Don Juan

Título: Don Juan
Fandom: Beelzebub  Pareja: Tatsumi Oga ♥ Takayuki Furuichi
Autor: KiraH69
Género: Yaoi, Romance  Capítulos: One-shot
Clasificación: +14  Advertencia: Soft Lemon
Resumen: Furuichi siempre ha estado obsesionado con las mujeres y se le ocurre de pronto que podrían ser el remedio para la mala leche de Oga. Pero más que las mujeres, que para ellos son difíciles de conseguir, está pensando en el sexo (con ellas, claro). Pero la situación se escapa de sus manos y acaba haciendo algo que despertará en él sentimientos que no querrá admitir.



Desde pequeño Furuichi siempre se volvía loco por las mujeres. Estuviera donde estuviera no dejaba de perseguirlas. La verdad es que no era muy exigente, cualquier tipo de mujer estaba bien para él. Aun cuando apenas era un mocoso, ya tenía espíritu de Don Juan, eso sí, fracasado. Siempre ha sido bastante bien parecido y algo inteligente, al menos más que yo. Sin embargo era probablemente su insistencia y su comportamiento de pervertido lo que siempre espantaba a las chicas. Nunca me han interesado ese tipo de cosas pero Furuichi siempre me arrastraba a ello. Antes no me importaba pero ha llegado un punto en que es molesto. Es irritante ver cómo se arrastra detrás de cualquier chica ignorando todo lo demás. No le cuesta nada dejarme plantado para ir detrás de alguna falda aun sabiendo que no tiene oportunidad alguna de ligar.
“¡Wow! ¡Menudo par de morenas! Genial, hoy pillaremos los dos.”
Tan optimista como siempre, y como siempre ninguna de las dos mujeres le hizo caso alguno, más bien salieron casi corriendo. Siempre es lo mismo, ya me estoy hartando de ello. Cada vez que va tras una de esas mujeres siento el impulso de agarrarle del brazo y retenerlo a mi lado, sin embargo no sé cómo pero consigo contenerme. No es propio de mí ahogar mis arrebatos, no obstante sentía que ese no debía salir a la luz.
“Ah...”
          “Oga, no puedes seguir así. Necesitas una chica que te endulce.”
Comentó un día mientras los cuerpos de un grupo de maleantes se retorcía a nuestros pies tras haber sido apalizados por mí.
“¿Endulzar?”
             “¿Crees que una chica podría hacer eso?”
Pregunté siguiéndole el juego, aunque en realidad debería haberlo ignorado como siempre.
“Claro que sí.”
             “Cuando está enamorada, la gente cambia. Se vuelve más afectuosa, más sensible a los sentimientos de los demás. Se vuelve radiante, con una energía renovada”
             “Eso es justo lo que tú necesitas, enamorarte de alguien.”
“Huh.”
             “Me pregunto si hablas de amor o de sexo.”
“Es lo mismo ¿no?”
Cállate, cállate, no sigas con esta conversación. Es lo que mi cabeza pensaba pero mi boca no le hizo caso.
“Así que, según tú, si tuviera sexo me volvería mejor persona.”
“¡Correcto!”
Me quedé callado por un momento, me mordí la lengua, pero ya no podía aguantarlo más, llevaba demasiado tiempo soportando aquello.
“Bien, podemos hacer la prueba.”
             “Pero no pienso ligar con una mujer, es demasiado problemático.”
“¿Hah?”
             “¿Entonces qué se supone que hagamos?”
             “¡Oh! No querrás decir... ¿pagando?”
Su rostro se iluminó, se sonrojó, sus ojos se agrandaron y comenzó a jadear como un salido. Realmente estaba excitado por aquello.
“No seas estúpido, no pienso hacer algo como eso.”
“¿Entonces?”
“Ya que ha sido tu idea tendrás que llevarlo hasta el final.”
¡Joder! Ya lo he dicho. ¿Cómo acabará esto? ¿Cómo reaccionará este idiota? Pensaba mientras seguíamos nuestro camino.
“Mm... Supongo que está bien.”
             “Además, debería ir practicando para cuando lo haga con una chica. No quiero que me tome por un virgen torpe.”
Por un instante me quedé en shock. Lo había dicho con tanta tranquilidad como si se tratara de practicar con la pelota antes de jugar un partido. Comenzamos a discutir sobre el lugar más adecuado para hacerlo, como si fuéramos a echar una partida a la consola. Y probablemente eso era lo que pensaba la gente que nos escuchaba al pasar a nuestro lado.
Ni su casa ni la mía eran adecuadas. Demasiada gente a todas horas. Necesitábamos intimidad y también una cama. Lo tuvimos claro en seguida. Hurgamos en nuestros bolsillos (más él que yo) y reunimos el dinero para pagar una hora en un Love Hotel. Ni siquiera había anochecido pero ¿qué mejor que ese momento en el que ambos estábamos decididos para hacerlo? No nos demoramos y, algo avergonzados, pedimos la habitación.
Yo no tenía idea de cómo dar el primer paso y, a pesar de lo mucho que presumía, Furuichi tampoco. Así nos quedamos unos minutos, sin saber qué hacer o qué decir. La situación que había empezado tan natural ahora se había vuelto completamente tensa. Sentía que al moverme por la habitación empujaba un enorme muro frente a mí.
“De-deberíamos hacer algo...”
             “Ya que hemos pagado no podemos desperdiciarlo.”
Su voz temblaba y creo que incluso se mordió la lengua al hablar. Sus ojos se movían nerviosos por toda la habitación pero lo más lejos posible de mí. Me estaba poniendo enfermo, no podía soportar más aquello. Me acerqué a él. Mi cuerpo se movía como el de un robot sin articulaciones.
“Ci-cierra... los ojos.”
Le dije mirando hacia otro lado aun estando a un metro frente a él.
“¿Heh?”
“¡Que los cierres joder!”
Con mi vocinazo todo el cuerpo de Furuichi se sacudió y obedeciendo cerró los ojos fuertemente. Me sentí aliviado por ello, era más fácil pensar de ese modo. Le miré un instante, tragué saliva. Había dos formas de continuar, con una saldría de aquello y quedaría en una simple anécdota; mientras que con la otra no habría vuelta atrás y todo podía ser destruido. Sin embargo mi razón no jugó un gran papel en aquel momento, le tenía tan cerca que mi mente se nubló como el cielo en una tormenta veraniega. Y los truenos resonaban en mi cabeza.
Le agarré por la nuca y junté mis labios a los suyos en lo que se supone era un beso. Dudo que pudiera llamársele así, era tan brusco, tan infantil que se sentía como besar una pared.
“Ah... Eso ha sido terrible.”
Suspiré apartándome. Definitivamente aquello no podía funcionar.
“No me extraña.”
             “Estoy seguro de que nunca lo has hecho antes y ni siquiera habrás practicado. Deberás entrenarte mucho para cuando lo hagas con una chica. Sino ella te dejará plantado en cuanto la beses de ese modo.”
Dando ese sermón se veía ya algo más seguro, aunque yo no entendía por qué. Me senté al borde de la cama, con la cabeza entre mis manos. ¿Qué demonios estaba haciendo allí? No había sido más que un error, había interpretado mis pensamientos de forma equivocada.
“Volvamos. Esto ha sido una estupidez.”
“¿Ahora que es mi turno? ¡Ni hablar!”
Levantó mi cabeza agarrándome del pelo y, antes de que pudiera mirarle a los ojos, me besó. Algo más suavemente, encajando nuestros labios en lugar de simplemente apretarlos, moviéndolos ligeramente. Sus ojos estaban cerrados, sin embargo yo no cerré los míos, no dejé de observarlo.
Mi corazón estaba latiendo tan fuerte que temía que él pudiera escucharlo. Ni siquiera tenía ese sentimiento tan intenso cuando peleaba. No entendía bien qué era pero sacudía todo mi interior y amenazaba con tomar el control de mi cuerpo.
“Eso... eso sí es un beso... Bueno, uno sencillo.”
Se incorporó y se puso de lado para no mirarme a la cara.
“Hmm... Así que es de ese modo.”
“¿A que soy bueno? Lo he practicado muchas veces.”
“¿Con chicas?”
Me sentí muy molesto al pensar en ello.
“...No. Con mi propia mano, con la almohada... esas cosas.”
Me respondió avergonzado. Fue un verdadero alivio.
“Aunque de ese modo no he podido practicar el beso francés así que no sé muy bien cómo hacerlo.”
“¿Beso francés? ¿Y eso es...?
“¿Hah? ¿Me lo preguntas en serio? ¿No sabes algo tan básico como eso?
             “Pues verás, también se le llama beso con lengua o beso mojado. Básicamente se introduce la lengua en la boca del otro, frotando una con otra y acariciando el interior de la boca del otro.”
             “Para dar un buen beso francés hay que practicar mucho, pero tiene que ser con una persona real.”
“Hagámoslo.”
Furuichi se sobresaltó cuando lo dije, quizás se esperaba otra cosa como “qué asco” o “eso es una guarrada” y sin duda es lo que habría pensado antes, pero por alguna razón ahora solo quería saborear su boca.
“Cla-claro... Para eso hemos venido.”
Furuichi se sentó de rodillas sobre la cama con una postura demasiado formal. Estaba tan tenso que me ponía incómodo. Me senté frente a él y agarré su rostro con ambas manos. Inmediatamente cerró los ojos. Me hizo gracia, el Don Juan Furuichi se ponía nervioso ante su primer beso francés. Reí disimuladamente y conseguí relajarme un poco.
Junté mis labios a los suyos más delicadamente que la última vez y, tras dudar un instante, acaricié sus labios cerrados con mi lengua.
“Si no abres la boca no podré meter mi lengua.”
Furuichi se sacudió ante mis palabras y lentamente abrió su boca. Con la lengua por delante, le besé de nuevo. Rocé su lengua y esta retrocedió. El interior de aquella boca resultó más cálido y agradable de lo que esperaba. Lo acariciaba cada vez con más ansia y más intensidad, con Furuichi correspondiendo poco a poco. Comencé a escuchar su respiración cada vez más agitada y sentí que una corriente eléctrica recorría mi cuerpo cuando escuché un suave gemido.
“¡Uwa!”
Furuichi gritó sorprendido cuando le empujé sobre la cama.
“¿O-oga, qué haces?”
Su rostro estaba sonrojado, se veía confuso y avergonzado. Delicioso...
“Sexo.”
             “Es a lo que vinimos, ¿no?”
“Pe-pero... esta posición...”
             “¿A qué viene esto?”
“No sé mucho de esto pero... Según he oído, algunos les llaman sopla-nucas y muerde-almohadas. Creo que yo sería lo primero.”
“¿¡Y por qué tú!?”
             “Se supone que yo tengo que entrenarme para hacerlo con las chicas, tú solo necesitas sexo así que te da igual ser uno u otro.”
¿Hablaba en serio? ¿Creía poder dominar sobre mí? El mero pensamiento de aquello me hizo sonreír de oreja a oreja.
“Qué ingenuo eres...”
             “Pienso devorarte como al conejillo blanco que eres.”
Furuichi tragó saliva, probablemente estaba aterrado. Ya no podía reprimirme más, el poco control que quedaba en mí se hizo pedazos como las paredes que habitualmente golpeaba. Me entregué a mis más bajos instintos o deseos, que para el caso es lo mismo.
Saboreé sus labios una y otra y otra vez. Pero no me conformé con eso. Me alimenté de cada centímetro de su piel, lamiendo, besando y mordiendo. Las marcas aparecían a mi paso sobre aquel pálido cuerpo. Al principio Furuichi forcejeó e intentó zafarse de mí pero le resultó imposible, estaba completamente inmovilizado. Finalmente se rindió y se dejó llenar por las sensaciones que le provocaba.
Nuestros cuerpos se pusieron calientes, más de lo que jamás habían estado con la furia de una pelea. Se volvió tan intenso y tan abrumador que todo a nuestro alrededor desapareció. Furuichi se sumergió tanto en aquella lujuria que llegó un momento en que era él quien buscaba mis besos y mis caricias.
No se resistió en el momento en que empecé a invadir su interior. Tan cálido y apretado... Todo mi cuerpo temblaba, embriagado por aquel placer. Llegué hasta el fondo más bruscamente de lo que debería, arrancándole un grito de dolor que ahogó mis oídos.
El tiempo pareció volar, la hora que al principio se hizo eterna se nos quedó corta y (sin dinero para más) tuvimos que salir todavía con el calentón. Furuichi caminaba torpemente, de seguro muy dolorido.
“Ya es tarde, volvamos a nuestras casas.”
Sugirió nada más salir del hotel. No parecía enfadado, o al menos a mí no me lo pareció, pero no me miró ni un segundo a la cara, no levantó su rostro y ni siquiera se acercó a mí. Supongo que aquella reacción era normal, prácticamente le había violado y probablemente le había hecho bastante daño.Sin más palabras cada uno se fue por su camino.
Una extraña normalidad siguió a aquel día. Al llegar a la escuela Furuichi me saludó como si nada. Pero sabía que aquella hora no podía borrarse. No me miró a los ojos, en ningún momento me miró a los ojos. No dejaba de sonreír, no dejaba de hablar, no dejaba de intentar ligar con chicas... pero en ningún momento me miraba.
Era doloroso, como si un gran muro se hubiera levantado entre nosotros, impenetrable. Quería hablarlo, quería decirle que no volvería a suceder y que podíamos volver a ser buenos amigos, no tenía que temerme... Pero por alguna razón era incapaz de abrir la boca, quizás todo se jodería si lo hacía.
Los días pasaban y acabé por acostumbrarme a ese vacío. Sin embargo la mayor sorpresa llegó cuando, unas tres semanas después, Furuichi se me acercó al acabar la escuela. Aquel día habíamos tenido gimnasia a última hora con las chicas y como era de esperarse, Furuichi no había dejado de babear por ellas.
“Hey Oga, estoy cachondo, vayamos a un Love Hotel”
Me quedé tan conmocionado que tardé unos segundos en asimilar lo que había dicho.
“¿Estás seguro...?”
“Si no quieres di que no, pero no me preguntes eso cuando he sido yo quien lo ha sugerido.”
Aquella respuesta fue extraña, no, lo fue más su tono al decirla, como si estuviera enfadado o lo hiciera de mala gana. Yo no comprendía qué estaba pasando pero tampoco seguí preguntando. Al pensar que tendría sexo con él otra vez me excité de inmediato y no estaba en condición de negarme.
Esta vez Furuichi no se resistió, aun avergonzado me abrió sus piernas. No hubo arrumacos ni la más mínima muestra de cariño. Fue sexo y nada más que sexo. Ni siquiera hubo un beso. Aunque ambos eyaculamos más de una vez, no se sintió bien en mi interior. Mi cuerpo disfrutó pero sentía algo oprimiendo contra mi pecho y algo se atoraba en mi garganta. Fue desagradable y no sabía si Furuichi lo había sentido del mismo modo.
Si lo hizo o no, nunca me lo dejó saber, no pronunció palabra y probablemente estuvo pensando en chicas durante toda la hora. Y no fue diferente al salir del Love Hotel, se despidió secamente y se marchó por su lado.
Los mismos hechos se repitieron una vez tras otra. Cuando Furuichi tenía ganas íbamos al Love Hotel y al siguiente día volvíamos a esa normalidad fingida. En lugar de suavizarse, mi humor no hizo más que ir a peor. Me sentía molesto y frustrado, no solo con Furuichi sino conmigo por no ser capaz de detener aquella situación.
Un día sucedió lo que pensé que nunca ocurriría. Furuichi se echó novia. Sí, no es broma, consiguió una novia de verdad. Una chica linda, de nuestra misma edad, parecía dulce y amable y así se comportaba con todo el mundo, pero no lo era. Yo conocía su verdadero rostro porque era el único al que se lo mostraba. Era una tipa áspera y desagradable, posesiva y envalentonada.
“¿No crees que pasas demasiado tiempo con Furuichi?”
Me preguntó un día de la nada, al poco de que empezaran a salir, cuando por un momento nos quedamos ella y yo solos. Aunque eran novios casi siempre íbamos los tres juntos. Furuichi nunca me pidió lo contrario así que ni siquiera lo pensé.
“No entiendo a qué te refieres.”
“Pues que Furuichi es mi novio mientra que tú solo eres su amigo.”
             “Sin embargo tú pasas mucho más tiempo con él que yo.”
¿Es que acaso el rango de amigo es inferior al de novia? ¿Yo era menos importante por ser solo el amigo? ¿Mi relación con Furuichi iba a reducirse, lo que no había conseguido esa extraña situación de sexo entre amigos lo iba a conseguir una mujer? Me sentía tan aturdido que no fui capaz de responder y simplemente me marché.
“Oga, ¿te sucedió algo ayer?”
             “XX me ha dicho que te encontraste mal y te fuiste a casa.”
             “Pero es extraño, tú nunca enfermas.”
Omitiré su nombre por simple desagrado.
“Nah, solo fue una escusa, quería largarme.”
Para qué mentir, Furuichi me hubiera descubierto. Para algo nos conocíamos desde hacía tantos años.
“Oh, era eso, vale.”
Me molestó que no le importara nada y sobre todo me molestó el no saber qué había estado haciendo con XX después de haberme ido.
“Oye Furuichi.”
             “¿Quieres que deje de ir con vosotros?”
Realmente no quería escuchar la respuesta, no quería saber lo que de verdad pensaba porque me aterraba que eso terminara nuestra amistad. Pero no podía seguir con aquella incertidumbre.
“Bu-bueno... quizás no siempre...”
             “Pero estaría bien que pudiera tener citas a solas.”
Pareció no querer herirme al decir eso pero no dudó en hacerlo. Probablemente llevaría pensándolo mucho tiempo.
“Está bien, disfruta.”
“Oga, yo...”
“Vamos, no jodas.”
             “No soy una mujer, no me voy a enfurruñar por algo así.”
             “No necesito la compañía de una parejita melosa, es repugnante.”
             “Además, te has vuelto muy desagradable desde que estás con ella así que realmente no es una molestia dejar de andar con vosotros.”
Quería taparme la boca con esparadrapo, cosérmela o, mejor aún, cortarme la lengua. ¿Quién me mandaba a mí decir tales cosas? Veía la expresión de Furuichi oscurecerse con cada palabra y una navaja se clavaba cada vez más profundo en mi pecho.
Tal como habíamos quedado, dejé de acompañarles cuando iban juntos. Seguía estado con Furuichi durante la escuela pero nuestra amistad se enfriaba cada vez más. Yo no estaba contento, era imposible estarlo, pero Furuichi tampoco, y eso era lo que más me sorprendía. Siempre pensé que si se echaba una novia no dejaría de dar saltos de alegría continuamente. Sin embargo jamás se le oía comentar nada sobre ella, ni a mí ni a cualquier otro. Claro que yo tampoco preguntaba.
“Um... ¿Que-... querrías salir conmigo?”
De pronto un día una chica se me acercó al salir de la escuela. Se plantó frente a mí y me preguntó aquello toda sonrojada ante la atónita mirada de todos. Me quedé completamente en blanco, me había pillado desprevenido. No la conocía, nunca antes la había visto, por el uniforme ni siquiera era de nuestra escuela. Tampoco despertó en mínimo interés en mí, a pesar de tenerla en frente solamente podía desviar mis ojos hacia Furuichi, a mi lado junto a su novia, para ver qué cara estaría poniendo. Ni siquiera me miraba, tenía el rostro girado en contra y parecía ajeno a todo aquello.
“¡Oh! ¿No es genial, Oga?”
             “Ahora tú también tendrás novia y podrás divertirte con ella.”
Comentó XX con su falsa sonrisa. “Y podrás dejar en paz a Furuichi” es probablemente lo que estaba pensando aquella zorra.
“E-entonces...”
La chica estaba esperando una respuesta y parecía ponerse cada vez más nerviosa.
“Claro que saldrá contigo, ¿verdad?”
             “Incluso podríamos salir algún día en una cita doble, ¿qué os parece?”
             “¿No es genial, Furuichi?”
¿Por qué demonios se metía donde no la llamaban? Realmente parecía tener ganas de liarme con aquella desconocida.
“Sí... es genial, es lo que Oga necesita.”
Ni siquiera me miró al decirlo, ni siquiera se dirigió a mí. ¡Joder! ¿Qué coño era aquello? ¿Qué pasaba con ese idiota? Por mucho que lo intentaba no lograba entender lo que Furuichi pensaba y eso me molestaba. Pero lo que más me jodía era el modo en que XX se frotaba contra él y coqueteaba mientras me miraba con desprecio. ¡Apártate de él hija de perra!
Mi mente se nubló. La razón se sumergió en la niebla creada por aquellos furiosos y abrumadores sentimientos. Mis más profundos deseos tomaron el control de mi cuerpo.
Me dirigí a la desagradable parejita, agarré del hombro a XX y la eché hacia atrás apartándola de Furuichi.
“¿O-oga qué-?”
“¿Ahora vas a mirarme?”
Le pregunté con nuestros rostros apenas a un par de centímetros. Al momento Furuichi volvió la cara sin dejarme siquiera ver su expresión. No pude aguantar más. Ignorando a la desconocida que se me había declarado y las quejas y gritos de XX, me eché a Furuichi al hombro como si fuera un saco y me lo llevé de allí. Forcejeó y se quejó, pero tan fútil que nadie se dio cuenta.
Con paso largo llegamos rápidamente a mi casa. Habría preferido el Love Hotel pero mi cartera estaba vacía. Mi madre se asomó a mi llegada y nos miró extrañada. Le advertí simplemente que no nos molestara y subí a mi cuarto aún cargando a Furuichi.
“Y-ya es suficiente, bájame...”
Su voz parecía tímida, apenas salía de su boca. Le tiré sin delicadeza sobre la cama y me quedé frente a él mirándole. No habló y siguió sin mirarme. Agachó la cabeza y pareció encogerse sobre sí mismo, como si se hiciera más pequeño.
“¿Qué diablos está pasando?”
Le pregunté intentando calmarme. Si seguía fuera de control acabaría haciendo alguna estupidez. Pero Furuichi no respondió, solo agachó aún más la cabeza. Me crispaba los nervios, quería darle un puñetazo para quitarle la estupidez.
“¿¡Qué coño sucede contigo!?”
“Eso debería preguntarlo yo...”
             “¿Qué estás haciendo? ¿A qué viene esto?”
Me di cuenta de que sus manos apretaban con fuerza la colcha sobre la que estaba. Pero su rostro seguía oculto.
“Estoy furioso, estoy muy cabreado.”
             “Toda esta situación me está volviendo loco.”
“¿Q-qué situación?”
¿De verdad era necesaria aquella pregunta? Habría sido más que evidente para cualquiera con dos dedos de frente.
“Esa... mujer, estoy harto de que intente separarme cada vez más de ti.”
             “Por su culpa cada vez hablamos menos, nos vemos menos.”
             “Ya nunca salimos juntos, solo nos vemos en la escuela.”
             “Esa mujer ha destrozado nuestra relación...”
“Ella... no ha hecho nada malo, es una buena persona.”
             “No es culpa suya.”
Entonces me di cuenta. Aquella mujer había sido la gota que colmó el vaso pero todo se había empezado a derrumbar mucho antes. Pero si la culpa no la tenía aquella tipa entonces de nada serviría apartarlo de ella. ¿Qué podría hacer entonces? ¿Cómo podría solucionarlo, cómo podría volver las cosas a como estaban al principio, antes de nuestro “error”?
“¿Se... acabó?”
             “¿Ya no puedo hacer nada?”
“L-lo siento.”
             “Me siento extraño cuando estás cerca.”
             “Ya no puedo seguir siendo tu amigo.”
Así que era eso, desde el principio era eso. Desde aquella estupidez a la que ambos nos condujimos sin percatarnos de ello, nuestra relación ya se había roto. Lo vivido desde entonces solo había sido una ilusión, una farsa.
“Ya entiendo...”
             “Está bien, entonces acabemos hoy con todo.”
             “Es ridículo seguir con esta pantomima.”
“S-sí... Es lo mejor.”
“Pero antes de que no volvamos a vernos o hablarnos quiero una última cosa.”
Ya qué importaba. Si todo iba a acabar qué más daba estropearlo un poco más. No podía ver su expresión así que no sabía qué podía estar sintiendo, pero me daba lo mismo.
“¿Qué es?”
“Quiero follar una última vez.”
Vi el cuerpo de Furuichi sacudirse al escucharme. Pasaron unos segundos y no respondía pero al final le vi afirmar con la cabeza y creí escuchar un tímido “sí”. No me demoré, me quité la camisa y los pantalones en un segundo y, viendo que sus dedos no acertaban a desabrochar los botones, le arranqué la camisa.
“O-oga, no seas...”
Acallé sus labios con los míos. No quería escucharle, no quería que me detuviera porque tampoco podría. Sin separarme de su boca le empujé contra la cama. Lo anhelaba tanto que, sin miramientos, comencé a devorar su cuerpo. Aquella blanca piel que se estremecía a cada toque mío. Aquellos rosados pezones que se levantaban solo con mi aliento. Ah... Cómo echaba de menos aquel cuerpo. Y de pronto lo noté, apenas pasados un par de minutos.
“¡Oh! E-estás... duro.”
             “Eso sí que ha sido rápido.”
             “Cualquiera diría que esa zorra no te satisface.”
“Nnh...”
“¿No lo hace?”
             “¡Heh! Y yo que pensé que serías del tipo eyaculador precoz en cuanto le vieras las tetas.”
No me hacía gracia pensar en ello pero quería meterme un poco más con Furuichi, molestarlo en aquel indefenso estado.
“N-no lo... hemos... hecho.”
Aquello sí me dejó sorprendido. ¿Para qué me había torturado tantos días pensando que se lo estarían montando en cualquier rincón como conejos?
“¿Por qué?”
“Los besos y todo eso están bien, es muy agradable pero...”
             “No se me pone dura. O al menos no lo suficiente para hacerlo.”
             “No lo entiendo... Se supone que esto era una práctica para hacerlo con mujeres y sin embargo ahora... soy incapaz.”
             “Incluso para masturbarme. Ya no puedo hacerlo pensando en mujeres, solo... solo pensando en ti y en lo que hacemos.”
             “Esto no es normal, no está bien. Quiero olvidarlo todo y volver a ser el chico de antes. Quiero que me vuelvan a gustar las chicas, quiero ser normal.”
Me quedé boquiabierto, no podía creer lo que estaba escuchando. Me costó bastante asimilarlo todo y, sin llegar a comprenderlo, seguí con lo que mi cuerpo me pedía a gritos. Le desnudé por completo y saboreé cada rincón del hombre que tanto me estaba enloqueciendo. Ni siquiera en las peleas había llegado a perder el control de ese modo.
Furuichi estaba confuso, me aceptaba y me negaba casi al mismo tiempo, pero nunca intentó huir con suficiente firmeza. Por contra, mis ideas se aclaraban cada vez más, estaba claro lo que mi cuerpo deseaba.
“No te dejaré olvidar.”
             “Devoraré tu cuerpo hasta que quede completamente marcado por mí, hasta que cada rincón me recuerde, hasta que tu interior tenga mi forma.”
             “No dejaré que nadie más toque este cuerpo, golpearé a quien intente apartarte de mí, sea quien sea.”
             “Está bien si no podemos ser amigos, porque lo que yo deseo es esto.”
Furuichi no dijo nada, pero sentí su cuerpo estremecerse debajo de mí, incluso su interior se estrechó sobre mí hasta que casi no podía moverme. Se había excitado con mis palabras aunque intentara rechazarlas.
Llamaron a la puerta de mi habitación no sé cuántas veces, pero apenas lo escuché porque estaba sumergido en sus gemidos. Nuestros cuerpos estaban húmedos por el semen, el sudor, la saliva y las lágrimas de Furuichi. Estábamos tan calientes que hasta la temperatura del cuarto subió. No recuerdo cuántas veces nos corrimos pero las sábanas acabaron empapadas.
Después de tanto tiempo estábamos tan ansiosos que lo hicimos más intensamente que nunca. Nuestras cabezas daban vueltas y no paramos hasta que el agotamiento vino sobre nosotros más allá de la noche. Más bien debería decir que no paré hasta poco después de que Furuichi se desmayara.
Me dormí con Furuichi entre mis brazos y me desperté del mismo modo. Durante la noche estaba tan agotado que no soñé nada, o si lo hice no lo recuerdo. Me levanté relajado como no lo había estado en días, más concretamente desde la última vez que lo había hecho con él. Me quedé un rato observando su rostro dormido. Ya no tenía preocupaciones porque sabía bien lo que quería y que haría cualquier cosa para conseguirlo. Pero temía su reacción al despertar más que nada.
“Mm... Oga baja la persiana, tengo sueño.”
Me dijo de pronto con un murmullo, acurrucándose contra mí. Le hice caso y me levanté para ir a bajarla pero antes de que pudiera salir de la cama me agarró del brazo.
“Espera, no.”
             “No salgas.”
Ocultaba su rostro entre las sábanas pero podía ver que hasta su nuca estaba sonrojada. Me incliné sobre él cubriendo todo su cuerpo con el mío y me quedé un momento en silencio sintiendo su calor. Cuando comenzó a moverse debajo de mí creí que iba a a apartarme pero en lugar de eso se abrazó a mí y rodeó mis caderas con sus piernas.
“Por favor no salgas con ella, no salgas con ninguna chica.”
             “Ni siquiera puedo soportar pensar en ello.”
Me dijo desesperado.
“Idiota, ¿cómo podría?”
             “Solo quiero hacer esto contigo, nadie más sería adecuado.”
             “Y por eso tampoco dejaré que tú salgas con nadie más. Me importa una mierda lo guapa que sea la chica.”
“Está bien. Entonces es un trato.”
             “Solo te daré mi cuerpo a ti si tú haces lo mismo.”
“Me parece bien pero me gustaría algo más que tu cuerpo.”
Me aparté un poco de él para poder observar su rostro que evitaba mi mirada.
“No sé si será posible o no, pero creo que si aceptamos lo nuestro podríamos volver a tener una relación de amigos, al menos mientras no estemos en la cama.”
“¿Co-cómo puedo mirarte a la cara como amigo tras cosas como la que hicimos anoche?”
“Los novios también hacen cosas juntos como amigos.”
             “Podemos salir al cine, ir a los videojuegos, comer juntos o las cosas que hacemos siempre.”
“¿¡Y cómo puedo hacer eso si no dejo de ponerme duro en cuanto cruzamos miradas!?”
“¡Oh! ¿Así que ese es el problema?”
             “Eso tiene fácil solución.”
Me puse de rodillas y levanté sus piernas, frotando mi erección mañanera contra la suya.
“¿Eh? ¿Q-qué haces?”
“Si te dejo seco cuando follamos entonces no se te podrá dura durante el día, y en todo caso también puedo aliviarte en la escuela, con una escapadita a los baños.”
“Pe-pero eso... puede... estar bien.”
Por un momento creí que tendría que buscar más escusas para convencerlo pero, según frotaba mi miembro contra su trasero, pareció convencerse.
Me iba a asegurar de cumplirlo, absorbería cada gota de su energía para poder comportarnos como amigos el resto del tiempo. Aunque resultó tener más de la que esperaba.
FIN

3 comentarios:

  1. *¬* awwww estuvo ummmm sin palabras me encanto juju *.* lo recomendare de seguro XD sigue escribiendo tu muy bn!!!! *¬*

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  2. Me encanto >.<
    estuvo genial
    ademas por k es de mis parejas favoritas
    ya k es dificil encontrar DJ's y Fanfics de ellos
    te lo agredezco >.<

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  3. me ha encantado, no solo porque amo la pareja y siento una gran carencia sobre ella ¡por que hay tan poco!
    si no también la historia, me gusto como fue evolucionando y como se comportaban los personajes, no se si realmente estaba IC porque hace mucho no leo bellzebub, pero me dejo conforme al no ser muy rosa.
    el final me gusto, se sinceraron sin quedar empalagoso y sobre la narración en segunda persona, me gusto en especial que haya sido de parte de Oga

    bya~ ojala nos traigas mas de ellos

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