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Un lugar seguro [cap1]



Título: Un lugar seguro
Fandom: Teen Wolf          Pareja: Peter Hale x Stiles Stilinski (Steter)
Autor: KiraH69 
Género: Yaoi, Slash
Clasificación: TP          Advertencias: ninguna
Capítulos: 3 (1 de 3)
Resumen: Stiles llega a Beacon Hills huyendo de cazadores, pero no es su propia vida lo que más le preocupa, sino la de su hija.

Capítulo 1

La noche era oscura, la carretera estaba iluminada solo por una luna creciente y los faros del coche. Era una carretera estrecha que serpenteaba entre un bosque y no tenía ninguna salida por la que pudiera despistar a la furgoneta negra que los seguía así que mantener las luces del coche apagadas solo serviría para provocar un accidente. Incluso si él sobreviviría, la pequeña en el asiento trasero no lo conseguiría. Miró por el retrovisor y allí estaba, cada vez más cerca, sus luces amenazadoras como los ojos de un monstruo. Podía oír los sollozos de su pequeña, le partían el corazón. Estaba aterrado, no por él sino porque pudiera llegar a sucederle algo a su niña. No podía creer que hubiera permitido que los cazadores se acercaran tanto. Debería haber sido más cuidadoso, ocultarse mejor. Pisó el acelerador, pero el coche no daba más de sí. La furgoneta los alcanzó, colocándose en paralelo por su izquierda. Antes de que pudiera reaccionar, giró bruscamente y los golpeó con tal fuerza que el coche se salió de la carretera. Volcó antes de chocar contra los árboles, quedándose boca abajo. Se quedó aturdido por un momento, sujeto a su asiento por el cinturón, pero enseguida se centró en lo importante.

—Cariño, cariño, ¿estás bien?—preguntó, mirando hacia atrás. Vio a la pequeña sujeta por el cinto a su asiento.

—¿Papá?—sollozó la pequeña.

—Está bien, cariño, tranquila. Escúchame bien, quiero que te desabroches el cinturón, salgas del coche y corras. Métete en el bosque y corre, corre y corre, no pares por nada. ¿De acuerdo, mi vida?

—S-sí, papá—respondió apenas audible.

Ambos se desabrocharon los cinturones y salieron por lados opuestos del coche. Esperó a escuchar los pasos de su hija corriendo entre los árboles antes de centrarse en los cazadores que salían de la furgoneta. Los tres fueron hacia él apuntándole con sus armas. Comenzó a transformarse, esperando que con eso pudiera retenerlos el tiempo suficiente para que su niña escapara. Se oyó la tela de su ropa rasgarse, sus músculos estirándose, el pelo brotar por todas partes.





Derek y Peter estaban corriendo por la reserva, revisando los límites de su territorio. Scott podía ser el alfa, pero no se molestaba en comprobar si la ciudad estaba segura. La relación entre Derek y Peter no era la mejor, pero estos paseos les permitían mantener su vínculo. Se detuvieron en seco cuando escucharon un rugido, demasiado profundo para ser de cualquier animal de la zona, ni siquiera de un hombre lobo. Entonces comenzaron los disparos. Echaron a correr en dirección a los ruidos. Estaban apenas en el interior de su territorio, pero si había cazadores tenían que detenerlos.

Cuando llegaron a la carretera, observaron ocultos entre los árboles a tres cazadores disparar a un enorme oso marrón con brillantes ojos dorados que definitivamente no eran naturales. Derek y Peter intercambiaron una mirada y ambos tenían claro lo que debían hacer. Se lanzaron sobre los cazadores, sorprendiéndolos por la espalda. El oso aprovechó el despiste de los cazadores para abalanzarse sobre uno de ellos, usando sin reprimirse sus garras y sus mandíbulas para despedazarlo. Después tiró al suelo al cazador con el que Derek estaba peleando.

—¡Ve a buscarla!—gritó el oso con voz grave y casi un rugido—. ¡Encuentra a mi hija!—le ordenó a Derek mientras le arrancaba al cazador el brazo con el que sostenía el arma.

Derek se percató en ese momento de que había un olor infantil en el coche volcado que se adentraba en el bosque. No dudó en salir corriendo en esa dirección, siguiendo el rastro que la pequeña había dejado. Peter destrozó al otro cazador mientras el oso se encargaba del que tenía entre sus zarpas. Cuando los latidos de los tres cazadores se detuvieron, por fin se hizo el silencio en la carretera. Lo único que se oían eran los jadeos de Peter y aquel hombre oso. Peter observó cómo aquel enorme cuerpo se reducía, el pelo desapareciendo y dejando en su lugar a un muchacho que no podía tener más de veinte años, delgado y pálido con el pelo oscuro hecho un desastre.

—¿Te encuentras bien?—le preguntó Peter, observando las balas salir de su cuerpo y caer al suelo. Olían a acónito, pero no parecían tener efecto sobre el hombre oso.

—Mi hija.

Se giró hacia el bosque y estaba a punto de echar a correr antes de que Peter lo detuviera. Recibió un rugido a cambio de su esfuerzo, pero no soltó el agarre de su brazo.

—Tranquilo, mi sobrino Derek la está buscando, la traerá enseguida.

Había lágrimas brotando de sus ojos y estaba temblando. Parecía ignorar las heridas que salpicaban su cuerpo y aún no se habían curado. Cuando Derek apareció con la pequeña en brazos, el hombre oso cayó de rodillas al suelo con un fuerte sollozo. Al ver a su padre, la pequeña forcejeó para bajarse de los brazos de Derek y fue corriendo hasta su padre, quien la abrazó con desesperación.

—Mi amor, mi amor, ¿estás bien? ¿Estás herida? ¿Te encuentras bien?—le preguntó, apartándose de ella solo para comprobar el estado de su cuerpo. Había algunos arañazos de ramas en sus piernas, pero por lo demás se encontraba bien. La pequeña tan solo asintió sin decir palabra.

—Derek, ve a traer mi coche—le ordenó Peter, lanzándole sus llaves. Habría preferido utilizar el coche de Derek, pero el suyo se encontraba más cerca.

—¿Quiénes sois?—le preguntó el joven sosteniendo a la pequeña en brazos cuando Derek ya se había marchado.

—Yo soy Peter Hale, somos parte de la manada que vive en estas tierras. ¿Y vosotros sois?

Por un momento pareció algo reticente a responder, cubriendo a su hija aún sollozante con su propio cuerpo, pero finalmente se dio la vuelta.

—Me llamo Stiles y esta es Claudia. Siento haber entrado en vuestro territorio, solo iba-

—Solo ibas huyendo de los cazadores, no tienes de qué disculparte. Sois bienvenidos aquí—le aseguró. Podía oler en él el miedo, el pánico, y no era por su propia seguridad sino por la de su hija. Peter había visto la fiereza con la que la protegía y no podía más que admirarlo.

—Gracias, muchas gracias.

Peter asintió con la cabeza y le observó mientras intentaba consolar a la pequeña. Claudia tendría unos cinco años, Stiles debía de ser mayor de lo que aparentaba.

Escucharon un coche acercarse y Stiles estuvo a punto de salir corriendo, pero Peter lo detuvo, podía reconocer el motor de su coche. Derek aparcó junto a ellos y Peter abrió el maletero.

—Toma, ponte esto—le dijo a Stiles, entregándole un cambio de ropa que siempre llevaba por precaución en el coche. La ropa del chico había quedado completamente destrozada con su transformación. Mientras Stiles se vestía, Peter se acercó a Derek—. Encárgate de ocultar todo esto. No le diremos nada a Scott por ahora.

—¿Por qué no?—preguntó su sobrino frunciendo el ceño.

—¿Crees que aprobaría que hubiéramos matado a tres cazadores aun para salvarlos?

Derek gruñó, pero sabía que tenía razón.

—Stiles, ¿hay algo de tu coche que quieras coger antes de irnos?—le preguntó cuando ya estaba vestido, con la pequeña de nuevo en sus brazos.

—No, salimos con lo puesto, no tuve tiempo ni de coger mi cartera.

—De acuerdo, entonces vámonos. Derek se ocupará de todo esto—por suerte aquella no era una carretera muy transitada de noche.

Subieron al coche y se dirigieron al loft. Stiles miraba constantemente hacia atrás, temiendo que más cazadores estuvieran detrás de ellos. Peter no sabía los detalles de su situación, pero nunca se podía ser demasiado precavido en estos casos así que se aseguró de que ningún coche los seguía.

Entraron en el loft y Stiles miró a su alrededor con expresión de desconfianza, probablemente preguntándose cómo podía aquello ser la casa de una manada. Peter también se lo preguntaba.

—Arriba tenéis un baño, podéis daros una ducha. Os dejaré ropa limpia. Bueno, no tengo nada para la pequeña, pero creo que una camiseta le servirá de vestido.

—Gracias—murmuró Stiles y se llevó a la pequeña arriba.

—Hay un kit de primeros auxilios en el armario por si lo necesitas—le gritó desde abajo sin saber si el hombre oso tendría el mismo oído que los hombres lobo.

Cuando escuchó el agua de la ducha correr, subió a su habitación y cogió ropa para ambos. La que le había prestado a Stiles estaría manchada de sangre. La dejó en la puerta del baño y bajó a la cocina. Estarían hambrientos, al menos Stiles tras su transformación, y no sabía cuánto tiempo llevaban en la carretera sin detenerse así que preparó abundante comida. No se equivocó, ambos devoraron la comida. Claudia, vestida con una de sus camisetas que le llegaba hasta las rodillas, se aferraba a su padre como un adorable bebé panda y solo comía lo que su padre le daba. Eran casi copias idénticas, ojos brillantes como el whisky, lunares salpicando ambos rostros de piel pálida, cabellos negros revueltos en una maraña a pesar de estar recién lavados, largos dedos llevándose la comida a la boca y extremidades igualmente largas que parecían no poder estarse quietas ni un instante. La nariz respingona era el rasgo más adorable en ambos. No conseguía discernir ningún rasgo que la pequeña pudiera haber sacado de su madre. ¿Y dónde estaba ella? Sabía que no era momento de preguntar, pero sentía curiosidad.

—Gracias por la comida, estaba deliciosa—le dijo Stiles, sacándolo de su contemplación.

—Gracias—añadió la pequeña.

—De nada. Supongo que estaréis cansados, podéis dormir en mi habitación.

En realidad había una habitación libre, pero Peter prefería, por razones que desconocía, que durmieran en su habitación, incluso si apenas la utilizaba. Escuchó constantemente los latidos de sus corazones mientras limpiaba los platos. Primero se relajó el de la pequeña, pero el de Stiles tardó un rato más.

Stiles no podía evitar estar alerta. No comprendía por qué estos hombres lobos estaban tan interesados en ayudarles. Había sentido desinterés y confusión por parte del Hale más joven, pero Peter parecía preocupado y realmente interesado en su bienestar. Aun así, no podía evitar sentirse receloso, la seguridad de su hija era una preocupación constante en su mente.

Derek llegó mientras dormían, cuando ya amanecía. Asintió para indicar que ya había hecho el trabajo y fue a lavarse a su propia habitación.

Peter debería dormir también un rato, pero en ese momento no podía, estaba alerta y sentía curiosidad. Se sentó en el sofá con su portátil y comenzó a investigar sobre hombres oso. Para su sorpresa, tenían muchas diferencias con los hombres lobo, incluso si podían parecer nimiedades. Para empezar no vivían en manada, como mucho en pareja con sus hijos; no tenían una transformación intermedia como los hombres lobo, solo podían ser humanos u osos; y tampoco se veían afectados por la luna. Lo que aún no había descubierto era la forma en que se transformaban. Si no había un alfa que mordiera, ¿cualquiera podría hacerlo? ¿O es que no se transformaban a partir de un mordisco? Tal vez tenían otro ritual o quizá solo podían serlo de nacimiento y de ahí su escasez. Era algo que le tendría que preguntar a Stiles cuando se encontrara mejor.

Durmieron durante casi diez horas. Quién sabe el tiempo que llevaban huyendo, por su aspecto dudaba que fuera solo aquella noche. Ya tenía comida preparada cuando despertaron y tuvo que apartar la mano de Derek varias veces, no había cocinado para él.

Stiles bajó las escaleras con Claudia en brazos y por un momento se sobresaltó al ver a Derek hasta que lo reconoció.

—Gracias por habernos permitido quedarnos—les dijo—. Si conseguimos un coche podemos seguir-

—Ni hablar—le interrumpió Peter—. Podéis quedaros aquí, nosotros os protegeremos. No estáis en condiciones de seguir viajando. Por cierto, os he preparado más comida.

Stiles estaba sorprendido y parecía querer replicar, pero Claudia tiró insistentemente de su jersey, murmurando que tenía hambre. Su padre no pudo resistirse y se sentó en la mesa con ella.

—¿Qué hay de vuestro alfa? ¿Le parecerá bien que estemos aquí?—les preguntó mientras llenaba un plato con comida variada para su hija.

—No habrá ningún problema, estará encantado de poder ayudaros—le aseguró Peter—. Tan solo no le menciones lo que hicimos con esos cazadores, no está muy a favor de matar.

—Pero iban a matarnos—replicó confuso.

—Ya, no importa. De todos modos, no te preocupes, estaréis bien aquí con nosotros. Os protegeremos.

Derek se sorprendió cuando no escuchó ninguna mentira en su corazón al oír a su tío decir aquello.

—Cuando terminéis de desayunar podemos ir a compraros ropa, sobre todo para Claudia.

—No tengo dinero, no he podido-

—No te preocupes, tenemos dinero de sobra—interrumpió de nuevo agitando la mano. Vio la expresión dudosa de Stiles, mirando a su alrededor—. A pesar de lo abandonado que parece este lugar, el edificio entero es de mi sobrino y yo tengo tanto dinero que no podría llegar a gastarlo en toda mi vida, así que no te preocupes por eso.

Derek se acercó a él con el ceño fruncido, sus gruesas cejas juntas en el medio, y le agarró del brazo.

—¿Por qué le has dicho todo eso?—le preguntó con un siseo.

Peter puso los ojos en blanco, estaba bastante seguro de que el hombre oso lo había oído perfectamente.

—Solo quiero que no se preocupen por gastar unos cuantos dólares. Ahora, ¿por qué no vas a comprar algo de vestir para Claudia? No puede salir a la calle así. Cualquier cosa bastará, ya le compraremos ropa buena en el centro comercial.

Derek gruñó, pero se dio media vuelta y salió del loft.

—No queremos ser una molestia—le dijo Stiles, acariciando los cortos cabellos de su hija.

—No lo sois. Hacía tiempo que no tenía la oportunidad de cuidar de alguien y estoy seguro de que vosotros lo merecéis después de lo que habéis sufrido.

Stiles todavía parecía dubitativo, receloso, pero no le culpaba por ello.

Un último regalo


Título: Un último regalo
Fandom: Teen Wolf         Pareja: Stiles Stilinski/Hijo
Autor: KiraH69 
Género: Yaoi, Slash
Clasificación: +18          Advertencias: incesto, lemon, mpreg
Capítulos: 1
Resumen: Después de que Stiles fallara en resucitar a su pareja, descubre que el hechizo ha tenido un efecto secundario, lo ha dejado embarazado.
Continuación de: Algo salió mal
* * * * *

Descubrir que estaba embarazado fue... no lo más raro que había pasado en su vida. No estaba seguro en qué lugar quedaba en la escala de cosas extrañas entre los hombres lobo, las resurrecciones, los zorros milenarios... En fin, no estaba tan traumatizado como esperaba. La reacción de su padre fue algo peor, pero terminó aceptándolo, igual que el resto de la manada, aunque fuera solo porque consiguió sacarlo de su depresión. Su estado había sido tan malo que habían estado vigilándolo constantemente por temor a que intentara suicidarse; sin embargo, tras descubrir el embarazo comenzó a vivir de nuevo, a planear el nacimiento de su hijo y su futuro. Tuvieron que ocultarlo cuando comenzó a notarse, pero después no fue más que otro padre adolescente soltero.
Ian tenía los mismos ojos de Peter y las pecas de Stiles, con rasgos cada vez más parecidos a ambos progenitores según crecía. Era inteligente y travieso, a veces resultaba un reto evitar que se metiera en líos –aunque Stiles tenía experiencia–. Stiles no podía adorarlo más y su hijo lo quería del mismo modo. Stiles trabajaba como ayudante del sheriff por la mañana mientras Ian estudiaba y procuraba pasar toda la tarde con él. Gracias a eso, a pesar de todos los chismes y cotilleos que habían recorrido la ciudad al principio, ahora veían a Stiles como un padre modelo.
Y Stiles también creía ser un buen padre, hasta que llegó a casa y se encontró a su hijo de dieciséis años masturbándose en su cama.
Estaba desnudo, por completo, tumbado boca arriba en su cama de matrimonio –que nunca había compartido con nadie porque para él Peter era el único–. Frotaba su erección con una mano, el presemen goteando por la punta, y dos dedos profundo en su entrada, cubiertos en lubricante. Su piel morena brillaba con sudor, su rostro estaba ruborizado, la boca abierta jadeando. Stiles estaba aturdido. Era sexy y no debería parecérselo porque, dios, era su hijo, pero se parecía tanto a Peter, una versión más joven de él.
—Ngh... Papá...—su gemido le hizo reaccionar.
—¡Madre mía!—cerró la puerta de golpe—. ¡Ian, por dios, ¿qué haces?!
—Ah- Pa-papá... Yo- ah...—le escuchó moverse a toda prisa, la cama crujiendo.
—¡Ian Peter Stilinski! ¡Vístete y baja al salón ahora mismo!—le ordenó.
No esperó, bajó al salón, lamentando no poder cambiarse el uniforme, y se derrumbó sobre el sillón. Ocultó el rostro entre sus manos con un gruñido. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿En qué estaba pensando Ian? ¿Acaso había sido poseído? Lo único bueno de aquello era que el shock había conseguido que su entrepierna se enfriara.
—¿Papá?—le llamó con voz titubeante.
Stiles levantó la cabeza para ver a su hijo (vestido) en el umbral del salón con una expresión arrepentida y avergonzada.
—Siéntate—le ordenó, indicando el sofá—. No estoy enfadado, pero tenemos que hablar.
Ian agachó la cabeza y se sentó en el sofá, moviendo algo incómodo las caderas. Stiles le miró con el ceño fruncido.
—¿Puede saberse a qué ha venido eso? Me parece muy bien que te...—movió las manos alrededor para evitar decirlo—. Eres joven y es sano y todo eso. ¡¿Pero por qué en mi cama?!
—L-lo siento, es que... t-tu olor. P-papá, no sé...—sus ojos estaban húmedos y su voz temblaba.
Stiles no podía soportar verlo así, le rompía el corazón. Se sentó en el sofá a su lado y le rodeó los hombros con un brazo.
—Hey, hey, está bien, tranquilo. Respira hondo y cuéntame lo que pasa—le dio un beso en la frente y frotó su brazo, intentando calmarlo.
—Tu olor... Me han gustado otras personas, pero nadie... nadie me hace sentir esto. No es solo que seas mi padre. Antes sí, era solo eso, pero desde hace un par de años... Dios, papá, tu olor... Mi lobo me dice que eres mío, te quiere a ti, no importa que intente salir con otros, solo te quiere a ti.
—Ian... Oh, por dios...—suspiró y le abrazó más fuerte, sabía lo que eso significaba.
—Lo siento, lo siento, papá, lo siento—ahora estaba llorando y sus palabras eran apenas comprensibles.
—Está bien, tranquilo. Cariño, esto... Dios... Sabes lo que es esto, has leído sobre ello, sabes lo que es.
—Pero... eres mi padre. ¿Cómo es posible?—le miró con expresión desesperada, las lágrimas dejando rastros por sus mejillas sonrojadas.
—Es culpa mía, es... el hechizo. Algún estúpido efecto secundario. Peter era mi pareja y parece que has heredado más de él de lo que pensaba.
—¿Y ahora qué? Nunca... ¿Nunca podré ser feliz con nadie porque mi pareja es mi padre?
Eso dolía tanto. No había nadie más importante para él que su hijo y no podía creer que iba a arruinarle la vida para siempre, jamás se lo perdonaría.
—Buscaré una forma de solucionarlo, encontraré algún hechizo para eliminar ese vínculo, para que puedas tenerlo con otra persona. Te lo prometo, solucionaré esto—le aseguró, acariciando su cabeza y dejando que su olor lo tranquilizara.
Stiles pasó días, semanas buscando una forma de eliminar el vínculo, de solucionar aquel maldito efecto secundario. No encontró nada. El ritual que había realizado lo había sacado de un oscuro libro de necromancia y ni siquiera había salido como se suponía. No había ninguna forma segura de eliminar el vínculo de pareja de un hombre lobo, cualquiera de las opciones lo volvería loco por lo menos.
—Papá...—Ian entró en su despacho una noche –las dos de la madrugada– mientras Stiles estaba con el rostro hundido en un libro antiguo y rodeado por montones de bestiarios y libros de magia tras tres días sin dormir.
—Mmh... ¿Qué pasa?—preguntó, restregándose los ojos con las manos. Miró su taza de café, pero estaba vacía.
—He estado pensando en esto...—comenzó algo titubeante.
—Lo-lo solucionaré, encontraré-
—No, no, quería decir... ¿Y si no quiero?—susurró apenas audible.
—¿Qué?—preguntó confuso, su cerebro estaba algo adormilado.
—¿Y si no quiero eliminar el vínculo?—Ian le miró con esos brillantes ojos azules, con algo parecido a esperanza en ellos.
—Qu- ¿Por qué no ibas a querer?—le preguntó frunciendo el ceño, debía de haberse quedado dormido sobre un libro como de costumbre y estaba soñando. Contó discretamente sus dedos, un hábito que no había perdido. Diez.
—Eres mi padre y entiendo lo que eso significaría, pero...—restregó un pie contra el suelo mientras retorcía el borde de su camiseta.
—Espera, espera, no... No tengo la mente lo bastante despierta para esto ahora mismo—sabía lo que seguía y había pensado en ello y se odiaba por ello. No era posible, era del todo ilegal e inmoral. ¡Era su hijo, por dios!
—Lo siento—se apresuró en decir Ian.
—No, no, nada de esto es culpa tuya. Necesito dormir, al menos cinco horas de sueño y mañana hablaremos—cerró el libro que de todos modos no le estaba sirviendo de nada y se levantó. Se dirigió a la puerta pasando junto a su hijo y acarició su nuca como siempre lo hacía sin pensarlo. Ian se estremeció y se le escapó un leve gemido. Stiles contuvo una maldición y se metió a toda prisa en su habitación. Su hijo era demasiado adorable. ¿De quién demonios habría sacado eso? Se echó en la cama sin tan siquiera abrirla y se quedó dormido de inmediato.
Cuando despertó, estaba cubierto por una manta e Ian estaba tumbado a su lado, abrazado a él con el rostro oculto en su cuello. Era algo familiar, no en los últimos meses, pero sí cuando era más pequeño. Era un hombre lobo y el contacto físico era más importante que para un humano y la manada no era suficiente, ellos no sabían siquiera cómo ser manada. Lo que ya no era tan habitual era la erección que presionaba insistentemente contra su muslo. Stiles no sabía qué hacer, no quería despertarlo y hacerle sentir aún más culpable por lo que le sucedía. Ian no tenía la culpa, era solamente suya.
Entonces, el chico comenzó a mover sus caderas. Con un brazo rodeando firmemente el torso de su padre, Ian se restregó contra él mientras aún estaba dormido, inspirando profundamente en su cuello. Stiles miró al techo y se cubrió la frente con su mano libre. Tenía que detenerlo, sabía que era lo correcto, que era lo que un buen padre haría. Y, entonces, ¿por qué no lo hacía? Ian se parecía tanto a Peter y al mismo tiempo era una persona completamente diferente. No podía explicarlo, pero quería a su hijo como no había querido jamás a nadie y él también podía sentir ese vínculo más allá del de padre e hijo.
Ian se corrió con un gemido y se relajó en los brazos de su padre. Stiles, por su parte, se había puesto duro y sentía calor por todo su cuerpo. Esto estaba terriblemente mal, Stiles lo sabía, pero también sabía que nadie querría más y cuidaría mejor de su hijo que él mismo. Si esto era lo que Ian quería, entonces Stiles lo aceptaría. Quizá este era el último regalo de Peter.

Zombis


Título: Zombis
Fandom: The Walking Dead         Pareja: Daryl x Carl
Autor: KiraH69 
Género: Yaoi, Slash
Clasificación: TP          Advertencias: ninguna
Capítulos: 1
Resumen: ¿Por qué nunca los llamamos zombis?

Yugular


Título: Yugular
Fandom: Sherlock         Pareja: Sherlock Holmes x John Watson
Autor: KiraH69 
Género: Yaoi, Slash
Clasificación: +14          Advertencias: soft lemon
Capítulos: 1
Resumen: Solo un experimento. O quizá no.

Xenofilia


Título: Xenofilia
Fandom: Teen Wolf         Pareja: Peter Hale x Stiles Stilinski (Steter)
Autor: KiraH69 
Género: Yaoi, Slash
Clasificación: TP          Advertencias: ninguna
Capítulos: 1
Resumen: Stiles quiere saber todo lo posible sobre la cultura de los hombres lobo para su bestiario, y si tiene otras intenciones secundarias... eso es cosa suya.