Sombras del Bosque


Título: Sombras del Bosque
Autor: KiraH69
Fandom: Kuroshitsuji     Pareja: Sebastian x "Ciel" y Grell
Género: Yaoi     Longitud: One-shot
Clasificación: +18    Advertencias: Lemon
Resumen: Sebastian observa melancólico la mansión de los Phantomhive y un indeseable visitante se presenta ante él. El shinigami Grell comienza a incordiarle pero su única intención es sacarle su parte demoniaca, hacerle arder de nuevo. Y si no puede hacerlo con su propio aspecto, quizás con el de Ciel lo consiga.



Entre las sombras del bosque que rodeaba la mansión Phantomhive se alzaba la de un demonio, o quizás un simple mayordomo sin amo al que servir que había pasado tiempos mejores.

— ¡Qué expresión tan maravillosa!—exclamó con su característico tono aquel hombre de cabellos de fuego.

—No estoy de humor para ti—contestó secamente, dejando un segundo su absorta observación.

— ¿Sabes, mi hermoso Sebastian? Odio tener celos de un mocoso como ese, pero ahora mismo mi sangre está hirviendo porque estás mirando con el corazón roto a ese crío. No sabes cuánto deseo que me mires algún día con la mitad de esa pasión—canturreaba entre divertido y molesto el Shinigami alrededor del demonio cada vez más cerca de él—. ¿Cómo puedes ser tan lamentable y aun así tan bello? ¿Cómo ha podido un niño humano vulgar hacer caer tan bajo a tan gran demonio?

— ¡Basta! ¡Ya tuve suficiente de ti!—su mano envolvió como una garra el cuello del dios.

—Eso es, así es como reacciona un demonio, parece que todavía te puedes salvar—le dijo con una sonrisa perversa.

—Bastardo...—le golpeó fuertemente contra un árbol, apretando los dientes furioso.

—Ah~ Sebas-chan~ qué mirada~ los ojos de un demonio furioso son lo mejor~ rojos como el fuego ardiente como a mí me gusta—tras su pequeño teatrillo, Grell se puso serio, aunque sin perder su sonrisa—. Adelante, desahógate cuanto quieras, puedes volcar en mí toda tu rabia y frustración.

—Ch' Una basura como tú no vale la pena—le dijo tirándole al suelo.

— ¿Y él sí? ¿Un mocoso desagradecido incapaz de ver tu gran valor?—Sebastian no reaccionó, buscaba en las ventanas de la mansión una pequeña silueta—. Bien, entonces supongo que esto estará mejor.

El aire sopló agitando los árboles y un escalofrío recorrió la espalda del demonio.

— ¡Sebastian!—la voz de Ciel resonó en el bosque.

El pelinegro se giró lentamente sin poder creer aquello. La figura de su amo frete a él, mirándole tan obstinadamente como siempre en el lugar donde antes se encontraba Grell. Y por un instante sus ojos le engañaron y su corazón dio un vuelco. Pero pronto se calmó, cuanto pudo. Ciertamente su aspecto era el mismo, el pequeño cuerpo vestido tan solo con su camisón de dormir y el parche en su ojo; incluso su olor era el mismo, pero no era él. Su alma, su aura, seguía siendo la de aquel Shinigami al que tanto le gustaba incordiar.

— ¡Sebastian! No te quedes mirando como un idiota. Limpia mis pies, se han manchado—le ordenó con soberbia.

Y a pesar de que su esencia no era la misma, de que su mente sabía que no era más que un engaño de Grell, Sebastian obedeció porque su cuerpo lo deseaba. Se arrodilló a los pies de su falso amo y cogió uno de ellos entre sus manos.

—Usa tu lengua—le dijo con una perversa sonrisa.

Sebastian no dudó, recorrió con su lengua cada centímetro de la blanca piel limpiándola de las manchas de tierra. La respiración de Ciel se volvió pesada intentando contener las sensaciones que le provocaba. Si estuviera siendo él mismo ya se habría derretido, pero Grell debía comportarse como lo hacía el Conde. Los dedos enguantados del mayordomo acariciaban la suave piel mientras su lengua comenzaba a deslizarse por la pierna hacia arriba. Si fuera el auténtico Ciel jamás le habría permitido hacer aquello, pero gracias a que no era él podría cumplir con lo que tanto había deseado por mucho tiempo. No tendría su alma pero si poseería su cuerpo.

— ¡Nn!—Ciel no pudo contener un pequeño gemido al sentir la lengua en la parte interior de su muslo.

Sebastian observó aquella reacción y sonrió satisfecho. Levantó despacio el camisón hasta por encima de las caderas y acomodó ahí sus manos sujetándolo.

— ¿Me permite?—le preguntó con una sonrisa demoníaca.

— ¿A qué esperas? Sigue limpiándome—agarró sus cabellos y lo empujó contra su entrepierna.

El mayordomo rió para sí mismo y abrió su boca de par en par para envolver el pequeño miembro de su amo.

—Ah... un- —el cuerpo de Ciel se estremeció al sentir el húmedo calor de aquella cavidad. Un profundo suspiro salió de su garganta y tuvo que morderse el labio para no hacer más sonidos.

La experta lengua de Sebastian comenzó a acariciar el miembro cada vez más duro, masajeándolo con sus labios. Las piernas de Ciel temblaban y mientras se aferraba a los cabellos negros con una mano para no caer con la otra se tapaba la boca para no gemir.

—Nn... Sebas... ti-ann...mn...—Ciel agarró de la cabeza al demonio y empujó sus caderas hasta correrse en lo profundo de su garganta.

En ese momento pareció quedarse sin energías y Sebastian tuvo que sujetarlo entre sus brazos.

— ¿Se encuentra bien, amo?—le preguntó relamiéndose los labios.

—Uh- pues claro, ¿qué te crees?—con el rostro levemente sonrojado, Ciel se levantó pero sus piernas fallaron.

Antes de que cayera, Sebastian extendió su chaqueta en el suelo y le tumbó despacio sobre ella. Observó aquel delicado cuerpo totalmente a su merced. La pálida y fina piel enrojecida en las caderas con las marcas de sus dedos; los miembros delgados que parecieran poder romperse como la porcelana; su saliva recubriendo el pequeño pene; el rostro cubierto parcialmente con los azulados cabellos ruborizándose cada vez más; la mirada siempre obstinada ahora avergonzada y sus suaves labios entreabiertos respirando agitadamente. El cuerpo entero de Ciel se estremeció bajo la lasciva mirada del demonio. Sebastian perdió el control de su propia cordura y olvidó su estatus de mayordomo que debía seguir órdenes. Se quitó los guantes con los dientes y deslizó la punta de sus dedos por las caderas de su amo, subiendo despacio por su cintura. Levantando a su paso el camisón, descubriendo el pecho que subía y bajaba notablemente y los rosados pezones endurecidos. Ciel tuvo que morder su labio inferior para no gemir con aquellas suaves caricias, pero los dedos de Sebastian entraron en su boca impidiéndole cerrarla.

—Quiero oírle, no se contenga—le susurró mirándole fijamente.

Con su mano libre pellizcó uno de los pequeños pezones duros y de la garganta de Ciel salió un profundo gemido. En ese momento hasta las orejas del pequeño se pusieron coloradas.

— ¡Demonio pervertido!—apartó la mano de su boca de un golpe y se bajó el camisón intentando ocultar sus partes—. ¡Wa!

Repentinamente Sebastian levantó el camisón y se lo quitó arrojándolo lejos.

—No voy a permitir que se oculte—le dijo con una pervertida sonrisa en el rostro. Acarició con la punta de un dedo de abajo arriba el miembro de su amo—. Vaya, parece que esto ha despertado de nuevo. Creo que aquí el pervertido es el joven amo.

— ¡Ugh! Serás insole- ah...—para acallar sus quejas el demonio metió de nuevo dos dedos en su boca.

—Lame—le ordenó y Ciel no se supo negar, chupó los finos dedos del demonio como si fueran un delicioso dulce.

Satisfecho por su obediencia, Sebastian se centró de nuevo en aquel pequeño cuerpo, recorriendo su cuello y su pecho con la boca, dejando sendas de saliva y rojas marcas a su paso. Ciel se agitaba y gemía por culpa de la experta boca del demonio, agarrándose a sus brazos sin dejar de lamer los dedos. El olor y el sabor de su amo era incluso mejor de lo que se había imaginado y su calor más intenso. Su propio cuerpo llegó a un punto en que ya no podía aguantar más. Sacó los dedos del cálido hueco de su boca para comenzar a meterlos en otro más abajo y más apretado.

— ¡Ah! ¡Se-Sebastian!—el pequeño intentó incorporarse pero el demonio se inclinó sobre él manteniéndolo tumbado.

—No se preocupe, pronto se sentirá bien—le sonrió con esa falsa dulzura que siempre ocultaba algo oscuro.

Mientras sus dedos comenzaban a desenvolverse en el estrecho interior, Sebastian observaba el sonrojado rostro de su joven amo y sus ojos se quedaron fijos en su boca abierta. Sin poder resistirlo la invadió con su lengua, sellándola con sus labios. Ciel no negó el beso, le rodeó el cuello con los brazos profundizando el contacto.

—“No es mi amo”—esa frase pasó por la mente del demonio—. “No es Ciel Phantomhive, no es su alma”.

Puede que sus sentidos humanos lo engañaran, pero no su instinto demoníaco y ya no podía ignorarlo más. Sacó los dedos de su interior y lo apartó suavemente de sí, deshaciendo el beso. Se levantó y se alejó unos pasos de él dándole la espalda.

— ¿Qué sucede Sebastian?—le preguntó Ciel extrañado.

—Es suficiente, desaparece esa forma, vuelve a ser tú—le dijo con una suave voz intentando calmar su cuerpo y alma.

—Pero con mi forma real no querrás hacerme el amor. ¿No quieres hacerlo con tu amo?—preguntó confuso.

—Te he dicho que vuelvas a tu forma. Tú no eres él, no quiero hacerlo con uno falso—deseaba hacerlo con Ciel Phantomhive, pero si el cuerpo no tenía su alma no podía ser lo mismo, no tenía sentido hacerlo.

—Qué cruel, después de excitarme de este modo me dejas plantado—volvió a ser Grell aunque ahora sus pantalones apretaban demasiado su entrepierna.

Sin una respuesta por parte del demonio, el pelirrojo se levantó cogiendo la chaqueta del mayordomo y tras sacudirla se acercó a él y se la puso sobre el hombro.

—Pues que te vaya bien con ese mocoso desagradecido. Yo voy a ver si me desahogo con alguien o me toca hacerlo solo—le dijo alejándose—. ¡Oh~!

Sebastian le agarró de un brazo y lo empujó de espaldas a un árbol.

—He dicho que no quiero esa forma, no que no vaya a hacerlo contigo—le contestó al muy sorprendido Shinigami—. Por tu culpa estoy así, vas a tener que asumir las consecuencias—apretó su entrepierna contra la de Grell, haciéndole notoria su erección.

La sorpresa de Grell se convirtió en gusto y su mirada, ya pervertida de naturaleza, se intensificó.

—Permite que te complazca, mi querido Sebas-chan—desabrochó el pantalón de Sebastian y masajeó el miembro erecto con sus manos.

—Usa tu boca para algo bueno por una vez—le dijo apartándose un poco de él para que pudiera moverse.

Sin queja alguna, el Shinigami se arrodilló y dio un amoroso beso a la punta del miembro. Al darse cuenta del escalofrío que recorrió el cuerpo de Sebastian, Grell sonrió y se metió el miembro todo lo profundo que pudo en su boca hasta casi abarcarlo por completo. Comenzó a meterlo y sacarlo de su boca, sin dejar de acariciarlo con su lengua como si fuera un delicioso helado caliente mientras sus manos masajeaban la base y sus genitales.

—“Es demasiado bueno”—pensó Sebastian intentando mantener bajo control su respiración y los latidos de su corazón, disfrutando demasiado aquella felación—. Suficiente—temiendo perder el control, agarró los cabellos de Grell y lo apartó de su miembro.

—Jo~ ¿No me dejas beberlo? Quiero probar la leche de Sebas-chan~—se quejó poniéndole morritos.

El demonio lo levantó sin soltar los cabellos y acercó su rostro hasta casi rozar sus labios.

—No te preocupes, la vas a probar—le empujó de cara al árbol y desgarró su pantalón.

— ¿Sebas-...chan~? ¡Nnn~!—Sebastian comenzó a penetrarle pero al haber cambiado de forma Grell no estaba dilatado—. ¡Ah~! ¡¡Umm!!

—“Uh... tan estrecho... casi no puedo entrar...”—pensó empujando su miembro despacio, a través del caliente agujero agarrando fuertemente sus caderas delgadas.

— ¡Ah~ Sebas-chan~ tan grande... tan duro... mételo todo~!—gemía temblando de placer el Shinigami.

—Molesto—la voz de Grell le ponía nervioso y le desconcentraba.

Sebastian cogió el rostro del pelirrojo por la barbilla y lo giró para poder besarlo. Grell se sorprendió y se sintió feliz, no esperaba que el demonio quisiera besarle con su forma real. Los dos seres sobrehumanos enredaron sus lenguas intercambiando saliva, ambos eran expertos pero se sorprendían y disfrutaban de la habilidad del otro. El demonio había comenzado el beso solo para callarlo, pero ahora no podía parar. Su miembro ya podía moverse menos ahogado en su interior, metiéndolo hasta el fondo y moviéndose cada vez más rápido. También las caderas de Grell se movían, buscando más contacto y más rudeza. Su miembro palpitaba desatendido y goteante, llevó su mano hasta él para frotarlo pero Sebastian le detuvo.

—Si quieres eso tendrás que suplicármelo—le susurró cuando al fin separaron sus bocas.

—Ah~ Sebas- nn... por favor... to-toca... uh...—los gemidos le impedían articular una palabra completa.

—No te oigo—sonrió malvadamente el demonio.

—T-tócame... ¡Mm!—perdido en el placer apenas se podía sostener en pie gracias a la verga de Sebastian en su interior.

Sabiendo que no podría decir más, el pelinegro accedió y comenzó a masturbar al desesperado Shinigami. Sintió cómo el interior de Grell se contraía y su cuerpo se sacudía con las caricias de sus finos y hábiles dedos. Con aquellas contracciones apretando su miembro, Sebastian ya no pudo soportarlo más y se corrió con una fuerte embestida en el interior de Grell al tiempo que lograba con su mano que éste se corriera sobre el árbol en el que se apoyaban.

—N-nn~ Sebas... chan... tu leche en mi interior... tan caliente... ¡Voy a tener un hijo de Sebas-chan~!—gemía apretando su trasero para que no pudiera salir.

El demonio le agarró de los cabellos y le dio un profundo beso, pero solo el tiempo justo para que le dejara sacarla.

— ¡Oh~ Sebas-chan! ¡Criaremos a nuestro hijo juntos! Será tan lindo~ —canturreaba yendo todavía con los pantalones bajados tras el demonio que se alejaba de él.

—Tan molesto como siempre—Sebastian dio un puñetazo al mentón del Shinigami, dejándolo tirado en suelo medio inconsciente aunque con una gran sonrisa de felicidad en el rostro.

— ¿Se-bas-...chan...repe-tiremos?—le preguntó mientras el demonio se marchaba.

—Quizás—su voz sonó tan baja y tan lejos que Grell no estaba seguro de lo que había dicho, pero se lo tomó con un sí.

FIN

1 comentario:

  1. Estuvo genial y divertido, me encanto aunque por lo general no me gusta mucho Grell, pero me encanto todo el Fanfic jeje

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