraba, gemía sin control.
— ¿Por qué…?—pregunté en apenas un susurro.
— ¿A qué te refieres?—dejó un momento mi pecho para mirarme a los ojos y lamer las lágrimas que de ellos caían.
— ¿Por qué me haces esto a mí?—aunque en ese momento ya no me importaba.
—Que lindo… no creo que eso importe ahora, si te portas bien tal vez te lo cuente luego—se rió perversamente y siguió a lo suyo.
—Bastardo… —susurré cerrando los ojos.
Siguió besando todo mi cuerpo, bajo hasta mi miembro y comenzó a lamerlo con increíble maestría. Aquella era mi primera experiencia con un hombre y, aunque lo odiaba, debía admitir que estaba siendo mejor que todo lo que había probado con las mujeres. Antes de que yo pudiera venirme apartó la boca de mi miembro a punto y levantó mis piernas colocándolas sobre sus hombros para seguido meter un dedo en mi entrada. Fue doloroso, una sensación realmente extraña que se fue agravando a medida que metía otro dedo y un tercero.
— ¡Para! Duele… ah!—mis gemidos y mis gritos eran constantes y cada vez mas incontrolables.
Como repuesta él tan solo sonrió, al parecer complacido por mis reacciones. No tardó en sacar los dedos de mi entrada y se desabrochó los pantalones para acercar su miembro erecto a mi desprotegido trasero. Pude sentirlo muy caliente y duro cuando comenzó a penetrarme. Llegó hasta la mitad de un solo empujón que me hizo arquear la espalda y mi voz ya no quiso salir de mi garganta en un grito.
—N-no… no te muevas… ah…—supliqué cuando noté su intención de ir más dentro. Se inclinó sobre mí y me dio un tierno beso en los labios.
—Tranquilo… ya verás como disfrutas—y tras esas palabras me penetró por completo de una única y brutal embestida.
Me aferré a sus hombros arañándolos y enterré el rostro en su cuello. El fuerte olor a alcohol y tabaco junto al intenso dolor que sentía me mareaban, la cabeza me daba vueltas y solo podía pensar que lo mejor que podía pasarme en ese momento era quedarme inconsciente. Pero por desgracia no fue así, pude sentirlo todo hasta el final. Las envestidas que comenzaron, que aumentaban poco a poco de velocidad, el dolor que se tornaba placer cuando su grueso miembro llegaba a ese punto, los dulces besos que contrastaban la brutalidad de sus acciones. Todas aquellas sensaciones, que hacían que a mi cuerpo lo recorrieran corrientes eléctricas, duraron varias horas que no pude contar. Sólo me di cuenta, antes de caer dormido, de que el sol ya estaba sobre la ciudad.
Al despertar estaba solo en la habitación, tumbado sobre unas sábanas empapadas en fluidos corporales, con el sol ya oculto en el horizonte de los rascacielos. Intenté incorporarme inútilmente, mi cuerpo me dolía demasiado, lo sentía entumecido. Levanté la cabeza y observé a mi alrededor, no había rastro de Mik y mi ropa estaba bien colocada sobre una silla. Me quedé largo rato en la cama hasta que pude levantarme con innumerables dolores por todo el cuerpo, especialmente en mi trasero. Me fui a dar una ducha andando como si fuera un pato, con mis piernas temblando como flanes. Cuando fui a ponerme la ropa me di cuenta de que sobre la que Mik había recogido se encontraba una carta boca abajo de las barajas del casino. Cuando la cogí y la di la vuelta vi que era un As de corazones, la misma carta con la que me había ganado la noche anterior. Nuevas lágrimas se derramaron por mis mejillas, esta vez no entendía su significado, pero también sentía un profundo dolor en el pecho ¿Odio? ¿Rabia? quien sabe. Aun conservo esa carta y sigo acudiendo a campeonatos de póker con la esperanza de volver a encontrarme con ese bastardo. Y juro que la próxima vez le ganaré.

1 comentario:

  1. Hola KiraH69 me gusto mucho tu fic esta muy lindo, pero que malo que termino asi,bueno espero que pases por mi blog Sayonara, te cuidas

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